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El millonario autor de "El Código Da Vinci" destinará una buena cantidad de su dinero a digitalizar estas obras fundamentales en la historia de las ciencias ocultas

Dan Brown es un nombre ampliamente conocido en nuestra época. Hace unos años, su fama despuntó con la publicación de El código da Vinci, una novela que, grosso modo, retomó la idea sostenida ya desde tiempos medievales a propósito de un posible linaje de Jesucristo, quien según cierta tradición apócrifa procreó un hijo con María Magdalena, mismo que estaría simbolizado en el santo grial que José de Arimatea llevó de Jerusalén a la Gran Bretaña después de la muerte de Jesús. Una versión de la leyenda asegura que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo en el grial, pero otra considera esto en sentido figurado y señala que el grial sería más bien el hijo de Jesús.

Brown mezcló esta historia con otros elementos de suspenso y conjura y escribió un thriller que se vendió por millones en todo el mundo. El título se debe a que en la historia las obras de Leonardo da Vinci tienen un lugar capital, pues portan ciertos mensajes codificados que, a manera de pistas, conducen a la verdad sobre Jesús, su descendencia y el desarrollo de la Iglesia Católica.

Como vemos, Brown no es del todo ajeno a cierta literatura que podríamos calificar como esotérica. Motivos como los caballeros templarios, el priorato de Sion o la secuencia de Fibonacci también figuran en sus obras, lo cual también habla de su conocimiento en estas materias.

Así, no es del todo casual un anuncio hecho recientemente por el autor sobre su intención de digitalizar y poner en circulación pública el archivo hermético de la Ritman Library, donde el mismo Brown realizó buena parte de su investigación esotérica.

 

1. Corpus Hermeticum (1472)

La compilación que recoge los textos atribuidos al misterioso Hermes Trismegisto, padre de la alquimia vinculado con el dios egipcio Toth y con otras figuras históricas y metahistóricas. La versión comúnmente establecida del Corpus Hermeticum consta de 18 tratados sobre las diversas materias de la filosofía hermética, teología y la filosofía que sirve como base de la alquimia y la astrología, entre ellos se destaca la comsogonía del Poimandres, un libro que tiene parecidos con el Génesis y el Timeo de Platón. El texto fue dado a conocer a Occidente luego de que fuera salvado por la corte florentina de los Medici, procedente de Bizancio, donde se salvó de la destrucción y la ruina. Tan pronto como llegó, Marsilio Ficino detuvo la traducción de las obras de Platón para emprender la del Corpus.

 

2. La obra completa de Jakob Böhme (1575-1624)

Teólogo, alquimista, místico: Jakob Böhme es uno de los personajes más enigmáticos de del barroco alemán. Su nombre está unido a la polémica por Aurora, un libro nunca completado en donde expuso ideas religiosas (sobre el alma, la naturaleza divina o la encarnación de Jesús) que en su tiempo se consideraron heréticas y dignas de la hoguera. Por lo demás, su obra fue amplia, rica en misterios e influencias de sociedades secretas como los Rosacruces o filosofías poco conocidas por el gran público, como la cábala. La historia de Böhme es especialmente fascinante ya que siendo un humilde zapatero, empezó a instruirse en ocultismo y filosofía esotérica (particularmente en la obra de Paracelso) después de vivir una visión mística, una teofanía revelada en un rayo de luz, una experiencia que quizás tenga parangón con la experiencia que vivió Philip K. Dick, tema de su monumental Exégesis. 

 

3. Spaccio de la bestia trionfante, Giordano Bruno (1584)

Uno de los textos más peculiares en la bibliografía de Bruno, publicado originalmente en Londres y en el cual se sirve del diálogo entre tres personajes (Sofía, la sabiduría; Mercurio, el astuto mensajero de los dioses, y Saulino, un personaje fantástico) para refutar las ideas de la reforma protestante de Lutero concernientes a la mutación de la materia, el fin de la virtud o los medios del intelecto.

 

4. La primera versión impresa del "Árbol de la vida" (1516)

En la tradición cabalística, el "Árbol de la vida" es la disposición gráfica de las diez virtudes o emanaciones de Dios (Sephirot) en forma de tres pilares, con lo cual se quiere decir que la divinidad se infundió a sí misma en la creación y a través de cuyas "escaleras" se muestra el algoritmo mismo del proceso creativo y la restauración de la divinidad. En 1516 se imprimió por vez primera un Árbol de la Vida.

 

5. Una edición del Corán impresa en 1694

Como en el caso anterior, una de las primeras ediciones del Corán que se dio a la imprenta data de 1694, la cual tiene como rasgo distintivo estar en su árabe original.

6. Una copia de la primera traducción del Corán al latín (1542-1543)

Esta traducción fue impresa en Basilea, Suiza.

 

7. Una Biblia coloreada a mano (1568-1573)

En la Edad Media surgió en monasterios y conventos la tradición de elaborar misales, libros de horas, biblias y otros tomos de tipo religioso para el uso de reyes y otros dignatarios de las cortes cristianas de Europa. En general, estas ediciones estaban ricamente adornadas, con filo de oro en sus páginas, grabados delicados y otros ornamentos que ahora nos parecen inimitables. Felipe II de España recibió una Biblia así, coloreada a mano y con traducción del texto a griego, latín, hebreo y caldeo.

 

Dan Brown planea destinar 300 mil euros (poco más de 300 mil dólares) a la digitalización de estas obras, que se encuentran en la Ritman Library de Amsterdam, mismas que estarían disponibles para su consulta gratuita en línea en la primavera de 2017. Junto con ellas se planean digitalizar unos 4,600 textos de alquimia y ocultismo que fueron publicados antes del año 1900.

Mientras tanto recomendamos a los lectores que saben leer inglés que visiten el sitio  sacred-texts.com donde podrán encontrar una amplia gama de textos sagrados y esotéricos, incluyendo el Corpus Hermeticum.

 

También en Pijama Surf: El fascinante significado de "El hombre de Vitruvio" de Leonardo da Vinci

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El "beso de la muerte" es la encarnación simbólica de la unión mística, la cual se vuelve más pura y profunda con la muerte, que elimina lo que no es espíritu y regenera la vida

Todos hemos escuchado del "beso de la muerte", pero pocos realmente sabemos de dónde viene esta idea que podría parecer un oxímoron si sólo se entiende de manera superficial. Quizás la asociamos con alguna película de mafiosos o gangsters o con un cuento de hadas, pero en realidad tiene que ver una profunda tradición mística.

Raimon Arola, experto en simbolismo de la Universitat de Barcelona, hace una formidable labor de rastrear el origen esotérico del "beso de la muerte" o mors osculi, reflexionando a partir de una llamativa estatua en el cementerio del Poble Nou en la que la muerte personificada como la parca, en su figura de esqueleto, va a buscar a un joven y se lo lleva a su reino con un beso. Esta imagen es ya una especie de pathosformel, un arquetipo visual que encierra el simbolismo de la vida después de la muerte. Un beso que nos lleva a "Morir antes de morir, o la muerte como una iniciación religiosa o espiritual", escribe Arola. 

La imagen es llamativa e inquietante, porque en el mundo actual "se ha perdido el conocimiento de los misterios de la muerte y ésta, si es que se tiene en cuenta, es considerada como un acontecimiento terrible y nefasto", dice Arola. La diferencia radical en esta concepción es que "la muerte se presenta como aliado y colaborador. La muerte se ha concentrado en un personaje que refleja, como si fuera un espejo, al propio individuo ante quien se presenta. Una sombra, una oscuridad, un espectro delimitado que se abalanza sobre el ser vivo y lo besa". No sólo es una iniciación religiosa, es una iniciación poética, en esa estrecha liga del espíritu que une al arte con la religión. 

Encontramos en la tradición cabalista y en la alquimia numerosas referencias al "beso de la muerte" en las que se menciona generalmente un beso en la boca, aunque luego existen representaciones de besos más castos como la escultura de Poble Nou. La importancia del beso en la boca es que es así como se transfiere el aliento vital, el hálito o espíritu. Se repite también el proceso cosmogónico que narra el Genésis cuando habla del espíritu de Dios que se posa sobre las aguas para insuflar el aliento o Ruach Elohim. La creación y la muerte no son dos opuestos irreconciliables sino parte de una misma dinámica, de un contínuum que se origina y regresa a la eternidad. Escribe Arola: "Al morir por el beso de Dios, el espíritu del hombre sale por la boca y se une con Él que por unos instantes se ha disfrazado de muerte. En este sentido está escrito en el Talmud: 'La más penosa de las muertes es la del garrote, la más dulce es la del beso [divino]"'. El Zohar se refiere a esto:

Se nos ha enseñado que el besar es la unión de un espíritu [ruah] con otro espíritu, por ello el beso es en la boca, pues la boca es el origen y la fuente del espíritu. Y por eso en el amor, el beso es en la boca y se une espíritu con espíritu, sin haber separación del uno con el otro.

Las palabras (Cantar de los Cantares 1, 2): “Que me bese con los besos de su boca” tienen la siguiente significación: El rey Salomón aspiraba a la unión del mundo superior con el mundo inferior. Y la unión de dos espíritus sólo se realiza a través de un beso; cuando dos personas se besan en la boca, sus espíritus se unen hasta el punto de convertirse en uno. 

El beso religioso de la muerte es como el beso de los amantes, el cual es una prueba de la íntima elección. El devoto es elegido por la divinidad como el amante es elegido por su amado. En el beso se hace un crisol espiritual, un remolino de unión íntima, un cauce de transustanciación. 

 

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