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Siguiendo al maestro Tsongkhapa, exploramos la concepción del orgasmo según el budismo y ese placer inefable que es el estado búdico, que es como un orgasmo perpetuo, luminoso y ubicuo

Por siempre jugando en el sabor del beso del gozo-vacuidad.

Je Tsongkhapa

 

A continuación revisaremos la poética glosa que hace Robert Thurman (padre de la actriz Uma Thurman) de uno de los textos capitales del budismo tántrico del linaje tibetano gelugpa, The Brilliant Illumination of the Lamp of the Five Stages (Rim lnga rab tu gsa/ ba'i sgron me) de Je Tsongkhapa. Como recogiendo cerezas de un campo vasto, nos concentraremos sólo en un aspecto, esto es, un néctar que pueda ser disfrutado por el lector, como introducción al fascinante universo del tantra tibetano. El texto mencionado es el comentario que hace Tsongkhapa a un tantra y en él, entre otras cosas, describe las características que tiene el buda vajradhara, o buda primordial (según los kagyu, Samantabhadra, para los nyingma), el cual es igual al Dharmakaya o cuerpo de la realidad absoluta, también identificado con la vacuidad. Thurman, quien es uno de los traductores más reconocidos de sánscrito y tibetano en Estados Unidos, explica que los budas viven en un estado de éxtasis inconmensurable el cual podemos comparar, desde las limitantes de nuestra conciencia ordinaria, con un perpetuo orgasmo... ese orgasmo búdico no es el placer de la carne, sino la dicha suprema de la vacuidad que se manifiesta como compasión y sabiduría. Todo esto viniendo del mismo Tsongkhapa, quien estaría hablando por experiencia propia, ya que es considerado por la tradición gelugpa como un Buda, un ser completamente realizado. 

Robert Thurman dice, al enlistar las cualidades que tienen los budas vajrdhara según Tsongkhapa, que la segunda de ellas es "el abrazo con la consorte de la sabiduría-intuición (tanto masculino, como femenino)". Esta es la representación tántrica de los diferentes budas con sus consortes, en el yabyum, algo que simboliza, más allá de la unión sexual, la unión del método (upaya, masculino) y la sabiduría (prajna, femenino). Describiendo esta característica del vajradhara ("aquel que posee el vajra", el diamante, el rayo, lo indestructible), Thurman explica la noción que se tiene en el budismo del orgasmo desde una perspectiva que llama "neurobiología budista" y también desde un entendimiento de los símbolos que utiliza el vajrayana (el budismo tántrico). Dice Thurman que el budismo explica el orgasmo como "la disolución de las energías del cuerpo (o vientos vitales) de sus funciones normales en las extremidades, músculos y nervios para concentrarse en el canal central del sistema nervioso, el cual, se dice, va desde la corona de la cabeza hasta la base de la columna y la punta de los órganos genitales. Estas energías llevan consigo gotas endócrinas que producen sensaciones de gozo y las concentran en un poderosa fuerza que hace que la mente se libere de todas sus preocupaciones psíquicas y físicas".

Luego Thurman hace una interesante comparación que nos sitúa en la increíble dimensión de vajradhara. Primero nos dice que las personas ordinarias viven en la muerte su experiencia de liberación de energía mental más poderosa. Esto es quizás lo que suele relatarse en las experiencias cercanas a la muerte como luz blanca, como dicha y visiones divinas, y que ocurre esencialmente cuando la tensión controladora del ego se disuelve. Pero este estado de dicha y liberación a la cual accedemos durante la muerte, es un estado común para los budas, sólo que en su caso es estable y completamente lúcido. Podemos jugar, siguiendo a Thurman, con la idea entonces de que el buda primordial vive perpetuamente en la conciencia gozosa del gran orgasmo, que es como el relámpago liberador de la muerte en el que el cuerpo se disuelve en luz. Esa disolución pura de la conciencia en la luz como su estado base. 

La experiencia de gozo más poderosa de este tipo ocurre en los seres "normales" dominados por el egocentrismo sólo al morir, al tiempo que la energía mental es liberada de las preocupaciones del cuerpo grosero. Esa experiencia se disipa cuando el continuum de mente-energía sutil surge como un cuerpo liminal onírico [el cuerpo del bardo o mundo intermedio]. Este ser intermedio (llamado en sánscrito gandharva) migra en su estado de separación a lo largo de todas las formas de existencia opcionales en este vasto universo alterno. Cuando, eventualmente, el ghandarva se ve atraído por la cópula de un ser masculino y un ser femenino de alguna especie, se derrite en su estado de pasión autoexpansiva y cae en un vientre hacia su siguiente encarnación, etc.

Así entonces, el hecho de que un buda vajradhara esté siempre abrazando a su consorte de sabiduría-intuición indica que esa encarnación no es una encarnación grosera, ordinaria y no gozosa. Significa que es perpetuamente indivisible del gozo de la libertad orgásmica, experimentando la complementariedad masculina-femenina de la completud orgásmica y su satisfacción en todo momento. Esto nos revela que un ser así no es más que la manifestación del gozo-vacuidad que es indivisible de los cuerpos beatíficos de la verdad infinita, en la que cada átomo y cada surgimiento de energía subatómica se experimentan como la liberación orgásmica de la emanación mágica de la creatividad. 

Esto parece sugerir que los budas poseedores del estado diamantino experimentan cada partícula que surge en el universo como un orgasmo que contiene en sí mismo la esencia de la creatividad total del universo. En otra parte de su introducción al texto del lama Tsongkhapa, Thurman describe con cierta licencia poética las características del cuerpo del buda vajradhara como "infinito, intemporal e indivisible" y dice que su cuerpo beatífico "disfruta de tener a toda la realidad como su propio cuerpo, y simultáneamente abarca la conciencia [awareness] de los infinitos otros que sufren por su incapacidad de descubrir su unidad con ese universo. Esta conciencia, automáticamente y sin esfuerzo, se manifiesta como infinitas encarnaciones aparentemente discretas, llamadas emanaciones". Hay que tomar esta descripción con cautela, ya que se parece peligrosamente al tantrismo shivaíta, que hace del universo entero el goce de la conciencia infinita (Shiva) que habita de manera no dual, siendo esta Conciencia la que experimenta toda experiencia... y, sin embargo, viene de uno de los grandes expertos occidentales en el budismo tibetano, gran amigo y estudiante del Dalái Lama, y más aún de su estudio de Tsongkhapa. Dicho eso, no me sorprendería que en el fondo el budismo y el shivaísmo, las dos grandes eclosiones tántricas, encontraran una profunda e inefable comunión. A final de cuentas, la experiencia de la verdad es la misma, las diferencias yacen en la descripción de aquello que es indefinible y en la comunicación de aquello que es inefable. 

Regresando al simbolismo de la cópula tántrica, Thurman aclara que en el vajrayana, del cual algunas personas ajenas dicen que hace de la mujer solamente un vehículo u objeto para la liberación del hombre, en realidad manifiesta ambos principios por igual, y un buda es la manifestación, o la unión en el gozo perfecto, de lo masculino y femenino. Ambos sexos, siendo solamente relativos, encarnan la manifestación de principios superiores: "el [principio] masculino es la compasión universal y el femenino es la sabiduría trascendente; el masculino es el arte de gozo y el femenino es la profunda sabiduría de la vacuidad; o también, el masculino es el cuerpo de la ilusión mágica [el despliegue de las apariencias] y el femenino la transparencia de luz clara de la vacuidad total".

Queda claro que las representaciones que abundan en el tantra tibetano de los budas envueltos en sus consortes no son representaciones literales, son símbolos de estos principios –la sabiduría y la compasión– y quien no logra trascender la literalidad no podrá experimentar tampoco el gozo insustancial, pero infinito, de la vacuidad. Aunque refiriéndose más al tantrismo shivaíta, Andre Padoux definió el tantra como "aquello que pone el deseo al servicio de la liberación". Creo que podemos entender también así el budismo tántrico; a diferencia de los otros vehículos (como el hinayana), el vajrayana admite el deseo, pero sólo y siempre que éste sea conducido hacia la liberación –un fuego se mantiene vivo: el de liberarse–; lo utiliza como la mecha que prende la luz en el Samsara y revela que es el Nirvana.

Twitter del autor: @alepholo

 

 

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