*

X

5 pasos para dividirte en dos y mejorar tu productividad personal según Buckminster Fuller

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/12/2016

Para el visionario arquitecto Bucky Fuller, la productividad depende de una serie de pequeñas operaciones precisas y de tener gran flexibilidad frente a los cambios

A menudo escuchamos aquello de que es necesario dar un “salto al vacío” para hacer un gran cambio en nuestra vida: dejar atrás las seguridades materiales o cognitivas y abrazar con pasión lo desconocido. Aunque sin duda existen momentos en la vida en que todo depende de una simple decisión, la creación de una vida fructífera en términos creativos, vitales, incluso profesionales, no depende únicamente de un salto decisivo, sino de arriesgarse a dar una y otra vez ese salto, a la vez que se aprende de todas las caídas anteriores.

Richard Buckminster Fuller fue un científico prodigioso, diseñador del domo geodésico, además de consumado arquitecto. Pero hubo un periodo en su vida donde todo parecía ir mal: perdió su trabajo como presidente de una constructora, su hija mayor falleció y su segunda hija venía en camino. En cierto momento, Fuller pensó en saltar literalmente al vacío desde el puente sobre el lago Michigan. En ese instante tuvo un momento “eureka”, y decidió que si estaba tan dispuesto a perder la vida, bien podría intentar transformar su vida en un experimento científico del cual poder aprender.

Según Taylor Pearson, lo que Fuller hizo en ese momento fue “dividirse” en dos personas: estaba Bucky Fuller “el científico”, quien trataría su vida a partir de ahora como un experimento científico, y Bucky Fuller “el operador”, que llevaría a cabo todos estos experimentos en el mundo real. El científico transforma la intención en atención a través del agenciamiento, la experiencia subjetiva y la concentración, mientras que el operador lleva a cabo las tareas necesarias para la realización de los objetivos propuestos por el científico. Es como dividirse a uno mismo en dos mitades, las cuales trabajan a su vez en beneficio mutuo.

A continuación resumimos en cinco propuestas las cualidades de la mentalidad científico / operador y sus posibles aplicaciones prácticas para la productividad individual:

1. El error es una forma de aprender

Ver tu vida como un experimento científico es deshacerte de la noción de fracaso. Si te planteas un objetivo a corto o mediano plazo y en el camino ves que algo falla, tu “científico” interno puede llevar a cabo un análisis de qué salió mal y por qué, para que tu “operador” realice los ajustes necesarios en el futuro. En este sentido, los errores sirven para mejorar las hipótesis y los supuestos básicos de lo que queremos hacer (escribir un libro, terminar la tesis, abrir una tienda en línea, etc.), y evitar la frustración de que las cosas no salgan como queremos a la primera.

2. Ten opiniones firmes, pero flexibles

En ocasiones argumentamos a favor de una idea o un proyecto sólo porque es nuestro o porque estamos involucrados en él. Nuestras ideas y proyectos son el resultado de nuestras experiencias subjetivas, pero eso no los hace más reales o verdaderos que los de los demás. El apego hacia los proyectos o ideas en realidad parte del ego, y el ego es un terrible enemigo de la creatividad; si estás dispuesto a cambiar de opinión para aceptar la crítica constructiva y la retroalimentación, seguramente descubrirás cosas que no sabes o no habías considerado dentro de tus propias ideas. Dicho de otro modo, que tu “operador” actúe con determinación mientras tu “científico” toma notas de sus aciertos y errores.

3. Enfatiza tus fuerzas, olvida tus debilidades

Si en la escuela te va mal en Matemáticas, lo más probable es que termines haciendo más exámenes y cursos extra de Matemáticas con el objetivo de “aprobar” la materia. ¿Pero por qué si te va bien en una materia no te dejan hacer más de eso? Desafortunadamente, el sistema educativo tradicional no está diseñado para descubrir y enfatizar los talentos individuales de cada estudiante, sino para homologarlos a todos en una medianía “aprobada” por el sistema educativo. Saber un poco de todo es bueno, pero es más importante conocer y fomentar tus puntos fuertes y buscar ayuda con los débiles. Por ejemplo, si estás haciendo una página web y eres muy bueno para la programación pero no tanto para el diseño gráfico, es mejor aceptarlo y conseguir a alguien que complemente tus fuerzas con las suyas.

4. ¿Qué estás dispuesto a perder?

Cuando lidiamos con recursos limitados (como tiempo, dinero o personal) siempre es bueno hacer un balance estimado de qué podemos perder si todo sale mal. Plantear los peores escenarios posibles no es un ejercicio neurótico de autoconmiseración (aunque puede serlo), sino una estimación responsable de qué panoramas negativos pueden presentarse. Tal vez puedes dedicarle a un proyecto un año de tu vida y una cantidad determinada de dinero, ¿pero qué pasa si después de ese tiempo no alcanzas tus objetivos? No se trata de crisis existenciales, sino de qué estás dispuesto a dar y qué necesitas recibir a cambio de tu esfuerzo / tiempo / dinero, etc. Un panorama así le dará un mejor campo de trabajo a tu científico y a tu operador.

5. Fíjate en el proceso, no en el resultado

Sabemos que puede sonar paradójico decirte que te plantees un objetivo y luego decirte que lo dejes de lado, pero esa parece ser una buena idea cuando hablamos del arte de la productividad personal. Si supieras de antemano que tu plan para este año no va a funcionar, ¿no cambiarías de opinión? La mentalidad científica está basada en la sistematización del proceso, no de los resultados, pues es el proceso el que indica los cambios de dirección, así como lo que explica finalmente que se obtengan o no los resultados esperados. En otras palabras, si haces las cosas igual una y otra vez y no obtienes los resultados que deseas, tal vez necesites replantearte el proceso y aprender de tus errores.

 

 

 

 

El funcionamiento de la mente y la potencia sexual están ligados. Esto es algo que han dicho las tradiciones espirituales desde hace milenios, pero que también han notado a su manera los científicos modernos. Ejemplo de esto es que los fármacos psicotrópicos tienen como efectos secundarios afectar el desempeño sexual. Igualmente las sustancias que son consideradas afrodisíacas suelen afectar el cerebro a nivel de la serotonina, GABA, dopamina y otros neurotransmisores, a la vez que mejoran la memoria o el estado de ánimo. Dos ejemplos muy conocidos de esto son el cacao y el ginkgo biloba (aunque existen muchos más).

El aire que respiramos es lo que mueve la energía en el cuerpo y, a su vez, la conciencia de la respiración puede dirigir a ciertas partes esa energía. Hay una retroalimentación: una buena respiración es necesaria para una buena circulación; y, para poder pensar bien, es necesario que el cerebro, y el organismo en general, se oxigene, que llegue la sangre a donde tiene que llegar. Esto es una forma muy elemental de verlo, desde una concepción fisiológica. Para otras culturas, el aire que respiramos no es sólo la energía o aquello que hace que circule la energía, sino que es energía con una cualidad mental sutil intrínseca (es conciencia-energía). Una forma de verlo es analizando nuestra palabra "alma", que deriva del latín "anima" y que comparte raíz con el griego "ánemos" (viento). El alma es entonces el aire, el viento, el soplo (divino u otro), aquello que anima un cuerpo; pero el alma también es la psique, es decir lo psicológico, el pensamiento, la capacidad autorreflexiva. Algo similar se puede hacer con nuestra palabra "respirar", que comparte raíz con "espíritu".

En las diferentes filosofías religiosas de la India (la gran tierra madre de la religión) existe la noción de que el prana (aire o viento, pero también considerado como el hálito vital, equivalente al qi chino) es el soporte de la mente, y es a través de su manipulación en el cuerpo que se consigue establecer estados de conciencia más puros y elevados, como por ejemplo el estado de la Kundalini en el hinduismo, el cual tendrá su avatar en el tummo (el fuego interno) del budismo tibetano. En general, para realizar toda práctica tántrica, se debe aprender a conducir el prana hacia el canal central, a generar un calor que derrite los nudos y obstrucciones y conseguir fusionar las energías masculinas y femeninas, lo cual, según coinciden tanto los textos budistas como los hinduistas, produce una especie de esencia beatífica que se coagula como un néctar (amrita), cuyas gotas se derraman en el corazón, cual medicina alquímica. Esto es también descrito como la unión sexual interna de Shiva-Shakti o del método (upaya) y la sabiduría (prajna) en el budismo vajrayana. 

Según David Frawley, experto en ayurveda y yoga:

Prana tiene muchos niveles de significado, desde el aliento hasta la energía de la conciencia en sí misma. Prana no sólo es la fuerza vital básica, también es la forma maestra de toda la energía que trabaja al nivel de la mente, cuerpo y vida. En realidad, todo el universo es una manifestación de Prana, que es el poder creativo original. Inlcuso Kundalini-Shakti, el poder serpentino o poder interno que transforma la conciencia, se desarrolla del despertar del Prana. 

Se dice bellamente en la medicina tibetana que el prana (r-lung, en tibetano) "es como un caballo que es montado por la mente" y los nadis o canales son los caminos por donde anda. Y se agrega que el prana es el puente entre el cuerpo y la mente. Garma C.C. Chang escribe en su introducción a los Seis Yogas de Naropa:

Una importante práctica de los yogas tibetanos es llamada "La Identidad entre el Prana y la Mente"... El tantrismo ve el mundo compuesto de elementos y relaciones contrastantes y antitéticas: noumeno y fenómeno, potencialidad y manifestación, razón y emoción, Nirvana y Samsara... Prana y Mente. Cada una de estas dualidades, aunque aparentemente antitética, es, de hecho una unidad indivisible. Si uno puede entender y dominar un miembro de esta díada, automáticamente entiende y domina la otra. Así aquel que comprende que la esencia de la mente es la sabiduría trascendente, al mismo tiempo comprenderá que la esencia del prana es la vitalidad inagotable y la actividad del Buda... Uno de las más importantes aspectos de esta doctrina es 'el carácter recíproco de la mente y el prana'".

La tradición india, que es tan rica en términos específicos para designar conceptos espirituales, tiene una palabra para designar esta identidad prana-mente, prana-jnana (jnana es sabiduría primordial). Allan Wallace escribe en su libro Contemplative Science:

El espacio absoluto de los fenómenos [dharmadatu] es permeado no sólo por la conciencia primordial, sino por la infinita energía vital de esa conciencia (jnana-prana), que tiene la misma naturaleza también que el "cuarto tiempo", una dimensión que trasciende el pasado, el presente y el futuro. Así que el espacio-tiempo relativo, la masa-energía y el cuerpo-mente emergen de esa última simetría del espacio absoluto de los fenómenos: el cuarto tiempo, la conciencia primordial y la energía de la conciencia primordial, todos los cuales son coextensivos y de la misma naturaleza. 

Jampa Mackenzie Stewart en su traducción de La Vida Gampopa, define este jnana-prana como "Energía de sabiduría, viento de sabiduría. Prana es la fuente de todo movimiento, incluyendo el movimiento de la mente. La cualidad de la mente de una persona depende del prana".

En el Abhidharmakosa de Vasubhandu, el filósofo indio a quien le debemos la sistematización del cuerpo de conocimientos budistas, se habla de que la semilla de un nuevo universo es "el viento del Rupadhatu" (uno de los mundos superiores más sutiles). "Los vientos vienen gradualmente y, finalmente, constituyen un remolino de viento; luego emergen todos los receptáculos como hemos descrito antes: un círculo de agua, una esfera de oro, el Monte Meru, etcétera". Podemos pensar en este viento como la energía seminal que hace los mundos y los cuerpos. "Prana esculpe esta gelatinosa masa de extremidades y órganos [que llamamos cuerpo]. Lo hace creando los varios canales o nadis, a través de los cuales puede operar y energizar la materia grosera en los varios tejidos y órganos", dice Frawley. Esto ocurrirá a nivel microcósmico y a nivel macrocósmico, entendiendo que el prana para el hinduismo y el budismo no es lo mismo que el oxígeno, sino que el oxígeno es una manifestación del prana que existe indistinto del espacio. ​

En el prefacio al libro de C. C. Chang sobre los yogas de Naropa, se explica: "Chang es preciso cuando dice que los opuestos son también unidades inseparables y el mejor ejemplo de esto es que el cuerpo-mente humano puede convertirse en el cuerpo de Buda" y que el "gozo sexual puede convertirse en gozo divino". En este texto, como en otros textos tántricos se explica el arte de dirigir y controlar el prana para circular la energía y lograr también retener el semen, lo cual aumenta el placer pero sobre todo permite depurar las vías de circulación de la energía (algo que es común por supuesto también al taoísmo, donde se enfatiza en circular la esencia para regresarla al espíritu y luego al vacío). Para aprender estas técnicas, se advierte en todos estos textos, es necesario tomar un gurú calificado, de otra forma el practicante podrá perderse por meandros ilusorios e incluso afectar su organismo (véase el llamado síndrome Kundalini). Suficiente es decir que la atención plena a la respiración y la práctica de ciertas técnicas de pranayama son vitales tanto para la consecución de un alto desempeño cognitivo, así como la del éxtasis sexual, que, como mencionamos al principio, están más conectados de lo que podría parecer en un principio. El hilo sutil que los conecta es el aliento, el aire que lo mismo puede ser un grito de placer, que una vibración interna de éxtasis, un viento de energía que derrite las obstrucciones de los nadis o incluso la luz del pensamiento y la claridad del conocimiento. Así tenemos una unidad indivisible entre mente y energía (o prana, aliento), dos aspectos de una misma cosa, cuyo despliegue libre o expresión espontánea es el gozo primordial. Es la enseñanza de casi todas las tradiciones esotéricas que la energía es indispensable para poder alcanzar ciertos estados de conciencia, es el soporte sobre el cual la mente revela su naturaleza, la cual es descrita como luminosidad. En muchas tradiciones se dice que el hombre común no puede soportar una visión divina o teofanía, queda fulminado como por un rayo de luz (nadie puede ver a Zeus en su esplendor); pero ¿qué sucedería si el individuo ha hecho ese fulgor su más íntima realidad, si reconoce que el dios no es más que el despliegue de una misma energía-conciencia? Más allá de esta especulación metafísica, recuerda que en cada aire que respiras está la semilla de la inteligencia y la semilla del éxtasis, la luz que se sabe y se saborea a sí misma. 

Twitter del autor: @alepholo