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Peyote: qué es, para qué sirve y cuáles son sus efectos

Por: pijamasurf - 08/10/2016

El peyote o hikuri es una cactácea originaria de México cuyo uso se encuentra documentado desde hace al menos 6 mil años

El peyote (lophophora williamsii) es una cactácea originaria del desierto del norte de México y sur de Estados Unidos cuyas propiedades medicinales y enteógenas han sido ampliamente debatidas, satanizadas, pero también estudiadas y aprovechadas desde hace cientos de años por las naciones huichol y tarahumara, entre muchas otras. Mide unos 12cm de diámetro y su color va del verde oscuro al gris azulado, presentando vellosidades blancas parecidas a plumas de algodón y en ocasiones una flor blanca o rosa que crece en su centro. Su raíz es cónica y se hunde profundamente en la tierra, mientras que el cacto asoma apenas unos pocos centímetros fuera de la tierra.

Lo primero que hay que entender es que el peyote no es una "droga" en el sentido en que el LSD o el MDMA lo son: no fue fabricada en un laboratorio con el objetivo de producir efectos alucinógenos en el organismo; en el mismo sentido, no se ha demostrado que su consumo provoque adicción ni daños en el organismo a largo plazo. Por el contrario, los huicholes (una de las pocas naciones indígenas mexicanas con autorización para consumirlo y transportarlo) lo equiparan a un dios a quien llaman Hikuri, el venado azul, de cuya carne extraen medicina para el cuerpo y el espíritu.

Existe evidencia de que el peyote ha sido utilizado por grupos humanos desde hace casi 6 mil años, aunque los cronistas de Indias también lo describieron profusamente, elogiando sus propiedades medicinales y denostando la "idolatría" que producía en los colonizados, quienes a menudo le ofrecen a los botoncitos de peyote ofrendas de maíz, tabaco e incienso.

Sus aplicaciones medicinales son numerosas: macerado durante 1 semana en alcohol constituye un poderoso remedio para el dolor reumático gracias a su acción analgésica, al igual que para la artritis, el dolor de huesos, las contusiones, magulladuras, e incluso como agente contra el veneno de víbora y alacrán. Su ingesta en forma fresca o seca ayuda también contra el estreñimiento.

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Debido al creciente "turismo mítico" a la zona de Real de Catorce muchos antropólogos, botánicos y sanadores han pedido que por lo menos quienes lo consumen en un contexto no ritual sepan cómo tratar con la planta para prevenir su explotación, pues ésta tarda aproximadamente 15 años en llegar a la madurez. Es necesario cortarla a ras de tierra, de preferencia con una piedra plana encontrada en el lugar (según el ritual) o con un cuchillo, de manera que la profunda raíz siga enterrada y otro botón pueda crecer en su lugar. 

Su uso más extendido (y probablemente menos comprendido) se da en ceremonias religiosas del pueblo huichol (wixárika) que habita en Nayarit, Jalisco y Zacatecas pero que cada año realiza una peregrinación al desierto de Wirikuta en Real de Catorce, estado de San Luis Potosí, que tiene el sentido de una cacería ritual del "venadito". El complejo ritual para recoger y consumir peyote sólo puede ser dirigido por un mara'akame, un chamán que guía la peregrinación, prepara las plantas, narra historias sobre el origen de la humanidad e incluso preside sobre ritos como iniciaciones de otros chamanes y matrimonios. En usos religiosos es necesario "purificarse" antes de consumir hikuri, lo que se hace mediante ayunos, confesiones de los hábitos sexuales y baños rituales. 

En cuanto al consumo en sí cada participante ingiere lo que el cuerpo le dicta, siendo una dosis baja de uno a tres botones y una dosis grande (o "visionaria") a partir de 10 botones. Los efectos psicoactivos se presentan aproximadamente 40 minutos después de la ingesta, que se recomienda llevar a cabo al caer la noche y dura unas 10 horas. Los síntomas físicos pueden incluir hipertermia (aumento de la temperatura corporal), pupilas dilatadas y una gran energía física, y son producidos por los más de 50 alcaloides presentes en la planta, siendo el más potente de ellos la mescalina. El vómito es muy común después de algunas horas y en las costumbres rituales se le conoce como "purga".

Los síntomas psicológicos son un poco más difíciles de describir, aunque están ampliamente documentados. Al ingerirlo incluso en dosis bajas se puede presentar despersonalización, pérdida de la percepción temporal o desaparición del ego, además de alucinaciones visuales, auditivas, gustativas, y en fin, de todo el aparato sensorial. Los "malviajes" pueden producirse pero no ponen directamente en riesgo la vida de la persona (al menos no debido a la ingesta misma), aunque sí pueden ser peligrosos si se está solo en el desierto sin saber qué hacer. A estos episodios los huicholes los llaman "revolcada" o "regaño" y sirven para que la persona conozca aspectos oscuros de sí mismo que, sin embargo, pueden resultar aterradores a causa de la descarga química que tiene lugar en el cuerpo.

Lo más común es que se trate de una experiencia de gran conexión con uno mismo, con la naturaleza y con la vida en general. Se dice que el peyotito es un maestro porque lleva a la conciencia a lugares de su pasado remoto a los que no habría podido ir de otra forma, provocando la sanación de heridas psíquicas hace mucho olvidadas, así como una reconfiguración de los traumas padecidos en la infancia, lo que con mayores investigaciones en contextos clínicos podría ayudar a aliviar el dolor de pacientes de estrés postraumático. De cualquier modo, se trata de una planta de poder que merece todo nuestro respeto y admiración.

Rascacielos verdes: ¿selvas verticales o costosa ilusión del diseño arquitectónico?

Por: pijamasurf - 08/10/2016

Fuera de las fascinantes visualizaciones de los arquitectos futuristas, los rascacielos verdes parecen indicar más problemas para el ambiente que sus improbables soluciones

Imágenes: www.stefanoboeriarchitetti.net

Cuando observamos diseños de aplicación de azoteas o paredes verdes en nuevos proyectos arquitectónicos estamos contemplando la visión que los creadores de estas selvas de concreto esperan vender a los inversionistas y medios de comunicación pero, fuera de su atractivo visual, es difícil pensar que las ciudades del futuro próximo (incluso distante) vayan a tener fachadas de vegetación viva.

El arquitecto italiano Stefano Boeri ha presentado proyectos como "Il bosco verticale" y "La Torre de los Cedros" que incorporan cientos de arbustos y árboles en balcones y patios elevados a distintas alturas, pero los recursos necesarios para dar mantenimiento a semejantes obras superan por mucho los supuestos beneficios ecológicos.

Existen muchos problemas con este tipo de estructuras, que parecen ser la encarnación directa de la palabra "sustentabilidad": además de los sistemas de irrigación, bombas de agua y filtros necesarios para mantener los jardines, está el peso extra que las raíces de los árboles aportarán al edificio, sin contar con que el crecimiento de las mismas es impredecible, y se desarrollan a diferentes velocidades según la especie.

¿Tendrán que sacar los árboles del piso 60 una vez que los vecinos del 59 se quejen de que las raíces están perforando la sala de estar?

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Otro problema es evidente por la misma razón por la que las montañas sólo tienen vegetación en una de sus laderas: el sol y el viento necesarios para la fotosíntesis no llegan de la misma forma a todos los frentes de un edificio; el frío y las corrientes de aire de los pisos más altos también son indicadores de vidas cortas.

El proyecto de Boeri busca ser "una nueva idea de rascacielos donde los árboles y los humanos coexisten", además del "primer ejemplo en el mundo de una torre que enriquece la biodiversidad de plantas y vida salvaje en las ciudades". Utilizar plantas como material de construcción está presente desde los jardines colgantes de Babilonia, una de las maravillas del mundo antiguo; pero no es improbable que los arquitectos de la mítica torre de Babel hubieran ideado pasillos llenos de plantas en su desaforada carrera vertical.

La arquitectura verde podría ser enfocada desde un punto de vista de sustentabilidad y aprovechamiento de materiales de bajo impacto ecológico, además de la incorporación de sistemas verdaderamente ahorradores de recursos, como iluminación natural o aprovechamiento de aguas pluviales; pero las fantasías de rascacielos verdes no parecen factibles más que en los vistosos renders de las revistas de arquitectura.