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Se inunda casa de pastor que afirmaba que los desastres naturales son castigo de Dios contra los homosexuales

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 08/23/2016

Un gentil recordatorio de que Dios, de existir, tendría un irónico sentido del humor

Alegrarse por las desgracias ajenas no es un ejercicio de buen karma, pero muchos vieron un acto de justicia poética al conocer la historia de Tony Perkins. Perkins es presidente del Family Research Council, una asociación abiertamente conservadora y homofóbica, quien una vez afirmó que el huracán Joaquín era un castigo divino por la legalización del matrimonio homosexual, así como otras medidas liberales. Sin embargo, una serie de tormentas en Louisiana, donde vive Perkins, arrasaron con 40 mil hogares, entre ellos su casa.

Otras joyas de la mentalidad de Perkins son celebrar que Uganda “mate a los gays” como esfuerzo por “elevar la conducta moral” y opinar que la alta tasa de suicidios en los jóvenes de la comunidad LGBT se explica porque son conscientes de su “anormalidad”. Perkins tuvo que escapar en una embarcación cuando la inundación empezó a entrar en su casa, en una tormenta de proporciones bíblicas sin duda, que los científicos consideran un efecto del cambio climático.

Pero Perkins se lo toma con filosofía, pues comentó que los cristianos afectados por la inundación estaban a prueba en un “inspirador ejercicio espiritual” y que debían agradecer a Dios por considerarlos “dignos de sufrir por obra suya.” 

Obviamente no celebramos este irónico giro del destino, e incluso si lo interpretamos desde un punto de vista religioso, parece un elocuente testimonio de que Dios, lo divino o simplemente lo impredecible de la naturaleza, desafía el carácter moral de cualquiera de sus autoproclamados voceros.

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Hace algunos años el marketing de diversas compañías tecnológica probablemente infiltró una serie de estudios científicos para promover la idea de que ciertos teléfonos celulares eran un gran accesorio para conseguir más sexo. Si tenías un iPhone, entonces era más probable que ligaras (¿un fálico monolito negro de bolsillo?). La historia del marketing está llena de estas extrañas correlaciones que son casi como operaciones psicológicas con las que se influye en la mente del consumidor (ejemplo de esto son tácticas de relaciones públicas de Ed Bernays como asociar los cigarrillos con la liberación femenina).

Actualmente está idea de que nuestros smartphones nos van a llevar a tener una vida sexual más activa y excitante está siendo seriamente desafiada --si bien algunas aplicaciones para conseguir citas existen solamente a través de los gadgets y el agresivo sexting depende prácticamente de los teléfono móviles. Aunque resulta un poco contradictorio citar ahora un experimento/comercial de Durex (después de la intro), esta marca de condones no se equivoca en la tesis que desdobla en este pequeño reality (en el que, como ocurre ya casi siempre en nuestra realidad mediática, se borran las fronteras entre la publicidad, el entretenimiento y la información noticiosa). En el video se muestran las experiencias de parejas a las que se les confiscaron sus teléfonos en una vacación no sólo romántica sino diseñada con la intención de aumentar el nivel de interacción sexual (aumentando éste proporcionalmente en relación con la disminución de la interacción con los gadgets). A partir de las imágenes, podríamos pensar que dejar sus aparatos parece ser conducente al idilio sexual. 

 

Evidentemente la prueba de Durex no constituye un experimento científico valido, pero creemos que no es necesaria esta legitimación; el sentido común (y otros estudios) nos indican que la tesis expuesta es verdadera. Uno de los participantes en el experimento #DoNotDisturb señala: "generalmente pensamos que somos muy afortunados por tener tanta tecnología, después de esta experiencia no estoy seguro de que lo seamos".

La revista Fast Company cita un estudio en el que 40% de los adultos dijo que tiene menos probabilidades de instigar a su pareja a tener sexo cuando ésta utiliza su smartphone en la cama, y 41% manifestó que ambos suelen utilizar sus smartphones en la cama poniendo atención a sus pantallas y no a su pareja. Otra investiación del año pasado mostró que 71% de las personas en Estados Unidos duermen con o cerca de su teléfono móvil, incluyendo el 3% que duerme con el teléfono literalmente en la mano; 13% lo mantiene en la cama y 55% en su mesa de noche. Asimismo, 35% confesó que lo primero que hace en la mañana es ver su teléfono --así que podría también perturbar la posibilidad del sexo mañanero. Tal vez no sea extraño entonces que cifras recientes muestran que los jóvenes están teniendo menos sexo en Gran Bretaña. Y se vuelve preocupante porque, como ha detectado la psicóloga Sherry Turkle del MIT, los jóvenes cada vez son menos capaces de tener conversaciones no mediadas por sus teléfonos. Turkle sugiere que la tecnología amenaza al arte de la conversación cara a cara. (Evidentemente estas cifras son sólo de un par de países y no pueden ser extrapolables sin matizar; sin embargo, de nuevo apelando al sentido común, es muy probable que hábitos similares de consumo de tecnología estén siendo adoptados en muchos países que de alguna manera siguen un "colonialismo tecnocultural").

El problema de los smartphones es que nos conectan con un mundo abstracto de información permanentemente pero nos desconectan de la experiencia real inmediata --que es donde existe la verdadera sensualidad-- o al menos hacen que la vivamos con menor atención y plenitud, de aquí que no le dediquemos el espectro completo de nuestra capacidad de hacer sentir a otra persona y de sentirla, que solamente percibamos fragmentos.

Esto se exacerba en uno de los problemas identificados por estudios científicos: el hecho de que tantas personas llevan sus smartphones a la cama (o incluso a sus citas románticas). Esto hace que los ritmos del amor puedan ser interrumpidos por los pings, blips, updates y demás estímulos distractores de nuestros aparatos.

Quizá debemos de empezar a notar que los iPhones y otros dispositivos no son realmente sexys (esto es un implante del marketing); lo sexy es ser capaces de percibir con una atención no dividida toda la riqueza de estímulos que genera una persona al comunicarse y responder a ellos sin necesidad de utilizar una herramienta tecnológica, solamente con la espontaneidad y la conectividad de los cuerpos; no huir del presente, que es el único lugar donde la magia del sexo realmente puede ocurrir.