*

X

Los viajes psicoactivos de Nietzsche, experimentos de intoxicación dionisíaca

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/08/2016

Nietzsche exploró las realidades alternas de las drogas bajo inspiración dionisíaca

Friedrich Nietzsche pasará a la historia, entre otras cosas, como el filósofo que logró regresar lo dionisíaco a nuestra cultura y, de manera fiel a este dios de la intoxicación, padeció en carne propia sus extáticos delirios, hasta el punto de caer en una espiral de autodestrucción creativa. Y es que el éxtasis que viene del exceso, que tan alto eleva, también despedaza. En su libro Noumenautics, el filósofo Peter Sjöstedt argumenta que la filosofía de Nietzsche no puede entenderse sin su experimentación con sustancias psicoactivas, las cuales él mismo se prescribía, aparentemente usando de manera taimada su título de doctor... pero en filología:

Nietzsche empezó y terminó su carrera filosófica celebrando al dios griego de la intoxicación, Dionisio. En el período intermedio Nietzsche empezó a autoprescribirse y utilizar frecuentemente drogas que alteraban su mente como opio e hidrato de cloral. Argumento en mi libro que la profunda inspiración de la que Nietzsche habla (en Ecce Homo) es similar al daemon de Sócrates, quizás hoy en día más comúnmente descrita como una alucinación auditiva. El daemon de Nietzsche era Dionisio... Sin estas inspiraciones inducidas por las drogas, dudo que hubiera surgido la poderosa filosofía del último período de Nietzsche.

A la distancia es sumamente difícil decir qué tanto de la vehemencia electrizante de Nietzsche --quien dijo "No soy un hombre, soy dinamita"-- venía de las sustancias con las que alteró su mente, siguiendo el juego báquico de la intoxicación, y cuánto provenía de su propia naturaleza, de su propia pasión, especialmente también porque las drogas que parece haber consumido son sedativos más que estimulantes, si bien son dados a las alucinaciones y a los sueños fantásticos y delirantes. Tal vez una imaginación como la del filósofo pudo haber transformado la adormidera en un profuso fuego alucinatorio (y es que algunos de los fumadores de opio más legendarios lo llamaban "dragón" no sólo por el orientalismo).   

Sjöstedt considera que las drogas fueron capitales en la filosofía de la desmesura, el rapto y la provocación de las costumbres apolíneas que tanto caracterizaron a la filosofía de Nietzsche. El autor comenta que debido a sus migrañas crónicas y sus frecuentes convulsiones Nietzsche tomaba opio, que él mismo se recetaba ya que tenía acceso libre a medicamentos. En una carta a amigos íntimos, el filósofo da un atisbo de la influencia de las drogas:

Mis queridos Lou y Rée... Considérenme, los dos, como un semilunático con una cabeza inflamada que se ha alterado completamente por la larga soledad. A esto, lo que me parece un sensible entendimiento de la naturaleza de las cosas, he llegado después de tomar una enorme dosis de opio --en mi desesperación. Pero en lugar de perder la razón, me parece que he entrado en razón como resultado. 

Sobre el hidrato de cloral, la hermana de Nietzsche reporta que el filósofo lo empezó a tomar regularmente en altas dosis en 1882 después de una influenza. Esta sustancia fue utilizada por el doctor Oliver Sacks en su famoso libro Hallucinations, donde menciona terribles alucinaciones que se produjeron después de tomar hidrato de cloral, incluyendo ver cómo todas las personas en un camión tenían cabezas de huevo con frenéticos ojos de insectos, un café que se volvía morado y el súbito rostro de un elefante. 

Otro "reporte de viaje" indirecto viene de la amiga de Nietzsche, Resa von Schirnhofer, quien en 1884 visitó al filósofo, que había combinado hidrato de cloral con bromato de potasio:

Me contó cómo, cuando cerraba los ojos, veía una profusión de flores fantásticas, entrelazándose y formando espirales, constantemente creciendo y cambiando de forma y color con exótica lujuria, brotando la una de la otra. "Nunca logro descansar", se quejó.

Esto parece ser lo más cercano a una experiencia psicodélica clásica, en la que casi podemos sugerir que Nietzsche tenía visiones internas de fractales. Más allá de la especulación sobre la influencia de las sustancias psicoactivas en su filosofía, lo cual es difícil de calibrar (aunque Sjöstedt le da un papel preponderante), es evidente que el filósofo tenía una alta estima por los estados alterados de conciencia, ya que celebró como una de las características que definirían al Superhombre los estados de conciencia a los que habían accedido místicos como Zoroastro, aquellas manías divinas que venían de Dionisio, dios de la intoxicación pero también de los misterios.  

Nietzsche, fiel a una filosofía que despreciaba toda mesura, parece haber llevado una vida excesiva, de alta intensidad intelectual y emocional, lo cual lo acercó a la tragedia --haciendo así, de su vida, un arte de vida. Esto lo llevó al colapso mental y a una miserable última década de existencia, la cual vivió enfermo bajo el cuidado de su madre y hermana. Era contranatura para Nietzsche atender a las palabras de Sócrates --a quien consideraba monstruoso (y no sólo por la reputación que tenía de ser físicamente muy feo), el filósofo ateniense que alabó siempre las virtudes de la moderación, y tampoco a las de quien fuera su gran ídolo filosófico en la juventud, el filósofo Arthur Schopenhauer, quien escribió:

Por el opio o por el vino podemos incrementar considerablemente nuestros poderes mentales, pero al momento en el que la medida exacta del estímulo se excede el efecto será totalmente opuesto.

Te podría interesar:

Profesor de Harvard reinterpreta el sueño de Chuang Tzu y desaconseja "aceptarte tal como eres"

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/08/2016

Aceptarse a uno mismo suena bien en los manuales de superación personal, pero en realidad esto sería un impedimento para encontrar y reconocer tus propias fallas

Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.

"Aceptarnos tal como somos" es uno de los mayores lugares comunes de la ideología new age pero, según el profesor Michael Puett de la Universidad de Harvard, esto podría impedirte reconocer y mejorar en tus áreas de oportunidad. Puett es especialista en filosofía china, y en una entrevista con Quartz habló de cómo esta ola de autoaceptación en realidad sería negativa para el desarrollo personal, pues para el confucionismo la clave está en aceptar el cambio, incluido el que ocurre en nosotros mismos.

"La presunción común que muchos de nosotros hacemos sobre el ser es que nuestra meta como individuos es buscarnos en el interior, encontrar nuestro verdadero ser, y tratar de ser tan auténticos y leales a nosotros mismos como podamos. Pero esto asume que nuestro ser es estable", afirma.

Y es que la tradición filosófica china destaca el ser más como un producto desordenado de hábitos que se van reproduciendo a lo largo de la vida, y no como una esencia estable que debemos proteger y procurar. Eso que llamamos "personalidad" erróneamente, es el resultado de la recurrencia (o necedad) en ciertos hábitos del carácter; aceptar todas esas pequeñas fallas, como aconsejan los gurús motivacionales, nos impediría superar los hábitos nocivos en pos de unos mejores.

El consejo de Puett es hacer como Chuang Tzu y tratar de promover pequeños cambios cotidianos que nos liberen de los peligros de las identidades fijas e inamovibles; podemos "comenzar utilizando ligeros cambios en el tono de voz, observar a la gente de forma ligeramente distinta. Cuando hacemos esto, nos damos cuenta muy pronto de cómo somos criaturas de hábitos". De ese modo, el sueño de Chuang Tzu nos enseña que el filósofo bien puede cuestionar su "esencia" y preguntarse si realmente es él quien sueña ser una mariposa o si todo lo que conoce no es más que el fugaz sueño de una mariposa.

No se trata de juzgarnos severamente a nosotros mismos, sino de aprender que el ser mismo es cambio: "nuestra noción del ser radical, libre, individual y verdadero al cual siempre debemos ser sinceros y auténticos es de hecho muy poco común en la filosofía". Anclarnos a una noción prestablecida y supuestamente auténtica de "nuestro ser" en realidad nos impide aceptar el cambio como la condición de todo lo existente, de lo cual formamos parte.