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Nuevo estudio muestra que el LSD genera sensaciones de felicidad pero impide que se reconozca el miedo

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 06/02/2016

En un estudio orientado a determinar si el LSD puede ayudar a enfermos a lidiar con enfermedades terminales se obtuvieron interesantes resultados

En medio lo que ya puede llamarse "el renacimiento de la medicina psicodélica", después de décadas de prohibición y tabú, un nuevo estudio publicado en el journal Neuropsychopharmacology y cuyo abstract puede consultarse aquí muestra que el LSD impide el reconocimiento de rostros que reflejan emociones como el miedo o la tristeza, si bien aumenta las sensaciones de "felicidad, confianza, cercanía y empatía emocional".

La investigación fue llevada a cabo administrando dosis de 100μg y 200μg a 20 mujeres y 20 hombres de entre 25 y 65 años que no eran experimentados en el uso de psicodélicos y se analizaron los efectos del LSD en el comportamiento social de los sujetos a través de dos pruebas: Tarea de Reconocimiento Facial de Emociones (FERT por sus siglas en inglés) y el Examen Multifacético de Empatía (MET por sus siglas en inglés).

En el caso de la prueba de reconocimiento facial, los voluntarios exhibieron un impedimento para detectar las expresiones faciales de miedo y tristeza. El reconocimiento de estas emociones está asociado con la activación de la amígadala, parte del sistema límbico del cerebro.

En lo que refiere a la prueba de empatía, los investigadores identificaron un comportamiento prosocial con una clara manifestación de emociones positivas y una capacidad de conexión aumentada. Esto contrasta con la prueba de reconocimiento facial.

Habría que tener cautela en interpretar los resultados, especialmente ya que exhiben, sin tener mayor conocimiento del estudio, una aparente contradicción o al menos una empatía selectiva en la que, bajo los efectos del LSD, los voluntarios aumentan su habilidad y deseo de conectar de manera positiva con otra persona pero a la vez pierden la facultad de identificar el miedo o la tristeza, lo cual podría ocasionar una falta de tacto social y una conducta riesgosa.

Las pruebas fueron realizadas para evaluar el posible uso del LSD en el tratamiento de pacientes con ansiedad ligada a enfermedades terminales. Los investigadores creen que la prueba sugiere que el LSD podría tener una aplicación valiosa para este tipo de casos.

La verdadera música no relaja, de hecho, provoca justamente lo opuesto: nos saca de una supuesta normalidad emocional para llevarnos, involuntariamente, a nuestras pasiones más profundas

Cierta idea más o menos extendida sobre la música clásica asegura que ésta tranquiliza y relaja, una consideración que en cierta forma es muy consistente con una época que rehúye a estados de ánimo que salen de una pretendida “normalidad” o estabilidad del espíritu. En nuestro tiempo las pasiones pretenden ser domesticadas a fuerza de fingimiento, fármacos e incluso dominación, una tendencia que si bien parece ser inherente al pensamiento occidental (Nietzsche denostó con empeño el “autocontrol” que pregonaba la doctrina platónica y que el cristianismo retomó con entusiasmo), ahora parece haber alcanzado una suerte de apogeo anticlimático, pues cuanto más se nos obliga a apegarnos a la neutralidad de las emociones (el “todo está bien”), más parece haber signos o síntomas de que en realidad nada nunca está bien –porque la existencia es por definición eso, una suma incesante de angustia, tristeza, euforia, alegría, arrebatos, frenesí, ardor, enojo y un rico y cuantioso etcétera.

¿La música clásica relaja? La verdad es que no. Slavoj Zizek dice en uno de los dos documentales que protagoniza que con la música siempre tenemos que tener cuidado, o que siempre estamos en riesgo, porque tiene la capacidad de despertar o tocar nuestras emociones más profundas. Zizek señala aquí esa cualidad de la música de dar “cuerpo” o materializar algo que sentimos, para lo cual no tenemos “palabras” o forma de dar expresión pero que, pese a todo, clama por salir. ¿Quien no ha reído o llorado aparentemente de la nada con una canción, una melodía o incluso sólo el fragmento de una pieza? Ese es el poder de la música en todo su esplendor y precisamente esa es la explicación de por qué la música dista mucho de ser tranquilizadora o relajante. La música nos emociona, nos arrebata, y ese es el sello de su autenticidad.

A continuación compartimos algunas piezas ordenadas, con cierta arbitrariedad, en una clasificación por temperamentos. La selección también es veleidosa, acaso porque el propósito de este post es en realidad que cada quien descubra cómo el espectro de sus emociones está ligado indisociablemente a la música que ha preferido a lo largo de su vida.

Melancolía

 

 

Desesperación

 

 

Joie de vivre

 

 

Nostalgia (con cierta inclinación bucólica)

 

 

Dolor por una herida que no cierra (que no es otra más que la vida en sí)

 

 

Dulzura ("th' milk of human kindness")

 

 

Miedo a lo desconocido

 

 

Perder algo valioso y sentir que no se puede hacer nada al respecto

 

 

Sentirse perdido, pero después encontrarse

 

 

¿Quién podría cubrir todo el espectro de las emociones humanas? ¿Y cómo? Si cada cual posee consigo una estela personal, una línea continua que sin embargo reverbera, va de un lado a otro, retorna, da un salto, y llega siempre.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

 

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