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Escrito por el alquimista y masón Dom Antoine-Joseph Pernety, este libro es un excelente recurso para consultar en el estudio de las artes herméticas

 Imagen: Rosarium Philosophorum

El Diccionario Mito-Hermético del alquimista y erudito Dom Antoine-Joseph Pernety en la traducción de Santiago Jubany constituye seguramente el gran referente lexicográfico al cual podemos recurrir los interesados en la alquimia en castellano. En inglés otra excelente opción es el diccionario de Martin Ruland, A Lexicon of Alchemy, escrito originalmente en latín pero traducido al inglés. Otro diccionario importante para estudiantes del esoterismo es el Diccionario de Símbolos de Federico González. La obra en cuestión fue escrita en 1758 por Pernety, quien primero formara parte de una congregación benedictina y luego fundara su propia orden iniciática de corte masónica. En este texto se presentan definiciones puntuales de la mayoría de los términos utilizados por los alquimistas para referirse a los distintos elementos de sus operaciones (metales, minerales, vegetales; matraces, hornos, crisoles, etc.) y a los procesos de esta arte oculta, a la vez que se nos introduce a todo el cosmos de mitos, héroes y conceptos que fueron muy importantes en la configuración de este sistema que es una cámara mágica de resonancias en las que lo práctico se disuelve en lo simbólico en un perfecto tejido analógico.

Nos dice Pernety que "jamás ninguna ciencia tuvo mayor necesidad de un diccionario como la Filosofía Hermética" donde "los nombres bárbaros que allí se encuentran parecen estar vacíos de sentido" y "los términos equívocos, puestos a propósito en casi todas las frases no presentan ningún sentido determinado", ciencia en la que "los mismos autores advierten que no se les ha de entender al pie de la letra, que han dado mil nombres distintos a una misma cosa, que sus obras no son más que un tejido de enigmas, metáforas y alegorías presentadas bajo un velo de términos ambiguos". Y, sin embargo, este palacio secreto del lenguaje que es la alquimia no es arbitrario; consiste del entramado de la "Ciencia que es clave de todas las otras". El alquimista ha llegado a las alturas de la sabiduría por el camino áspero de la disciplina y la dedicación pero también por la bendición de lo divino y por lo tanto no puede más que ofrecer su asistencia a los demás. Pero al haber recibido el arte "a la sombra del misterio" y siendo este misterio parte esencial del trabajo --en donde la preparación de la tierra, la siembra y el nutrimiento de la "planta" es tan importante como el fruto mismo-- tampoco pueden levantar el velo para el vulgo y "abstenerse de escribir misteriosamente". Este es el sentido antiguo de los mitos: eran toda una psicología iniciática o una teología poética (según Marsilio Ficino); el proceso del revelado del enigma en el alma individual era tan importante como la resolución y completamente necesario para llegar a la correcta maduración del entendimiento. 

Pernety se da a la tarea de demostrar que los filósofos que conforman el "gremio de los alquimistas" no eran lunáticos dispares sino que, dentro de la infinidad de nombres y descripciones con los que se referían a su obra, existía una unidad en el sentido más profundo, una misma dirección, una misma ética (lejos de la búsqueda del oro material), una verdadera cofradía del espíritu. Su lenguaje es coherente y congruente y es accesible a todo aquel que esté dispuesto a entregarse al arte, con mente y corazón abiertos (el lector de textos alquímicos debe tener algo de lector de poesía y algo de lector de novelas detectivescas). Al final tal exuberancia verbal, tal profusión metafórica, tal intensidad hermenéutica no es más que reflejo del gran dogma de su arte: que todas las cosas son una sola, la materia está impregnada del espíritu y que todos los metales, vegetales o animales tienen una vocación inexorable hacia el oro (la perfección). Utilizar mil nombres para llamar a la Única cosa es consistente con la realidad del universo, según la visión hermética, que es siempre unidad dentro de la diversidad. En este sentido, este diccionario es como la cola del pavo real que nos permite observar todos los colores de una misma luz. 

El "fruto intelectual", por así decirlo, de estudiar de manera comparativa la alquimia --esta ciencia hija del Sol y la Luna-- es el entendimiento de que el cosmos de los alquimistas está ordenado por la analogía y las correspondencias, en un tejido que no es nunca arbitrario y fortuito; las conexión son simbólicas, poéticas y operativas. Como ocurre en el cielo o como ocurre en el desarrollo embrionario --por el milagro de la Única cosa-- ocurre también en el laboratorio, que es la torre filosófica en la que se adora al rey del universo repitiendo su obra. Estos tres principios, esta trinidad de equivalencias, se ejemplifica en el Mercurio: es un planeta en el cielo, es un metal en el laboratorio (y un principio arquetípico del cosmos) y un hombre y una divinidad, Mercurio o Hermes (el Tres Veces Grande). Entramos aquí a la región de la "divina coincidencia".

Compartimos una pequeña muestra de las entradas del libro en las que se hace manifiesto que no es  sólo para los practicantes, tiene un valor poético también para un público más amplio. 

Corazón: Algunos químicos han dado este nombre al fuego, otros al oro cuando han hablado de metales.

Melancolía: Significa la putrefacción de la materia. Los filósofos también llaman a esta operación "calcinación", "incineración" y "pregnación". Se ha dado este nombre a la materia al negro sin duda porque el color negro tiene algo de triste y porque el humor del cuerpo humano, llamado melancolía, está considerada como una bilis negra y recocida causa de los vapores tristes y lúgubres.

Oro de los filósofos: Cuando dicen "tomad el oro" no quieren decir el oro vulgar, sino la materia fija de la obra en la que su oro vivo está oculto y como aprisionado...

León verde: Materia que los Filósofos químicos emplean para hacer el magisterio de los Sabios; ciertamente es una materia mineral tomada del reino mineral. Es la base de todos los menstruos de los que han hablado los filósofos; es de esta materia que ellos han compuesto su disolvente universal, al que, a continuación, han aguado con las esencias vegetales pata hacer el menstruo vegetal, con esenciales animales para hacer el menstruo vegetal y con esencias mineralas para hacer el menstruo mineral... [Se llama así según el alquimista Ripley] "porque el mercurio que se extrae de esta materia destruye todos los cuerpos y los hace parecidos a sí mismo, como hace el León con los otros animales"... "es por él que todo crece y reverdece en la naturaleza".

 

El Diccionario Mito-Hermético ha sido publicado por Índigo en España y Sincronía Encuentros en México. 

 

 Twitter del autor: @alepholo

Esta es la única biblioteca de la Antigüedad que se mantiene en pie y abierta al público (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 06/29/2016

Luego de 4 años en trabajos de remodelación la madrasa de al-Qarawiyyin, que se encuentra en la ciudad marroquí de Fez, recuperó la dignidad que cientos de años al servicio del saber habían opacado

Las bibliotecas son lugares fascinantes, rodeados de un aura especial que los vuelve atractivos, cautivadores. Ya Carl Sagan, en un elocuente elogio a la cultura escrita, notó cómo los libros son un dispositivo casi mágico sin el cual nuestra evolución sería muy distinta, pues nos permiten tener conocimiento fuera de nuestro cuerpo, son como una extensión de nuestra memoria y nuestro desarrollo civilizatorio. Y hasta donde sabemos, dice Sagan, somos la única especie con un instrumento semejante.

Pero si ya un libro es un objeto portentoso, reunir decenas, cientos o miles de éstos se convierte en una tarea noble y épica, un trabajo como los de Hércules que requiere un enorme amor por la cultura, dedicación, empeño y hasta cierto heroísmo.

De las bibliotecas que se formaron en la Antigüedad sin duda la más famosa es la de Alejandría, consumida por el fuego, pero existe una en pie e incluso en servicio pleno. Se trata de la Biblioteca de al-Qarawiyyin, que se encuentra en la ciudad marroquí de Fez y la cual data del año 859, cuando fue construida como parte de la universidad homónima a instancias de Fátima al-Fihri, una culta y acaudalada mujer, hija de Muhammad Al-Fihri, un rico mercader norafricano, y Mariam, quien apoyó la construcción de la mezquita de Al-Andalus.

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En su época, este centro de saber (que en la cultura islámica recibe el nombre de madrasa) fue uno de los más importantes e influyentes, al grado de que con el tiempo se ganó el patrocinio de poderosos sultanes. Maimónides, el filósofo de origen judío autor de la Guía de los perplejos (también traducida como Guía de los descarriados) estudió ahí.

Su decadencia comenzó sólo hasta inicios del siglo XX, en especial durante el período en que Marruecos fue protectorado de Francia. En estos años, las familias ricas del país preferían enviar a sus hijos a estudiar a capitales occidentales como París o Londres, lo cual, aunado al descuido con que las autoridades francesas trataron a la madrasa de al-Qarawiyyin, condujo a su declive.

Hace unos años, sin embargo, el gobierno de Marruecos obtuvo una subvención del Banco Árabe de Kuwait destinada a la recuperación de la biblioteca y otras áreas de al-Qarawiyyin. El arquitecto canadiense de origen marroquí Aziza Chaouni, nacido en Fez, fue el encargado de dirigir la remodelación del recinto y devolverle así su antigua dignidad, jamás perdida pero sí empolvada por el paso del tiempo y los cambios de la historia.

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El reto, en este sentido, no era traer a la luz un “cadáver embalsamado”, según describió el propio Chaouni, sino hacer conjugar el pasado con el presente, encontrar el punto común entre la herencia y las necesidades de un usuario contemporáneo, lustrar la historia pero también darle practicidad al lugar. Y además de todo esto, no perder de vista la presencia misma de la ciudad de Fez, su entorno, la Medina en la que está enclavada (considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO). La tarea no era sencilla, lo cual quizá determinó que el resultado fuera admirable.

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¿Pero qué más podía merecer la biblioteca más antigua del mundo, con más de 10 siglos en pie y en funciones?

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