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El "Manual para Viajeros en LSD": consejos para psiconautas responsables

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 06/09/2016

Se trata de "un cóctel de lisergia que mezcla consejos, datos científicos, relatos de viajes personales y prácticas enfocadas en la disminución de riesgos para los psiconautas"

Históricamente el LSD, sobre todo desde hace poco más de medio siglo, se consagró como una especie de catalizador de la conciencia humana. Hoy, millones de personas han tenido una o múltiples experiencias con esta sustancia, y de alguna forma el ácido lisérgico forma ya parte del imaginario colectivo, es un ingrediente más de nuestra realidad –aunque, paradójicamente, uno que en muchos casos puede ayudarnos a trascender los límites tradicionales de lo que llamamos real.

En buena medida orillados por la larga prohibición, el uso de LSD generalmente se da de manera libre, en las llanuras, con personas que sienten una especie de llamado y se arrojan al vacío lisérgico ("Así es como se hace la magia. Se hace dejándote caer en el abismo y descubrir que es una cama de plumas", diría Terence McKenna). El problema es que en muchos casos existe una gran desinformación respecto a esta sustancia, a su potencial y a los riesgos que, como cualquier otra cosa en la vida, conlleva consumirla.

Consumir una sustancia, sea esta alcohol, tabaco, LSD o pizza, es una decisión que lleva implícita una responsabilidad. Y para hacerlo responsablemente es fundamental estar bien informados sobre la sustancia en cuestión. Por eso, en el caso del LSD, celebramos el lanzamiento del Manual para Viajeros en LSD. Se trata de un eBook mediante el cual su autor busca compartir su experiencia como psiconauta lisérgico "para dar respuesta al peor mal asociado al consumo de sustancias psicotrópicas... la desinformación".

Firmado por una entidad que se hace llamar "lisérgicos", este Manual para Viajeros en LSD es, en palabras de su autor, "un cóctel de lisergia que mezcla consejos, datos científicos, relatos de viajes personales y prácticas enfocadas en la disminución de riesgos para los psiconautas". 

En una charla que sostuvimos con él, tuvimos oportunidad de plantearle algunas preguntas que a continuación te compartimos:

 

¿Por qué la desinformación es el peor mal asociado al consumo de psicoactivos?

R: Imaginemos que tienes 18 años, has fumado ocasionalmente hierba y decides consumir LSD en una fiesta el próximo sábado. El hecho de que el consumo de sustancias psicoactivas sea un tabú, hace que tengas un temor natural de consultar abiertamente, en tu escuela o con tus padres, acerca de cómo hacerlo del modo más seguro posible. En vez de consultarlo, construyes entonces tu conocimiento acerca del uso de LSD como un rompecabezas en el que las piezas son: una respuesta en un foro de Taringa, los comentarios de un amigo de un primo que usó LSD en los 90 y las "muy confiables palabras" de tu dealer de hierba. Esto está sucediendo una y otra vez en cada barrio mientras lees esto y el resultado tiende a ser desastroso en muchas oportunidades.

Cada vez que llega un joven con una córnea lastimada debido a que "coló por el ojo porque pegaba más duro", o un adulto desmayado a la sala de emergencias porque mezcló Sildenafil con popper para "coger toda la noche", sabemos que todo esto puede evitarse con una sola cosa... Información.

  

¿Cómo remediarlo?

R: La parte cómica de todo esto, es que remediarlo no es muy complejo, de hecho, requiere un esfuerzo infinitamente menor que el desplegado en la terriblemente costosa e ineficiente guerra contra las drogas. Se trata de comunicar; de crear y replicar masivamente información confiable y oportuna. Es aceptar que "dile no a las drogas" es una frase hueca que muy poco está haciendo hoy por nuestros jóvenes, sobre todo por aquellos que ya dijeron "sí" y requieren: soportes, herramientas, guías... en resumen, más información para su cuidado. 

Lógicamente, el estadio ideal sería que el Estado generara políticas que fomenten la educación para las drogas. Sin embargo, como en Latinoamérica aún estamos un tanto lejos de eso, somos nosotros los mismos usuarios que debemos organizarnos y aprender a comunicar. Debemos ser astutos y conseguir aliados como esta plataforma digital que nos permita llegar a cada psiconauta, debemos empeñarnos y escribir nuestros propios libros e imprimirlos en Amazon. Se trata de no esperar pasivamente y apropiarnos de la comunicación en el tema de las drogas.

 

5 recomendaciones para los usuarios que consuman o tengan pensado consumir LSD:

1. Lee. Si la desinformación es entonces el peor mal asociado al consumo de psicoactivos, lo primero que debe hacer quien planee utilizar LSD, es documentarse acerca de la sustancia: efectos, tiempo de acción, potenciales riesgos (toda sustancia los tiene). 

2. Asegúrate de estar consumiendo LSD. Especialmente en los países latinoamericanos, cada vez es más difícil conseguir LSD en las calles. Los imitadores sintéticos como el NBOMe inundan el mercado negro de psicoactivos.

En algunos lugares tenemos la fortuna de contar con organizaciones que realizan análisis de sustancias ilícitas para disminuir los riesgos asociados a su consumo, tal es el caso de Échele Cabeza en Colombia, o Energy Control en España. Si desafortunadamente no tienes a uno como estos cerca, puedes conseguir a través de Amazon (ya van a pensar que le estoy haciendo publicidad al portal) los reactivos necesarios para hacer tú mismo pruebas químicas a lo que te estás metiendo. Estos reactivos son baratos, confiables, y lícitos.

3. Cuidado con las mezclas. Si bien la toxicidad de la dosis media de LSD es inferior a la toxicidad de la dosis media de cafeína, la interacción del ácido con otras sustancias puede generar nuevos riesgos psíquicos y físicos. Por ejemplo, si utilizas antidepresivos tricíclicos o litio, los efectos del LSD pueden incrementarse exponencialmente. Verifica qué medicamentos estás consumiendo hoy y consulta cuáles son los efectos del LSD al interactuar con éstos.

4. Trágalo. Por favor, no creas más historias acerca de que "el ácido pega más por el ojo", la vía de administración no afecta de modo significativo la intensidad de los efectos de la sustancia, sólo determina el tiempo en el que el viaje inicia. Es bastante tonto poner en riesgo tu córnea por ganar unos minutos. 

5. Viaja sano. El LSD es un amplificador de emociones y sensaciones. Así como los colores del entorno podrán maravillarte por su marcado esplendor, cada sensación de tu cuerpo, sea placentera o displacentera, podrá potenciarse infinitamente. Un pequeño dolor de muelas o una bronca con tu novia pueden convertirse en la peor pesadilla durante el viaje. Evalúa tu estado emocional y físico antes de la experiencia psicodélica y si no te sientes en perfectas condiciones, posterga el viaje.

 

Lecturas recomendadas para psiconautas (además de MPV)

R: Sin duda alguna: The doors of the perception, de Aldous Huxley. LSD, my problem child, de Albert Hofmann. PIHKAL: A Chemical Love Story y TIHKAL: The Continuation, ambos de Alexander Shulgin.

 

 
El Manual para Viajeros en LSD será lanzado este próximo 10 de junio y será distribuido vía Amazon.com.
 
Más información: @lisergicos
Existe una tenue línea entre una experiencia mística y una alucinación, pero por suerte tenemos un recurso para orientarnos en las profundas y a veces espectrales aguas de la conciencia

La mente es en verdad, como dice la frase, un excelente sirviente pero un terrible amo y con suma facilidad puede construir los más intrincados laberintos, o hacer un cielo o un infierno de un momento mayormente neutro. Esto es algo que ocurre en la cotidianidad como una consecuencia no del todo inusual de absorber dogmas y formas de ver el mundo, de recoger hábitos, opiniones y creencias a la vez que nuestra mente está sujeta a estrés, presión y en general a una inestabilidad que afecta la percepción (se ha dicho, y me parece acertado, que sólo una mente tranquila puede percibir las cosas tal como son). Si la propia naturaleza de la mente conlleva este riesgo, esto se vuelve aún más delicado cuando uno se aventura a estados alterados de conciencia, ya sea utilizando drogas psicodélicas, ejercicios de yoga o meditación o demás "tecnologías del éxtasis". En estos casos lo que se suele buscar es refinar la percepción para establecer un conocimiento de lo que subyace al mundo de las apariencias y entrar en un estado de identidad o gnosis con la realidad. Sin embargo, cuando estas prácticas --que quieren ser la medicina-- no se llevan con el debido aprendizaje gradual, bajo una guía calificada, con naturalidad y dentro de un contexto adecuado (el famoso set and setting, las prácticas de purificación) rápidamente pueden convertirse en una distorsión más, en un embotamiento y desatar un caudal de fantasías, complejos y alucinaciones --el remedio si no se toma bajo las condiciones exactas se vuelve un veneno. Sobre esto el filósofo Manly P. Hall explica:

No hay nada más peligroso para el crecimiento natural que las alucinaciones, ya que se manifiestan como una especie de experiencia vivida y el individuo tiende a darle más importancia a aquello que le ocurre a él mismo, por lo cual también él mismo se engaña más fácil de lo que lo engaña otra persona... y si este engaño lo hace avanzar en dirección de algo que le interesa o gratifica una de sus ambiciones es muy fácil que se convierta en víctima de sus alucinaciones. 

El "buscador" de experiencias espirituales o estados alterados de conciencia muchas veces se acerca a estas disciplinas o a estas sustancias con un ansia y una avidez que fácilmente le provocan sensaciones --ve luces, se encuentra con coincidencias significativas, escucha voces, las cuales fácilmente puede confundir con verdaderas epifanías y hasta teofanías y así considerar que ha vivido algo extraordinario y milagroso, todo lo cual sirve también para reafirmar su ego (el ego de ser una persona espiritual). Como sabemos esta predisposición del cerebro es una configuración inicial que suele sesgar el "experimento" y que, por la propia potencia creativa del cerebro, le hace encontrar significado en el caos o ver reflejado sus deseos en el mundo "objetivo", así confirmando en el mundo externo los extraordinarios resultados que ansiaba internamente.

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¿Es Dios, es Alan Moore, es una morsa fractal escarabajo gigante?

El problema aquí es que no existe una metodología muy clara para clasificar las visiones que ocurren en este tipo de estados de conciencia, ya sean alterados o simplemente más agudos; podríamos ser reduccionistas y tomar partido con la ciencia materialista más dura que simplemente todo lo mete en la misma canasta: todo es un fenómeno neuroquímico y puede explicarse por la activación de ciertas neuronas o por la desconexión de ciertas regiones del cerebro, las cuales alteran nuestra percepción ordinaria produciendo algo que a falta de mejor término puede designarse como una alucinación ya que dentro del modelo científico no es posible que se perciban mundos sutiles, entidades espirituales o se tengan fenómenos psi, como la telepatía o la clarividencia (esto es llevado al extremo por la neuroteología que explica todos los fenómenos religiosos  que ha experimentado el ser humano como perturbaciones del lóbulo temporal). Sobra decir que el término alucinación de entrada es problemático ya que la percepción ordinaria es en sí misma una reconstrucción de la realidad filtrada por todo el cúmulo de experiencias y conceptos que constituyen nuestra subjetividad. Mucho ha discutido la filosofía si realmente podemos percibir las cosas en sí mismas; sería demasiado largo debatir esto aquí. Sin embargo, apelaremos a algo así como un sentido común y a una tradición de místicos como Paracelso, Swedenborg, Buda, Pitágoras y muchos más, cuya vida y obra es congruente con sus experiencias místicas. Lo que nos interesa no es hacer ciencia sino que se produzca un entendimiento subjetivo de este fenómeno, más ligado a una experiencia y a un conocimiento práctico que produce una transformación en el individuo. Tomamos una posición de apertura ante la posibilidad de entrar en contacto con lo numinoso, siendo que algunas de las grandes mentes en la historia de la humanidad han reportado tener experiencias de este tipo, y preferimos al menos darles el beneficio de la duda y considerar que lo místico --que podemos definir como la experiencia directa de lo sagrado o divino a través de la cual se accede a una verdad-- es algo que ocurre, que es posible, si bien es infrecuente, de la misma manera que las personas extraordinarias, las grandes sensibilidades aparecen también de manera poco común (pero no así los charlatanes). Nos dice Manly P. Hall  que:

los grandes místicos y más tarde el psicólogo William James han apuntado a que existe una tenue línea entre las experiencias místicas y las alucinaciones, la mera imaginación y la variada estimulación por medios artificiales de las facultades emocionales del individuo, y es sumamente difícil, incluso actualmente, distinguir el seudomisticismo del verdadero misticismo.

Sabiendo que es casi imposible establecer un consenso que nos diga qué visión es real y cuál es una alucinación o un error perceptual, pero a la vez reconociendo la importancia de poder establecer un mapa que nos permita navegar estas dimensiones de manera un poco más segura --ya que siempre existirán psiconautas y personas inclinadas al misticismo, por más de que vivamos en épocas oscuras, hacemos mención aquí de un criterio de distinción que puede resultar muy valioso para  quien se aventura a los mundos alternos de la percepción. La idea viene del filósofo Manly P. Hall, quien dedicó buena parte de su vida a orientar a personas que sentían curiosidad metafísica y prevenirlos del fácil encuentro con gurús que prometían iluminación en una sesión o que se inclinaban hacia los superficiales entramados de la literatura new age. Hall era partidario de retomar a los clásicos de la filosofía y el ocultismo para poder desarrollar una capacidad de discernimiento como un blindaje al exponerse a maestros y sistemas novedosos de superación personal o transformación espiritual. Y cuando se trataba de determinar si una persona había tenido realmente una experiencia espiritual, o una visión mística, Hall creía que el mejor termómetro, más allá de la naturaleza de la visión, era observar los cambios que ocurrían en la vida de esa persona. Dejemos que él mismo explique:

El misticismo desde su origen estaba asociado con la idea de que una cierta forma de vida producía un cierto resultado...

Regresamos al concepto original enseñado en el Oriente por el Buda y en Occidente por Plotino, esto es, que el misticismo tiene que ser un efecto cuya causa debe ser igual al efecto producido; la causa del misticismo no es sólo tener buenos deseos o la estimulación tecnológica o farmacéutica de facultades extrasensoriales, el misticismo es una cierta adaptación de la conciencia humana en conformidad con las leyes de la existencia universal, por ello todo el verdadero misticismo empieza como una forma de vida, como una dedicación... no puede surgir en una condición distinta a sí mismo.

Lo anterior está fundamentado en la noción esencial y completamente racional de la ley de la causalidad o del mérito (y en cierta forma también del karma). "No hay atajo a Dios", dijo en repetidas ocasiones Hall y por lo mismo no se puede esperar que una persona que no tiene méritos en su práctica personal tenga visiones muy refinadas. Y lo mismo aplica  en el caso de una persona que aparentemente alcanza un estado de conciencia muy alto tomando una droga psicodélica. Y es que, ¿cuál es el valor de percibir que el universo entero no es más que luz y conciencia en un juego infinito de energía creativa (o algo similar) en un viaje de ayahuasca, si al siguiente día seguimos haciendo lo mismo que hacíamos antes, víctimas de nuestras emociones, de nuestra desidia, de nuestro desencanto o de cualquier cosa --y no somos esa conciencia que vimos? Podemos agregar también que el significado de la experiencia mística no está en si nos muestra esta o esta otra visión particular sino en el cambio que produce en la conciencia del individuo que la experimenta: alguien puede ver el merkabah que vio el profeta Ezekiel, puede ver un OVNI o simplemente tener una sensación muy fuerte e inefable en su corazón. Y todo esto puede ser la misma visión, la misma experiencia, la misma transmisión en esencia. De nuevo Hall:

No negamos que un individuo sin el desarrollo de su vida moral o cultural puede bajo ciertas condiciones [como tomando una sustancia psicodélica] tener experiencias que trascienden sus funciones ordinarias, sin embargo surge la pregunta de si estas experiencias son realmente valiosas e importantes y producen una transformación positiva. [...]

El misticismo [debe proceder de manera] natural y gradual, sin especial tensión y esfuerzo, no deseado demasiado... es un estado de evolución natural de la conciencia, la consecuencia inevitable de causas adecuadas [...]

El individuo moderno está convencido de que puede obtener ciertos poderes sin importar lo que es y que para ello existen ciertos trucos, fórmulas científicas, ciertas drogas, o alguna técnica especializada para obtener una extensión de una facultad por encima de un sistema de mérito, esto es una terrible fantasía.[...]

Sólo hay una verdadera guía, esto es, que el misticismo representa un crecimiento natural por lo que debe ser revelado de la mano de un nivel de integración completo en un estado de crecimiento espiritual, tal integración lleva necesariamente hacia una reforma gradual de la actitud que se tiene ante la vida. 

Así tenemos un protocolo muy sencillo que aunque no sea científico creo que tiene una base ética muy sólida y esto es lo que se necesita cuando se entra en estos terrenos de la mente. Coincido con el gran traductor francés de los textos de la tradición sufí, Henry Corbin, quien estudiando las visiones místicas de los grandes filósofos de esta tradición consideró que realmente la imaginación era un mundo en sí mismo --el mundus imaginalis-- y que tenía su propia geografía, su propia realidad más allá de la elucubración de una mente fantasiosa. Pero, como demuestran estos grandes místicos, para acceder a estos paraísos imaginales es necesario llevar una vida conducente, seguir las enseñanzas de aquellos que han viajado a estos mundos antes, obedecer ciertas leyes que operan en la dimensión de la psique e incluso construir un vehículo, un cuerpo sutil que permite serenar las oscilaciones e infirmezas de la conciencia para emprender un vuelo que logre llegar a su destino. Como enseñan la mayoría de estas tradiciones la verdadera sabiduría es un acto esencialmente místico, una comunión: nos convertimos en aquello que conocemos y por ello sólo podemos conocer aquello con lo cual hemos establecido una afinidad esencial. Sólo el hombre sincero puede acceder a la verdad, "el inicio de la práctica del misticismo es la honestidad", dice Hall. 

 

Twitter del autor: @alepholo