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Los smartphones y la hiperconectividad, ¿los culpables de que no conectes sexualmente en la vida real?

Hace algunos años el marketing de diversas compañías tecnológica probablemente infiltró una serie de estudios científicos para promover la idea de que ciertos teléfonos celulares eran un gran accesorio para conseguir más sexo. Si tenías un iPhone, entonces era más probable que ligaras (¿un fálico monolito negro de bolsillo?). La historia del marketing está llena de estas extrañas correlaciones que son casi como operaciones psicológicas con las que se influye en la mente del consumidor (ejemplo de esto son tácticas de relaciones públicas de Ed Bernays como asociar los cigarrillos con la liberación femenina).

Actualmente está idea de que nuestros smartphones nos van a llevar a tener una vida sexual más activa y excitante está siendo seriamente desafiada --si bien algunas aplicaciones para conseguir citas existen solamente a través de los gadgets y el agresivo sexting depende prácticamente de los teléfono móviles. Aunque resulta un poco contradictorio citar ahora un experimento/comercial de Durex (después de la intro), esta marca de condones no se equivoca en la tesis que desdobla en este pequeño reality (en el que, como ocurre ya casi siempre en nuestra realidad mediática, se borran las fronteras entre la publicidad, el entretenimiento y la información noticiosa). En el video se muestran las experiencias de parejas a las que se les confiscaron sus teléfonos en una vacación no sólo romántica sino diseñada con la intención de aumentar el nivel de interacción sexual (aumentando éste proporcionalmente en relación con la disminución de la interacción con los gadgets). A partir de las imágenes, podríamos pensar que dejar sus aparatos parece ser conducente al idilio sexual. 

 

Evidentemente la prueba de Durex no constituye un experimento científico valido, pero creemos que no es necesaria esta legitimación; el sentido común (y otros estudios) nos indican que la tesis expuesta es verdadera. Uno de los participantes en el experimento #DoNotDisturb señala: "generalmente pensamos que somos muy afortunados por tener tanta tecnología, después de esta experiencia no estoy seguro de que lo seamos".

La revista Fast Company cita un estudio en el que 40% de los adultos dijo que tiene menos probabilidades de instigar a su pareja a tener sexo cuando ésta utiliza su smartphone en la cama, y 41% manifestó que ambos suelen utilizar sus smartphones en la cama poniendo atención a sus pantallas y no a su pareja. Otra investiación del año pasado mostró que 71% de las personas en Estados Unidos duermen con o cerca de su teléfono móvil, incluyendo el 3% que duerme con el teléfono literalmente en la mano; 13% lo mantiene en la cama y 55% en su mesa de noche. Asimismo, 35% confesó que lo primero que hace en la mañana es ver su teléfono --así que podría también perturbar la posibilidad del sexo mañanero. Tal vez no sea extraño entonces que cifras recientes muestran que los jóvenes están teniendo menos sexo en Gran Bretaña. Y se vuelve preocupante porque, como ha detectado la psicóloga Sherry Turkle del MIT, los jóvenes cada vez son menos capaces de tener conversaciones no mediadas por sus teléfonos. Turkle sugiere que la tecnología amenaza al arte de la conversación cara a cara. (Evidentemente estas cifras son sólo de un par de países y no pueden ser extrapolables sin matizar; sin embargo, de nuevo apelando al sentido común, es muy probable que hábitos similares de consumo de tecnología estén siendo adoptados en muchos países que de alguna manera siguen un "colonialismo tecnocultural").

El problema de los smartphones es que nos conectan con un mundo abstracto de información permanentemente pero nos desconectan de la experiencia real inmediata --que es donde existe la verdadera sensualidad-- o al menos hacen que la vivamos con menor atención y plenitud, de aquí que no le dediquemos el espectro completo de nuestra capacidad de hacer sentir a otra persona y de sentirla, que solamente percibamos fragmentos.

Esto se exacerba en uno de los problemas identificados por estudios científicos: el hecho de que tantas personas llevan sus smartphones a la cama (o incluso a sus citas románticas). Esto hace que los ritmos del amor puedan ser interrumpidos por los pings, blips, updates y demás estímulos distractores de nuestros aparatos.

Quizá debemos de empezar a notar que los iPhones y otros dispositivos no son realmente sexys (esto es un implante del marketing); lo sexy es ser capaces de percibir con una atención no dividida toda la riqueza de estímulos que genera una persona al comunicarse y responder a ellos sin necesidad de utilizar una herramienta tecnológica, solamente con la espontaneidad y la conectividad de los cuerpos; no huir del presente, que es el único lugar donde la magia del sexo realmente puede ocurrir.

Google está por lanzar al mercado a Danielle, chat bot inteligente que permitirá que transfieras ciertas actividades a una entidad algorítmica

El director de ingeniería de Google y gurú del transhumanismo, Ray Kurzweil, ha avisado que la compañía de Mountain View está por lanzar un nuevo chat bot llamado Danielle, que se acerca ya a simular inteligencia de manera convincente.

Estos amigos imaginarios digitales podrán realizar todo tipo de actividades reemplazándonos en línea o también reconfortarnos a la manera de Her, la inquietante película de Spike Jonze. Según explicó Kurzweil, podremos interactuar con los bots vía texto y voz y su inteligencia artificial utilizará la data con la que los alimentamos para aprender cómo somos y actuar en concordancia con nuestro life stream de data, incluso llegando a conocernos mejor de lo que nosotros nos conocemos. Así podrán predecir nuestro comportamiento y cumplir funciones vicarias. Por supuesto, la data con la que se alimentarán estos bots se servirá de la enorme cantidad de información e "inteligencia" que Google ha recopilado con nuestras búsquedas, nuestro correo electrónico y demás servicios.

Kurzweil aclaró, sin embargo, que estos bots aún no están cerca de superar la prueba de Turing y poder sostener conversaciones como las que podríamos tener con otro ser humano, aunque "Las conversaciones serán interesantes. Lo significativo depende del sujeto que lo percibe", dijo Kurzweil.

El también inventor y creador de la hipótesis de la singularidad --el punto crítico de aceleración tecnológica en el que el ser humano supuestamente logrará la inmortalidad fusionándose con las máquinas-- dijo que será hasta 2029 cuando estos bots logren propiamente la inteligencia artificial con la que serán "indistinguibles de la inteligencia humana". Para hacer esto realidad Google está invirtiendo grandes cantidades de dinero, comprando compañías de robots y apostando seriamente por la inteligencia artificial.