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¿Puede una computadora crear una obra maestra? Esta IA pintó un retrato al estilo de Rembrandt (VIDEO)

Arte

Por: pijamasurf - 04/07/2016

Una suma de data y algoritmo hizo posible que más de 300 años después de la muerte de Rembrandt exista ahora un nuevo retrato que bien podría haber sido pintado por el gran maestro

Decir que el genio o el talento pueden reducirse a un algoritmo es una afirmación aventurada pero, a pesar de todo, posible. Románticamente, estamos inclinados a pensar que la creatividad auténtica tiene un elemento último, definitivo, que parece no explicarse por nada, ni por la formación académica o intelectual de una persona, ni por sus cualidades cognitivas, ni por su historia de vida o la combinación azarosa de estos y otros elementos. El talento, el genio, pensamos, tiene algo o mucho de intangible, de inefable, quizá incluso un poco de sobrehumano.

Con todo, la otra hipótesis tampoco es muy descabellada, especialmente en tiempos de la inteligencia artificial (IA). ¿Y qué si, efectivamente, el genio creativo pudiera reducirse a una serie de comandos, a un diagrama de flujo binario que a la postre desembocaría en la creación de una obra maestra?

Ese, en parte, fue la exploración llevada a cabo por el proyecto The Next Rembrandt, que, grosso modo, consistió en hacer que una computadora analizara el estilo pictórico del gran maestro holandés para, después, ser capaz de “pintar” ella misma un cuadro similar.

“Queríamos entender qué hace a un rostro parecer un Rembrandt”, dijo al respecto Emmanuel Flores, director de tecnología del proyecto. En este sentido, el equipo reunió data concerniente a las características más específicas de la manera en que Rembrandt pintaba. De inicio, dado que el artista tuvo una inclinación particular por los rostros, se determinó escanear y fotografiar retratos, y de éstos a su vez determinaron la edad, el género, la fisonomía e incluso la disposición de la cabeza y la vestimenta.

Con estas directrices, la IA del proyecto recibió la programación para pintar un rostro “típicamente” rembrandtiano, cuidando todos los detalles, de los ojos a la nariz, las proporciones, etcétera.

Finalmente, uno de los pasos más sorprendentes de este proceso es que el equipo también contempló el volumen de la pintura, esto es, la fuerza de las pinceladas y la cantidad de pintura que Rembrandt usó en sus óleos y como esto se tradujo en un volumen específico del cuadro.

Con toda esta información, el software fue capaz de pintar un retrato, “el siguiente Rembrandt”, 347 años después de muerto el maestro.

 

Sorprendente, ¿no? ¿Será que no estamos lejos de una exposición llamada Obras maestras de la inteligencia artificial?

 

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Lo bello: aquello que nos muestra la luz de la muerte, entre el terror y el deleite

J. F. Martel, uno de los críticos de arte más refrescantes de la actualidad, escribe en The Finch un interesante artículo sobre la "belleza terrible" o la belleza de lo terrible. Martel argumenta que lo verdaderamente bello es siempre una puerta abierta hacia un mundo en movimiento, cambio y de alguna manera decadencia. La creación es tal, en su más pura expresión, porque permite que veamos la destrucción. Las formas que no muestran esta vitalidad que conlleva en sí misma también la muerte están anquilosadas y no tienen la energía necesaria para aparecer en la dimensión de la belleza. Escribe:

Incluso en el caso de las obras premodernas, los ideales estéticos tradicionales generan belleza radical solamente en el grado en el que parecen estar amenazados, eso es, en el grado en el que incluyen un elemento de caos. Si la música de Bach nos mueve más que el Muzak de elevador pese a que las dos siguen los mismos principios, esto se debe a que Bach le dio a la armonía una estremecedora existencia precaria. La hizo agitarse perpetuamente al borde de la disolución. Bach sabía que las armonías placenteras no son suficientes para hacer arte; para que la verdadera belleza surja, lo impensable debe ser tocado. La armonía bajo amenaza es bella en el sentido radical porque deja entrar la dimensión del tiempo, con su intimación de la muerte, impermanencia y cambio irreversible. 

William Blake escribió que "la eternidad está enamorada de las obras del tiempo", queremos en la belleza ver lo otro, lo que está velado, lo negativo, lo misterioso y lo que obliga a transformarnos. Martel agrega: "Hay una cosa que todas las cosas bellas comparten, esto es, que son símbolos. Son transmisiones de otro plano de existencia". Símbolos de transformación, así llamó Jung a una temprana obra sobre la irrupción de los contenidos psíquicos que trascendían las explicaciones causales. La belleza como fenómeno o como forma, podemos decir, es aquello que atraviesa, que rompe las barreras y que posiblemente muestra un camino hacia una región desconocida, ya el cielo de las ideas de Platón, la belleza anagógica y teúrgica --que vuela en las alas del amor-- o la belleza ctónica, la belleza del Tártaro y del mundo de las sombras, la belleza que nos lleva a la penumbra sublunar, el divino terror. La muerte puede ser muchas cosas,  pero siempre que aparece, o quizás eso que hace que aparezca, es la belleza, puesto que nos muestra lo numinoso, lo radicalmente otro.

En contraparte a esta definición de una belleza radical, Martel escribe que el kitsch tiene precisamente el efecto opuesto, es lo que maquilla el silencio y la muerte, lo que "nos presenta una imagen de la vida en la que el tiempo, la muerte y el caos nunca figuran". Como Kundera sucintamente afirmó: "Kitsch es la persiana que tapa la muerte".

 

Twitter del autor: @alepholo