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Niños y profesores rasuran sus cabezas en solidaridad con una pequeña niña con cáncer

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/21/2016

La empatía es posiblemente la emoción que más nos distingue como humanos, y este gesto es buena prueba de ello

Probablemente pocas cosas tan tristes en este mundo como un niño con cáncer. Si bien esta enfermedad está rodeada por una sombra terrible y pesarosa, cuando cae sobre un infante se recarga además de cierta sensación de injusticia, como si fuera insoportable que una vida que inicia estuviera desde entonces marcada por la fatalidad.

Con todo, en otro sentido, no deja de ser sorprendente que aun en estas condiciones (o, mejor dicho, sobre todo ahí) afloren el sentido empático y de solidaridad que, según sostienen algunos, fue decisivo para la sobrevivencia y evolución del ser humano como especie.

Como muestra de ello tenemos este episodio que ocurrió hace un par de días en una escuela primaria de Broomfield, Colorado, en Estados Unidos, adonde asiste una niña de 9 años que debido al cáncer que padece ha sido tratada con quimioterapia. Como sabemos, entre los efectos secundarios de dicha forma de medicación se encuentra la pérdida de cabello por causa de los elevados niveles de radiación.

Para apoyar a su compañera otros niños, profesores y directivos de la escuela organizaron una colecta que además tuvo el peculiar gesto de no sólo reunir dinero sino alentar a todos los que quisieran a rasurar sus cráneos para así estar en sintonía con la pequeña Marlee Pack, quien padece rabdomiosarcoma alveolar, un rarísimo tipo de cáncer que se forma en los tejidos blandos.

En total el dinero recaudado ascendió a 25 mil dólares y las cabezas rapadas a 80, pero acaso lo más invaluable, literalmente, sea el afecto hacia la niña que suscitó este acto, el cual también es un factor importante para la salud.

 

También en Pijama Surf: Cómo las emociones contribuyen a crear el cáncer (y cómo evitar que lo hagan)

Trabajar más de 25 horas a la semana te puede estupidizar: estudio

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/21/2016

Existen funciones cerebrales que se debilitan cuando se destinan a laborar más de 25 horas a la semana; lo dice la ciencia

Los antiguos cánones del individuo hipertrabajador, presumiendo una productividad avasalladora y dedicándose de forma compulsiva a sus labores, parece que pronto dejarán de definir a una persona ejemplar y, en cambio, podrían comenzar a ser sinónimo de poca salud e incluso de un pobre desempeño mental. Lo anterior se debe a que el cerebro humano, si desea mantenerse en óptimas condiciones, no debería dedicarse más de 25 horas a la semana al modo laboral. 

El Institute of Applied Economic and Social Research recién publicó los resultados de un estudio que revela que emplearte más de ese número de horas a la semana puede resultar dañino para tu cerebro, ya que a partir de esa frontera tus funciones cognitivas comienzan a debilitarse. Uno de los investigadores que participó en el estudio --el cual evaluó a 6 mil 500 personas, Colin McKenzie, declaró al respecto: "Los resultados sugieren que para maximizar el funcionamiento cognitivo de una persona, un trabajo de medio tiempo es mejor". 

En cuanto al caso de los "maratonistas laborales", aquellos que trabajan más de 60 horas semanales, sus funciones cerebrales reflejaron un desempeño peor que aquellos que no trabajan nada:

Para el funcionamiento cognitivo, trabajar demasiado es peor que no trabajar en absoluto. Al principio el trabajo estimula las células de tu cerebro. En algún punto el estrés asociado a las labores tanto físicas como psicológicas se detona y eso va en detrimento de los beneficios que puede implicarte trabajar.  

Ahora, también vale la pena recalcar que el gusto que tengas por tu trabajo debe influir significativamente en este tabulador. Quizá esta medición se refiere al modo tradicional de empleo que, como hemos sugerido anteriormente, quizá ya sea un modelo obsoleto. Y aquí no podemos evitar recordar la máxima de Confucio que dice: "Haz lo que amas y no habrás trabajado un solo día en tu vida".

¿Y tú, cuánto trabajas?