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La fe en el aburrimiento como camino espiritual: sobre la cinta “Entretenimiento” (Rick Alverson, 2015)

Arte

Por: Psicanzuelo - 04/07/2016

El desierto puede ser tan punk en verano como en invierno. La cinta de Alverson, Turkington y Hagerman nos recuerda que todo es para siempre y eso no tiene que ver en cómo experimentamos el universo inmediato

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Mi conocimiento del trabajo de Gregg Turkington, o más bien de su personaje Neil Hamburger, inició en un programa de Internet de mi amigo Chris Manz en el que ayudaba haciendo cámara en uno que otro capítulo durante mi estancia en California. El programa tenía un concepto atractivo, pero completamente fuera de lo ordinario. Mi primer experiencia fue cuando mi amigo me llevó a grabar a Terry Riley en un pequeño recital sorprendentemente para 10 personas, en el alma máter de Riley, que sorpresivamente terminó siendo la nuestra. Al final lo entrevistamos y fue entonces cuando nos despegamos de lo sui géneris; Chris se abalanzó sobre el maestro y le contó un pésimo chiste, la cara de Riley seguramente no tenía precedentes. Por mala suerte no me llevó a mí a grabar a Neil Hamburger, pero la grabación sigue disponible, al igual que la de Riley, para los fans:  

NEIL HAMBURGER on the Chris Manz Show, de celestial ceiling en Vimeo.

Hace poco tiempo supe por el mismo amigo que el fulminante Neil Hamburger había sido aprovechado por un cineasta inteligente para hacer una película, Entretenimiento (Rick Alverson, 2015), que me dispuse a buscar por cielo y tierra hasta encontrarla en forma de torrent descargable; es una obra maestra.  

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Neil es una especie de Neil Hamburger, que no es exactamente el comediante de stand up que brota del underground americano noche tras noche dando funciones irreverentes y al mismo tiempo irrelevantes, pero sigue siendo interpretado por el genial Gregg Turkington. Hay un muchacho joven que sirve de clown abriendo gran parte de los shows, Eddie (Tye Sheridan), quien representa de alguna forma el aura de Neil, su parte angelical tan lejos de sí mismo. Eddie es el loco del tarot, es un clown de Beckett, y el Sancho de Neil en su cruzada contra molinos en forma de la clase media consumista a la que no le queda más que alcoholizarse para sobrevivir a la producción y compra cotidianas en el caluroso sur durante el verano americano.      

La soledad de Neil es abrasadora, ocupa gran parte de los sucesos, divide los capíUn sueño americano lejos ion: "ztar bien.  que han seducido a tantos pintores son tambien espejismos de una realidad en otro lugtulos; sus conversaciones con su celular desechable en la era del teléfono inteligente hacen juego con su vestimenta de segunda mano que se revela ante los dispensarios de Kmart o Target. Los paisajes desérticos americanos que han seducido a tantos pintores son también espejismos de una realidad en otro lugar inalcanzable donde todo va a estar bien, un oasis en otra dimensión: el “sueño americano”, que resultó una fantasía desértica.

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Un sueño americano lejos de un ideal político-social es una aspiración al entretenimiento constantemente eterno, una evasión colectiva, una droga de forma de vida, una utopía imbécil sin sentido. La inconsciencia de las consecuencias de nuestros actos o de nuestra forma de vivir no ha ayudado en nada a tener un bienestar social. ¿Las cosas, personas y lugares que deseamos en la forma en que las queremos, de qué forma afectan a todos los demás que no somos nosotros? ¿Hay alguien aparte de nosotros? Para Neil, la crueldad se desencadena cada noche, mientras él se resguarda tras un micrófono y un personaje que son como una palmera frente a la ira de un tigre; su forma de vengarse sobre el statu quo, gritándole al ciudadano americano en la cara un friego de majaderías antes de que corra a votar por Trump, porque el voto es secreto.

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Pero esa forma de vivir es de entrada nociva para Neil antes que nadie más, su vida parece desmembrada, viviendo al día y con la única aspiración de que se haga otra vez de noche, pudiendo gritarle a la audiencia todas las frustraciones que tiene él mismo sobre su vida personal, todo su sonido y toda su furia, una amplificación de micrófono que no está ecualizado, un vocalista que no tiene banda de rock para cantar. Ese fue el error del punk, la agresividad contra un sistema era agresiva, lo que criticaban casi mata a los sobrevivientes y un sobreviviente de ese pensamiento es el mismo Gregg Turkington, quien se formó en el frente punk de Arizona compartiendo muchas veces espacios creativos con gente como los Sun City Girls por ejemplo, y demás propuestas de punk del desierto. Los casetes de Neil fueron joyas del underground por algún tiempo, compitiendo en popularidad con las cintas de Polo Polo proporcionalmente, pero bastante más nasties.  

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La propuesta expresiva de Rick Alverson y el cinefotógrafo mexicano Lorenzo Hagerman (Heli) rebasa una formula banal de look para comunicar los estados melancólicos de un creador tan cerca de la destrucción por medio de abstracciones formales, de una puesta en cuadro naturalista, sin renunciar completamente a las fuentes de luz que pueden provenir de la realidad.  

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Construyen una realidad mutable, que por la luz y las elecciones de lentes ópticos se trastorna y después despierta cruda, una realidad que no se reconoce y cada vez está más cerca del colapso. Hay momentos francamente pertenecientes a una caricatura expresionista tétrica a gogó, que corresponde al interior de Neil. Hay momentos de paisajes desérticos que envuelven el dilema de que lo que compramos proviene de una industria que no existe, y así vivimos en un performance y además lo tomamos en serio = sufrimos. Cuando es necesario a corte directo de edición, instantáneamente se nos ubica en un restaurante de comida rápida, otra salida en falso siendo la única salida del laberinto.

Neil tiene problemas con una chica del público que lo enfrenta contra sus chistes misóginos, racistas y extravagantes; la respuesta de Neil hace que la discusión escale a golpes, a un encuentro animal, y eso es lo que descubre Neil, a la bestia que es el hombre, de la que no puede escapar por más maquillaje que se ponga encima, por más lineamientos políticamente correctos mientras sólo sean hipocresía para conseguir más cosas.

En otra escena entrañable Neil encuentra en un baño publico de gasolinera a una madre pariendo un niño muerto que termina abrazando Neil, con los lentes empañados y llorando con un sufrimiento que rebasa todo pero que tampoco es suyo.

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Fuentes

http://www.filmcomment.com/blog/interview-gregg-turkington/

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

Lo bello: aquello que nos muestra la luz de la muerte, entre el terror y el deleite

J. F. Martel, uno de los críticos de arte más refrescantes de la actualidad, escribe en The Finch un interesante artículo sobre la "belleza terrible" o la belleza de lo terrible. Martel argumenta que lo verdaderamente bello es siempre una puerta abierta hacia un mundo en movimiento, cambio y de alguna manera decadencia. La creación es tal, en su más pura expresión, porque permite que veamos la destrucción. Las formas que no muestran esta vitalidad que conlleva en sí misma también la muerte están anquilosadas y no tienen la energía necesaria para aparecer en la dimensión de la belleza. Escribe:

Incluso en el caso de las obras premodernas, los ideales estéticos tradicionales generan belleza radical solamente en el grado en el que parecen estar amenazados, eso es, en el grado en el que incluyen un elemento de caos. Si la música de Bach nos mueve más que el Muzak de elevador pese a que las dos siguen los mismos principios, esto se debe a que Bach le dio a la armonía una estremecedora existencia precaria. La hizo agitarse perpetuamente al borde de la disolución. Bach sabía que las armonías placenteras no son suficientes para hacer arte; para que la verdadera belleza surja, lo impensable debe ser tocado. La armonía bajo amenaza es bella en el sentido radical porque deja entrar la dimensión del tiempo, con su intimación de la muerte, impermanencia y cambio irreversible. 

William Blake escribió que "la eternidad está enamorada de las obras del tiempo", queremos en la belleza ver lo otro, lo que está velado, lo negativo, lo misterioso y lo que obliga a transformarnos. Martel agrega: "Hay una cosa que todas las cosas bellas comparten, esto es, que son símbolos. Son transmisiones de otro plano de existencia". Símbolos de transformación, así llamó Jung a una temprana obra sobre la irrupción de los contenidos psíquicos que trascendían las explicaciones causales. La belleza como fenómeno o como forma, podemos decir, es aquello que atraviesa, que rompe las barreras y que posiblemente muestra un camino hacia una región desconocida, ya el cielo de las ideas de Platón, la belleza anagógica y teúrgica --que vuela en las alas del amor-- o la belleza ctónica, la belleza del Tártaro y del mundo de las sombras, la belleza que nos lleva a la penumbra sublunar, el divino terror. La muerte puede ser muchas cosas,  pero siempre que aparece, o quizás eso que hace que aparezca, es la belleza, puesto que nos muestra lo numinoso, lo radicalmente otro.

En contraparte a esta definición de una belleza radical, Martel escribe que el kitsch tiene precisamente el efecto opuesto, es lo que maquilla el silencio y la muerte, lo que "nos presenta una imagen de la vida en la que el tiempo, la muerte y el caos nunca figuran". Como Kundera sucintamente afirmó: "Kitsch es la persiana que tapa la muerte".

 

Twitter del autor: @alepholo