*

X

El extraño espectáculo de rituales de cortejo animal ejecutados por humanos (VIDEO)

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/16/2016

La naturaleza está lejos de la humanidad, pero quizá no tanto en asuntos de seducción y apareamiento

Sabemos bien que parte de la condición humana es ya estar irremediablemente separados de la naturaleza. A pesar de los discursos que defiende un regreso a nuestro origen natural, lo cierto es que ser humano implica ser ajeno a dicho mundo por el solo hecho de que nuestra supervivencia tiene como condición sine qua non su transformación. Hasta donde sabemos, somos la única especie que no sólo usa sino que además transforma la naturaleza para su beneficio y su provecho, con las consecuencias conocidas que esto conlleva.

Con todo, al mismo tiempo existe --paradójicamente-- una especie de nostalgia por ese paraíso perdido, esa especie de seno materno del que fuimos arrancados y en el que --creemos-- se encontraba la tranquilidad, la certeza, la respuesta por el sentido de la vida.

En cierto sentido, un ejemplo de esa añoranza es este video que inicialmente fue auspiciado por Sagami Industries, una compañía japonesa de preservativos para quien se elaboró esta peculiar pieza que parte de una premisa en apariencia sencilla pero ingeniosa: ¿cómo se verían los rituales de apareamiento animal realizados por seres humanos?

El resultado es, por decir lo menos, extraño, pues si ya en los animales en los que sucede tiene su propia extravagancia, cuando se le mira despojado de esas cualidades que en cierta forma lo hacen admisible (plumajes, dimensiones, la animalidad misma), justamente parece perder sentido pero para adquirir otro. ¿Cuál? Acaso el único que podría tener para el ser humano: uno ligado a la cultura, esa segunda naturaleza nuestra. Específicamente, el de la estética. Para nosotros el cortejo se mira esencialmente como danza, como movimientos bellos, armónicos, que atraen quizá pero porque demuestran dominio del cuerpo, su puesta al servicio de la consecución de un objetivo, el mismo quizá que el del los animales, el apareamiento, pero recubierto con la pátina de la seducción, el erotismo. En una palabra –y so riesgo de sonar redundantes, la cultura, esa auténtica naturaleza nuestra.

 

También en Pijama Surf: La ciencia de la atracción física: 10 consejos científicos para ser sexy

Estudios muestran que el cerebro humano funciona mejor en el campo... pero cada vez migramos más a las ciudades

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 04/16/2016

Una contradictoria y lastimosa tendencia puede observarse en la migración a las ciudades

El ser humano avanza de manera acelerada hacia las ciudades, concentrándose en grandes manchas urbanas. Datos de 2014 mostraban que 54% de la población o 3.9 mil millones de personas vivía en una ciudad, tendencia que ha sido proyectada a 6.4 mil millones para 2050. Asimismo, cada vez son menos ciudades las que concentran a la gran mayoría de las personas: uno de cada cinco migrantes en todo el mundo vive en sólo 20 ciudades. Otro reporte reciente revela que para 2025, unas 40 megaciudades tendrán un rol similar o de mayor importancia que naciones enteras. 

Según investigadores de la Universidad de Exeter, una zona del cerebro vinculada con un estado de calma meditativa se activa cuando los individuos contemplan imágenes rurales. Las imágenes urbanas tienen un efecto retardado en el que una parte del cerebro involucrada en procesar la complejidad visual predomina en el aquél. 

"Al mirar un ambiente urbano el cerebro tiene que hacer mucho procesamiento, debido a que no sabe qué es este ambiente", dice el profesor Ian Frampton. "El cerebro no tiene una respuesta inmediata natural, por lo que se pone a trabajar. Parte del cerebro al lidiar con la complejidad visual se activa como diciendo '¿Qué es lo que estoy viendo?'. Incluso si has vivido en una ciudad toda la vida, parece que tu cerebro no sabe realmente qué hacer con esa información y tiene que procesarla". En otras palabras, los paisajes urbanos hacen que nuestro cerebro gaste energía y tenga que dirigir recursos que podrían utilizarse en otra cosas; las imágenes rurales "producen una respuesta mucho más quieta", dicen los investigadores. Ésta es una de las varias razones por las que el campo nos relaja y la ciudad nos estresa (seguramente podrían analizarse también los tipos de ruidos, los colores y los patrones simétricos de los distintos ambientes, los cuales deben de tener efectos importantes).

A la luz de las cifras sobre la migración urbana podemos preguntarnos: ¿es esto una especie de marcha contranatura o al menos contra la marea interna del bienestar? ¿Somos víctimas de la necesidad económica, de perseguir un trabajo en la urbe? Es por ello que vivir en el campo para algunos es una forma de estatus, algo que a veces se piensa que sólo los ricos pueden lograr, aunque en realidad también quienes no tienen interés por tener mucho dinero y adquirir muchas cosas pueden, de manera humilde, vivir bien en el campo. Al final, esa vida tranquila podría ser mucho más feliz, libre de las falsas necesidades del consumismo.