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La historia del hombre que se trepanó la cabeza para mantenerse en un high perpetuo

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 02/15/2016

La extraña historia de Joe Mellen, el hombre que se hizo un hoyo en la cabeza con la esperanza de entrar en un estado de conciencia más elevado, siguiendo la teoría de un médico pionero

Para muchas personas la vida sólo consigue elevarse y cobrar significado en los estados alterados de conciencia, mayormente estimulados por drogas psicoactivas. Ya sea porque los individuos toman el camino fácil y no invierten en trabajar su propia conciencia de manera "natural" o porque la sociedad nos ha hecho muy difícil encontrar experiencias significativas, místicas o psicodélicas en nuestra vida cotidiana, las drogas ejercen un gran atractivo para aquellos que buscan depurar "las puertas de la percepción".

Sin embargo, en su búsqueda de ese estado de conciencia superior que han idealizado, algunos hacen cosas que a muchos nos parecerían totalmente disparatadas. Tal es el caso de Joe Mellen, un hombre que se hizo un hoyo del tamaño de la punta de un dedo en la cabeza para mantenerse en todo momento en un estado de conciencia similar al que producen las drogas. En un principio esto parece completamente desquiciado (y tal vez lo sea), pero al menos Mellen estaba siguiendo la teoría de un médico y repitiendo un proceso de trepanación utilizado durante milenios entre las clases sacerdotales en numerosas culturas.

Mellen cuenta su historia en el recientemente reeditado libro Bore Hole, de la excelente editorial Strange Attractor. En la cresta de los 60 y siguiendo la ola beatnik, este joven educado en Oxford y Eton (no era ningún "cabeza hueca") tuvo un par de experiencias con LSD que literalmente acabaron volándole la cabeza.

En un momento de enorme entusiasmo por la expansión de conciencia que había vivido en sus experiencias psicodélicas, Mellen conoció al doctor Bart Hughes. Este médico holandés estaba convencido de que el volumen de sangre en la cabeza controla los estados de conciencia de una persona, sugiriendo que al caminar erguidos los seres humanos habíamos perdido cierto potencial de conciencia, colocando el corazón debajo del cerebro. Esto, teorizó Hughes, podía ser medianamente corregido parándose de cabeza, entrando en agua fría después de estar en agua caliente o tomando ciertas drogas. Hughes hacía referencia a que cuando nacemos nuestras cabezas no están del todo selladas (lo que en los bebés es la parte suave de la fontanela), por lo que trepanar la cabeza podía ser una forma de recuperar una especie de conciencia cósmica. Curiosamente, diversas culturas han realizado prácticas de alquimia anatómica interna y externa buscando abrir esta parte del cuerpo que en el sistema de chakras de la India corresponde a sahasrara, la flor de loto de los mil pétalos y la conexión con el espíritu.

Sobra decir que el caso de Mellen es polémico y genera todo tipo de reacciones; muchos lo llaman un consumado idiota y otros se mistifican por la posibilidad de que tenga razón y sea un pionero que ha recuperado una ancestral técnica de expansión de la mente. En una entrevista reciente con Vice, da la impresión de estar bastante lúcido a los 76 años de edad. Mike Jay escribe en su introducción del libro:

Las memorias de Joey Mellen han alcanzado un estatus legendario, han sido llamadas el modelo para el siguiente paso en la evolución humana, denunciadas como un clásico ejemplo de los peligros de la experimentación con drogas y contadas interminables veces como una irresistible anécdota de alta locura. Se ha vuelto el non plus ultra de la expansión de conciencia, la marca radical de los 60 psicodélicos.

Mellen explica que cuando se cierra el cráneo finalmente, el cerebro deja de poder expandirse y pulsar: "La pulsación es suprimida y la sangre pasa sin pulsar. Es por esto que todos nos queremos drogar. Queremos regresar a este estado en la juventud en el que teníamos más espontaneidad, vida y creatividad. Extrañamos eso. Es el paraíso perdido". Aparentemente, el hoyo en la cabeza permite que exista más oxidación de glucosa y una mejor circulación, lo que en su teoría incrementa la conciencia. 

Suena interesante, aunque quizás poco científico (después de todo, la ciencia tampoco entiende muy bien la conciencia todavía). De cualquier forma, no recomendamos que te hagas un hoyo en la cabeza sólo porque quieres sentir siempre esa sensación de tu primer viaje psicodélico. Antes de eso, quizás vale la pena mencionar que Mellen tuvo varios intentos fallidos en su autotrepanación y que fueron bastante sangrientos. Él mismo no recomienda tratar de hacerlo.

Amanda Feilding también se trepanó la cabeza. Aquí habla sobre su experiencia y, aunque no recomienda hacerlo, sí señala que la ciencia debería investigar esto y no sólo desestimarlo como una locura.

 

¿Qué significa que tanto la meditación como el LSD reduzcan la actividad del "yo" en el cerebro?

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 02/15/2016

Interesantes coincidencias entre el LSD y la meditación sugieren una teoría de la expansión de la mente como disolución del yo

Una reciente investigación sobre los efectos del LSD en el cerebro, la cual por primera vez visualizó científicamente los efectos de este psicodélico, reveló algo muy interesante: bajo los efectos del ácido lisérgico, se apagan ciertas zonas neurales ligadas a nuestro sentido del yo.

El estudio, realizado en el Imperial College de Londres, midió la actividad eléctrica del cerebro en 20 voluntarios que tomaron LSD. Los resultados mostraron que si bien esta sustancia teje una red de "hiperconexiones" en diferentes áreas del cerebro, vinculando áreas generalmente no relacionadas, también produce una disminución en la actividad de la "red neuronal por defecto", que normalmente se encarga de cosas como la autorreflexión, la memoria autobiográfica y lo que se conoce como viaje mental en el tiempo. Es esta zona la que está ligada con la noción de un yo.

Los investigadores mantienen que la desintegración de la coherencia de esta red neuronal contribuye por defecto a los reportes de "disolución del ego" que caracterizan a los psicodélicos. 

Algunos neurocientíficos han propuesto la hipótesis que nuestro sentido del yo es en realidad una ilusión generada por el cerebro. Se sugiere que sólo existe cognición --puro proceso-- y que ésta es objetificada para crear un yo estable que la integra pero que, como había propuesto el filósofo David Hume, en realidad sólo hay impresiones de conciencia sucediéndose una tras otra. Según el filósofo Evan Thompson:

Los budistas argumentan que nada es constante, todo cambia con el tiempo, tienes un flujo de conciencia cambiando constantemente. Y desde una perspectiva neurocientífica, el cuerpo y el cerebro están en flujo constante. No hay nada que corresponda con la noción de que existe un ser inmutable. 

Al igual que el LSD apaga la zona del cerebro donde se genera la idea del yo, también la meditación produce un efecto similar. El periodista de la BBC David Sillito realizó un experimento practicando meditación y registrando sus ondas cerebrales. El análisis de la doctora Elena Antonova mostró igualmente una clara disminución en la zona frontal del cerebro asociada al yo o a la importancia personal. Quizás es por esto que los budistas señalan que la meditación es la práctica esencial para desarrollar la compasión. Y recordemos que Gautama Buda enseñó como uno de los pilares de su filosofía la inexistencia del yo individual (anatta) como una entidad inmutable, permanente o independiente. 

Otra cosa a considerar es que la red neuronal por defecto también se encarga de "viajar en el tiempo" mentalmente, es decir, nos remite a una actividad que nos desplaza del presente. En cambio, la meditación está diseñada para mantenernos en un estado de alerta o atención plena del presente. 

De lo anterior se puede conjeturar que los estados de conciencia expansiva, unidad y compasión están ligados a un vaciamiento del yo, a una disminución de la importancia personal, como si al dejar de aferrarse a una identidad fija la mente pudiera amplificar su percepción e integrarse a una conciencia más vasta, la llamada conciencia cósmica o conciencia universal. En esto coinciden los místicos de todas las eras, bajo la constante de que la espiritualidad es un camino de olvidarse de la importancia personal, suprimir o anular el ego, para ir de lo individual a lo universal, para dejarse atravesar por una fuerza o voluntad superior al deseo individual. 

El físico Bernardo Kastrup hace una interesante lectura sobre esta investigación con LSD y alguna otra más con hongos mágicos (psilocibina). Sugiere que hay una tendencia a una menor actividad en el cerebro, lo cual, en su perspectiva, parece indicar que la conciencia no tiene meramente una base material como supone la ciencia sino que es una propiedad esencial del universo, no limitada a un cerebro. La experiencia, como puede ocurrir de manera tan abundante bajo los efectos de LSD, no se correlaciona con actividad cerebral. En esto de nuevo coincide con el budismo, que distingue entre la conciencia ligada a un yo (a un agregado de la personalidad o skhandas), a la cual llama alaya, y una conciencia pura (rigpa, en tibetano), la cual existe en identidad con el espacio, el cual se considera que tiene una propiedad de ser consciente de la experiencia.