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Un nuevo estudio encontró que tener más sexo no garantiza mayor satisfacción; las razones merecen reflexionarse

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Con el psicoanálisis, la llamada revolución sexual y la liberación femenina, culturalmente el sexo ha sido representado como una necesidad ya no solo biológica sino sobre todo psicológica y actualmente es pieza angular de la cultura del wellness --ciertamente no solo porque el sexo sea muy sano sino porque vende. En muchos países occidentales las personas no solo sienten la urgencia de tener sexo como una respuesta natural a los estímulos de su cuerpo y los cuerpos con los que se encuentran, existe una presión social y una presión mediática (en la invasión de imágenes sexualizadas) para tener sexo. Generalmente asumimos tácitamente que tener más sexo es mejor --especialmente en el caso de los hombres, donde confiere también estatus: es el signo del macho alfa por excelencia, pero también para las mujeres que tienen pareja estable, ya sea como ejercicio o porque potencialmente nos acerca a la energía erótica y a la intimidad emocional (confiere conexión y sentido). Sin embargo, más no siempre es mejor.

Un reciente estudio se preguntó si el aumento de la frecuencia sexual también aumentaba la percepción de la felicidad. Los investigadores de la Carnegie Mellon University concluyeron que "el incremento en la frecuencia no lleva a un aumento de felicidad, tal vez porque conduce a un declive en el deseo y disfrute del sexo". Los resultados fueron recibidos con cierta sorpresa por varios medios, muchos de los cuales son responsables de promover la idea de que el sexo es una especie de Santo Grial secular. Paradójicamente en este juego de anzuelos, y como el sexo tiene el toque del rey Midas, un encabezado sobre las falencias del sexo, también obviamente genera mucho tráfico. 

Oliver Burkeman atribuye los resultados a que "cuando cuatro académicos te dicen que debes tener más sexo, y llenar todos los días un reporte, no te hace más feliz... En otras palabras, cualquier cosa puede perder su encanto cuando se vuelve una obligación". La mecanización de cualquier cosa le quita su chispa --en tanto a que todavía somos más humanos que robots-- y esto es especialmente significativo en el sexo, que, a diferencia de lo que tal vez sucede con la mayoría de los otros animales, no es solo un intercambio conducido por fuerzas automatizadas, sino que tiene un componente importante de creatividad y espontaneidad.  

Burkeman cita un estudio que muestra la gran importancia que tiene para el ser humano la sensación de mantener su autonomía. Cuando alguien nos dice que hagamos algo y sentimos que lo que se nos presenta es una obligación, eso modifica completamente nuestra percepción del acto a realizarse. Es necesaria, aunque sea ilusoria, la noción de que hacemos las cosas libremente, por nuestra propia voluntad. Algo que amas hacer por tu propia cuenta puede transformarse rápidamente en una labor tediosa si una persona te lo ordena.

Nuestro sentido interno del derecho a la autonomía absoluta, sin embargo, se ha convertido en un problema. En el extremo individualismo de nuestra época, cualquier cosa o cualquier persona que nos quite nuestro tiempo personal o que nos exija modificar nuestros planes está violando nuestra integridad, porque, después de todo, nosotros no pedimos nada de nadie, somos independientes. El filósofo Matthew Crawford, cuenta Burkeman, argumenta que "hemos valuado tanto nuestra autonomía que leer el capítulo de un libro, o detenernos a escuchar a un amigo, se acaban sintiendo como una imposición; mientras que el subrepticio constante chequeo de nuestro smartphone es una aserción de nuestra independencia". 

Es un problema porque la autonomía tiende a ser --aunque no necesariamente-- una falta de involucramiento y compromiso con el destino colectivo, con las vidas de las demás personas y con aquellas actividades que exigen de nosotros que sigamos haciéndolas una vez tras otra, aunque sean enormemente tediosas o molestas, que requieren de esfuerzos extraordinarios, pero que posiblemente también entregan recompensas extraordinarias.

Lo anterior, por supuesto, no significa que el sexo deba ser visto como algo en lo que hay que "cumplir", como se dice popularmente. Evidentemente las relaciones de pareja deben trabajarse y existen momentos y actividades que deben ser realizadas pese a que no son exactamente las que elegiríamos si solo fuera por nosotros. Lo que resulta natural en este sentido es el ejercicio de la empatía y la concordia, el sistema operativo de las relaciones afectivas. Quizás la cuestión del sexo más que una cuestión de cantidad sea de calidad, de la calidad de la experiencia y la derrama de sus efectos en la consolidación de lazos afectivos y en la generación de energía. Como el estudio citado muestra, no resulta muy favorable forzar cierta cantidad de actos sexuales; sin embargo, organizar un plan para aumentar la calidad de los mismos podría ciertamente mejorar la experiencia y aumentar los indicadores de satisfacción o felicidad. Claro que es importante no mecanizar demasiado el plan de exploración erótico, puesto que lo natural al sexo, que es esencialmente creación de vida, es la creatividad, el impulso espontáneo de la profundidad del cuerpo, que llega a reconocer su raíz en un fondo aún más profundo y misterioso.  

Por eso para las parejas que se encuentran en una etapa en la cual podría surgir la pregunta sobre organizar su vida sexual para tener más sexo, una alternativa más interesante sería estudiar técnicas orientales y místicas ligadas a la sexualidad pero que no necesariamente son específicamente sobre sexo, como el tantra o el nei dan, la alquimia interna china. Recordamos aquí que dentro de estas tradiciones, ya sea en el budismo o en el taoísmo,  es central el cultivo de la energía y por lo tanto se practica la retención de la esencia vital o incluso la abstención ritual del coito. Menos en estos casos suele ser más, puesto que lo que se quiere es alcanzar la unidad y la energía de la unión, ante la cual el mero placer palidece.

La cantidad es el signo de nuestros tiempos materialistas, explica René Guénon, sin embargo aquello que es más humano, más íntimo y significativo, es lo cualitativo, la riqueza de la experiencia que no puede reducirse a una estadística, sino que debe ser vivida en toda su plenitud. El sexo, entendido como el espacio de conocimiento erótico (el altar de la alteridad), entraría en esta dimensión irreductible de lo cualitativo, el reino de la esencia.

 

Twitter del autor: @alepholo

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Este 25 de junio de 2015 Venus inició su curso retrógrado, en el cual se encontrará hasta el 6 de septiembre, en la constelación de Leo. ¿Qué significa astrológica y simbólicamente este viaje al inframundo de la diosa del Amor, y qué efectos puede tener en tus relaciones?

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Desde el 25 de julio y hasta el 6 de septiembre Venus se encuentra en su ciclo retrográdo de 40 días, algo que ocurre aproximadamente cada 19 meses y marca una inversión de los polos en los efectos asociados a Venus, comúnmente el amor, la socialización, el dinero, la fortuna, los placeres materiales, las emociones y en general la belleza física y espiritual, recordando que en la filosofía mitológica griega existen dos Venus, la celeste, que simboliza el Alma del Mundo, y la vulgar, que rige los planos materiales. 

En el caso de Mercurio y Venus, los planetas en el interior de la órbita terrestre, entran en retrogradación cuando entran en conjunción inferior con el Sol y desaparecen ante el brillo solar. En el caso de Mercurio, su órbita altamente elíptica hace que su velocidad cambie, por lo que desde la perspectiva de la Tierra, esto se ve de la misma forma que si un automóvil en una carretera de múltiples carriles fuera a alta velocidad y luego desacelerara; desde nuestra perspectiva parece que va hacia atrás y luego vuelve a estar adelante del Sol. Debido a esta conjunción, Mercurio y Venus parecen desaparecer y luego reaparecen en su nueva fase como “estrella de la tarde” y “estrella del amanecer”, sumiéndose en el abismo del horizonte como si fueran héroes viajando al inframundo. Antiguamente esta desaparición y retrogradación era considerada un oscurecimiento o una inversión de su influencia, ya que se consideraba que este movimiento realmente ocurría. Por esto, también, a los planetas se les llamaba “los vagabundos”.

El pasado período retrógrado ocurrió del 21 de diciembre de 2013 a enero 31 de 2014. Estos períodos ocurren cada 584 días o 19 meses aproximadamente, lo que constituye el ciclo sinódico de Venus, muy importante para las culturas prehispánicas y en el cual se basó el poeta Octavio Paz para su "Piedra de Sol". La vez pasada esto ocurrió cuando Venus estaba en Capricornio; actualmente el retrógrado inició en 0 grados Virgo, pero la mayor parte ocurrirá en Leo, esto le brinda a este período un matiz y una resonancia del signo en el que se encuentra y el planeta que lo rige. Las personas que tienen planetas entre los grados 14 y 29 de Leo serían las más involucradas en esta fase oscura de Venus, en menor medida los signos fijos, que incluyen a Leo, Escorpión, Acuario y Tauro. Esto significa que los arquetipos asociados con Leo son enfatizados: el valor, la soberbia, la justicia, el corazón, la sinceridad, etc. Los astrólogos recomiendan que uno piense en lo que nos ocurrió en el período previo de un movimiento astrológico para entender y sensibilizarnos a la energía cifrada en dicho movimiento, que de alguna manera se repite con las variaciones que le otorgan las diferentes correlaciones con los planetas en este momento.

[caption id="attachment_98284" align="aligncenter" width="614"]Venus-Graph El ciclo de Venus forma una estrella perfecta de cinco puntas[/caption]

Se considera que, si bien Venus entra en directo el 6 de septiembre, el período no concluye del todo hasta que rebasa el grado de Virgo en el que entró en retrogrado, esto ocurrirá el 9 de octubre, fecha en la que se normalizan las relaciones bajo el aegis venusino. El 15 de agosto Venus retrógrado hará conjunción con el Sol, este día es considerado especialmente significativo para las relaciones, revelando de alguna manera la sombra o la realidad oculta en ellas, según creen los astrólogos contemporáneos. Se dice que durante el movimiento retrógrado las cualidades de un planeta (y de su divinidad asociada) se invierten o, quizás con mayor perspicacia, que se vuelven hacia adentro. El astrólogo Austin Coppock escribe:

El retrógrado de Mercurio marca un desvió en transmisiones importantes, de tal forma que tardan un rato en tomar el camino correcto. El retrógrado de Venus opera bajo el mismo principio, pero, en vez de energía mental desordenada, son las emociones las que descienden a un caos temporal. Contradicciones que se sienten en la profundidad emergen a la superficie, y el compás de las pasiones gira frenéticamente. Sin embargo, esta confusión es el preludio a nuevas conexiones y, sobre todo, a nuevas formas de conectar. 

Aquí tenemos el epítome del mítico viaje al inframundo que realizaban los héroes y los dioses en la antigüedad y que los psicólogos modernos como Carl Jung, han recuperado como un elemento esencial de la integración de la psique. En cierta forma, dentro de la compleja constelación de cuerpos psíquicos o dioses que conforman al ser humano, nuestro aspecto emocional, venusino, desciende al Hades para desenterrar significados más profundos y verdaderos que nos impiden seguir manteniendo las mismas ilusiones. En el caso Venus, esto podría ser mostrarnos nuestra propia superficialidad o nuestro propio materialismo, cómo las apariencias nos seducen y nos engañan --o cómo nos engañamos persiguiendo deseos superficiales, insinceros o que sólo buscamos para satisfacer a la sociedad o las imágenes colectivas de lo bueno y deseable. La oscuridad hace nuestro interior transparente. El triunfo profetizado, siguiendo la ley cósmica, es el ascenso o renacimiento y es, tarde o temprano, inminente, puesto que a final de cuentas no hay nada que no siga la ley del universo y que no regrese a la totalidad. 

En los siete himnos sumerios de Inanna se narra el descenso de esta diosa (que es una faceta de Venus e Ishtar) a visitar a su hermana, un viaje que es a todas luces una iniciación chamánica que, en el corte venusino de esta historia, tiene también un profundo simbolismo sexual. Es un rito de paso hacia la feminidad y a la fertilidad a través de las artes mágicas y la conjunción de los opuestos. Mucho se ha dicho sobre el descenso de Inanna o de Ishtar, pero quizás lo más significativo es que la diosa del cielo y la tierra (pero que no conoce el inframundo) debe cruzar siete puertas, en cada una de ellas entregando una vestimenta o joya. "Para entrar en el mundo espiritual del inframundo, Inanna debe renunciar a sus poderes terrenales", según explica Diane Wolkstein en su estudio del texto sumerio. Antes Inanna debe abandonar sus siete ciudades y sus siete templos. Habrá que reflexionar también sobre por qué en el inframundo los reyes se convierten en sirvientes. Dice Inanna:

Vi a los reyes, sus coronas guardadas.

Vi a los príncipes, aquellos nacidos para la corona.

Aquellos que habían reinado antaño.

Estos dobles de Anu y Enki estaban sirviendo los alimentos.

Los siete himnos, las siete puertas y su renuncia a siete poderes y siete templos pueden leerse desde una perspectiva astrológica, tomando en cuenta que en la tradición se habla siempre de los siete planetas. El simbolismo del 7 en el misticismo es difícil de resumir en este artículo, pero podemos hablar también de las siete Iglesias de Asia de San Juan, los siete chakras, los siete sentidos de la percepción en el ocultismo, etc. Vale también recalcar la importancia de la renuncia y del abandono de toda vanidad: los seres superiores, lo son porque deciden servir y trascender su ego individual.

Una interesante correlación puede trazarse con el "Poimandres", el texto central del Corpus Hermeticum atribuido a Hermes Trimegisto. Ahí, la Mente Universal, después de mostrarle la creación del universo y el descenso del Hombre Arquetípico al mundo material --cayendo enamorado de su propia imagen y  tomando atributos de los Siete Gobernadores o Trabajadores Encendidos, le enseña a Hermes también el proceso de ascenso y reintegración con el Espíritu Absoluto:

Cuando la naturaleza inferior ha descendido a la brutalidad, la naturaleza más alta lucha por recobrar su estado espiritual. Asciende los siete anillos sobre los cuales se sientan los Siete Gobernadores y les regresa a cada uno sus poderes inferiores de esta manera. En el primer anillo se sienta la Luna, a ella se le regresa su habilidad para aumentar y disminuir [los poderes de la generación]. En el segundo anillo se sienta Mercurio, y a él se le regresan las maquinaciones, los engaños y la astucia [los poderes de la mente racional]. En el tercer anillo se sienta Venus, a ella se le regresa la lujuria y las pasiones [los poderes del cuerpo emocional]. En el cuatro anillo se sienta el Sol, a él se le regresa la ambición [el ego]. En  el quinto Marte, a él se le regresa la ansiedad y el coraje. En el sexto anillo se sienta Júpiter, a él se le regresa el sentido de acumulación y todas las riquezas acumuladas. Y en el séptimo anillo se sienta Saturno, la puerta del Caos, a él se le regresa la falsedad y los planes malignos.

Una vez que se regresan los poderes a los planetas o gobernadores, el alma en su viaje de regreso puede renacer a la eternidad, desnuda y despojada de su individualidad (de su ego) y de las características que tomó en su descenso al mundo material --las cuales no son necesarias en el mundo espiritual, donde no hay forma de fingir o aparentar. El viaje de Inanna puede interpretarse de manera similar; recordemos que Venus, para el platonismo, es también símbolo del Alma, que es descrita como la primogénita y la más bella de la creación. Podemos entender el descenso de Inanna como el viaje heroico del alma que se desprende de todo lo inesencial para experimentar su verdadera naturaleza inmortal --algo que ocurría también en los misterios de Eleusis con el descenso de Perséfone. La mitología, decía Marsilio Ficino es una "teología poética", podemos decir que la astrología es una "psicología cósmica".

Lo mismo aplica para el viaje retrógrado de Venus, que podemos interpretar simbólicamente en nuestra vidas como la necesidad de desprendernos de todas las posesiones materiales y de todas las falsas creencias y deseos que limitan la expresión del amor verdadero. El traje nupcial con el que se recibe al amado es la desnudez esplendente del alma que emana la luz del cielo, como se dice en el Libro de los Salmos. Habrá un tiempo tal vez después para la seducción, la coquetería, los artificios, la sofisticación, la danza de los velos y demás dulzuras, pero este es el momento de ir desnudos al tribunal. Los 40 días de este curso retrógrado son tradicionalmente un tiempo de ayuno, meditación y regeneración, como la temporada de Jesús en el desierto en la que superó las tentaciones. De alguna manera lo que nos dice la astrología arquetipal del descenso de Venus, como un bello mito que podemos creer o no, pero que tiene una enseñanza codificada, es que es el momento de levantar los velos, enfrentar nuestra propia sombra y la sombra de nuestras parejas y vernos y verlas como en realidad son, sin maquillaje, exornas o proyecciones. Puede que sea necesario para esto probar la manzana de la discordia, la manzana de Eris, la fricción y el caos que revelan, agitando el velo epifánico, la belleza verdadera, la cual prevalece más allá de la corrupción material-temporal.

 

Twitter del autor: @alepholo

Sobre Mercurio Retrógrado y una explicación esotérica de cómo funciona o hace efecto la astrología