*

X
En la línea del existencialismo filosófico, Thompson describe una temprana filosofía de vida bajo la que vivió la suya. Nadie mejor que tú para saber lo que es apropiado para ti

gonzo

Desde los diálogos platónicos, las epístolas a los Pisones de Horacio y los discursos de Séneca, hasta los koan del lejano Oriente, la historia de la filosofía y el pensamiento ha buscado condensar aspectos prácticos de la existencia para transmitirlos a las generaciones futuras: hombres y mujeres han buscado dentro de sí mismos y encontrado algunas perlas de sabiduría que sólo en fecha muy reciente se transformaron en la basura de "superación personal" con la que las opciones de vida son homologadas por el mercado. Pero esa es otra cuestión.

El Dr. Hunter S. Thompson tal vez no sería la primera opción para el puesto de "orientador vocacional" para gente joven... pero probablemente sería el más indicado. Después de todo, su filosofía de vida podría resumirse en ser uno mismo y vivir conforme a reglas, eso sí, dictadas por la propia conciencia. 

Claro: la mayoría lo recuerda como el tipo que vivía en una dieta constante de ácidos, cocaína, whisky y armas de fuego, detalles circunstanciales, sin embargo, en una biografía consagrada a la escritura que tiene el potencial de cambiar el rumbo de ciertas vidas.

En 1958, antes de ser un icono contracultural, Thompson recibió la carta de un amigo que le pedía consejo sobre qué hacer con su vida. Su respuesta fue una larga carta que comienza recordándole que "cualquier consejo es producto del hombre que lo otorga", y admite rápidamente su "absoluta falta de calificaciones para reducir el sentido de la vida a uno o dos párrafos". Pronto la carta toma proporciones épicas: se trata de la vida, después de todo, y nada menos.

Ser o no ser 

Thompson comienza citando el famoso monólogo shakespeareano del tercer acto de Hamlet:

Ser o no ser, de eso se trata:
si para nuestro espíritu es más noble sufrir
las pedradas y dardos de la atroz Fortuna
o levantarse en armas contra un mar de aflicciones...

que recompone pensando que "de ESO se trata: ya sea flotar con la corriente o nadar en pos de una meta". Pero no hay que desestimar las ventajas de flotar: "¿Pero por qué no flotar si no se tiene una meta? Esa es otra cuestión. Está fuera de duda que es mejor disfrutar el flotar que nadar en la incertidumbre".

Cuando somos niños parece que todo está claro. ¿Por qué de pronto se complica todo?

Cuando eras joven, digamos que querías ser bombero. Siento que es seguro decir que ya no quieres ser bombero. ¿Por qué? Porque tu perspectiva ha cambiado. No es el bombero quien ha cambiado, sino tú. Cada hombre es la suma total de sus reacciones a la experiencia. A medida que tus experiencias difieren y se multiplican, te vuelves un hombre diferente, y de ese modo tu perspectiva cambia. Esto sigue y sigue. Cada reacción es un proceso de aprendizaje; cada experiencia significativa altera tu perspectiva.

La complicación parece encontrarse en el hecho de querer ser fieles a una imagen de nosotros que en algún momento de la vida dejó de tener relación con nuestra experiencia. Después de todo, "no buscamos ser bomberos, no queremos ser banqueros, ni policías, ni médicos. QUEREMOS SER NOSOTROS MISMOS".

El noveno camino del doctor Thompson

¿Esto quiere decir que no podamos ser bomberos o banqueros? Thompson no trata de desestimar (solamente) a los miembros más prestigiosos del establishment, sino de poner el acento en la voluntad personal. "Y parece ridículo decir que un hombre DEBE funcionar en un patrón elegido por sí mismo; pues dejar que otro hombre defina tus metas es rendir uno de los aspectos más significativos de la vida: el acto definitivo de voluntad que hace de un hombre un individuo".

hunter

¿Qué hacer, pues, frente a las "pedradas y dardos de la atroz Fortuna"? ¿Qué hacer, Dr. Thompson, cuando todo parece perdido? Probablemente lo imaginemos chupando la boquilla plástica, teatral de su cigarrillo, soltando una larga risotada detrás de una nube de humo y respondiéndonos:

Vamos a asumir que crees que tienes ocho caminos a seguir (todos caminos predefinidos, por supuesto). Y vamos a asumir que no puedes encontrar ningún propósito real en ninguno de los ocho. ENTONCES —y esa es la esencia de todo lo que he dicho— DEBES ENCONTRAR UN NOVENO CAMINO.

Se puede tener una vida rica en sentido o no tenerla, "pero un hombre que procrastina en su ELECCIÓN inevitablemente verá que su elección es realizada por las circunstancias". Esta idea de la vida llegó a Thompson por vía del existencialismo sartreano. De hecho, al principio de la carta recomienda, como si de una nueva droga se tratase, "probar algo llamado Ser y nada, de Jean-Paul Sartre, y otra pequeña cosa llamada Existencialismo: de Dostoievski a Sartre. Estas son meras sugerencias. Si estás genuinamente satisfecho con lo que eres y lo que haces, entonces rehuye estos libros. (Dejemos que los perros dormidos duerman)".

En cambio,

si ahora te cuentas entre los desencantados, entonces no tienes opción sino aceptar las cosas como son, o buscar seriamente algo más. Pero cuidado con buscar metas: busca una forma de vida.

Flotar o nadar

Una "forma de vida" no es solamente un medio económico para sobrevivir o algo con lo cuál pasar el rato; se trata de una elección permanente e intransferible entre flotar o nadar, la cual no tiene mayor importancia en el contexto general del mundo, pero la tiene para cada uno de nosotros, puesto que se trata de nuestras elecciones. Tal vez la suma de este punto quede mejor expresada si acompañamos a Thompson (nuevo Virgilio) a echar una irónica ojeada en las consecuencias de no elegir una forma de vida:

Hay algo más que eso: nadie TIENE que hacer algo que no quiera por el resto de su vida. Pero, igualmente, si eso es lo que acabas haciendo, convéncete por todos los medios de que TENÍAS que hacerlo. Tendrás mucha compañía.

¿Por qué hacer algo en vez de no hacer nada? Entonces, ¿ser o no ser? El Dr. Thompson nos tiene una última respuesta:

¿Vale la pena dejar lo que tengo para buscar algo mejor? No lo sé —¿lo vale? ¿Quién puede tomar esa decisión sino tú? Pero incluso DECIDIR OBSERVAR te lleva lejos en el camino de la decisión.

Lee la carta completa (en inglés) aquí.

Este es el único aspecto de los psicodélicos que los hace potencialmente adictivos

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 03/10/2015

Aunque por sí mismos los psicodélicos difícilmente generan adicción, una combinación de sus cualidades y la reacción que nuestro cerebro tiene al consumirlos podría generar cierto nivel de dependencia

dcsi_01_img0117Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la experimentación con psicodélicos fue el hecho de que difícilmente generan adicción, al menos no en el sentido en que el cuerpo humano puede depender cotidianamente de sustancias como el alcohol, la cafeína, la nicotina o el azúcar. Quien haya consumido LSD o ayahuasca sabe que no se trata de algo que podría hacer 2 días consecutivos, e incluso ni siquiera es algo que querría. Por su composición química, los psicoactivos reaccionan en nuestro cerebro de una manera que exige ese período más o menos prolongado entre una experiencia y otra.

Con todo, si la adicción se piensa de otra manera, entonces los psicodélicos podrían considerarse potencialmente adictivos. Pensemos, por un momento, en que nuestro cerebro tiene una propensión natural hacia los estímulos nuevos, desconocidos: cuando tenemos nuestra primera experiencia sexual, cuando aprendemos un nuevo idioma, cuando podemos hacer algo que antes se nos dificultaba, el cerebro nos recompensa con una buena dosis de dopamina, sobre todo si por nuestra propia historia otorgamos un valor positivo a esa experiencia.

En el caso de las sustancias psicoactivas (que, por naturaleza propia, son prácticamente estímulo puro), la experiencia que pueden desatar difícilmente se compara con alguna otra que pueda obtenerse en la vida. Ese es su atractivo y también, por otro lado, la cualidad por la que alguien puede engancharse fácilmente a ellos. No a la sustancia, sino al estímulo que suscitaron, a la posibilidad de experimentar la realidad de otra manera.

Esa, en términos generales, es la hipótesis que propone Derek Beres en un artículo publicado recientemente en el sitio Big Think. Escribe Beres:

La novedad es lo que me condujo a la experimentación. Lo que experimentas con los psicodélicos es tan diferente a la realidad cotidiana que se vuelve un refugio que te acoge frente a tu mundo real. Tienes visiones. Obtienes ideas. Te sientes parte de un mundo como nunca antes lo habías sentido. En tu soledad, dejas de sentirte solitario. El centro de ego de tu cerebro se apaga. Te sientes parte de todo. Todo parece adecuado —un lugar mucho mejor que lo mundano, donde todo parece tan mal.

Solo que no es difícil advertir que esto es un espejismo. Uno que Beres compara con un elemento del discurso religioso presente en casi todas las confesiones: “siempre hay otro nivel, siempre hay algo o alguien esperando por ti, es necesario sacrificarse más”. Como las religiones, los psicodélicos refuerzan la idea de que el mundo puede ser mejor, pero siempre estamos un paso atrás de dicho estado, y esa es la trampa:

La espiritualidad no está definida por lo que crees, sino por cómo te comportas contigo mismo y con los demás. Esto es difícil de entender si no te das tiempo a ti mismo para ser quien eres. Llenas tu mundo con más: más religión, más oraciones, más comida, más drogas, más cosas.

El estímulo. La novedad. La experiencia. La falsa idea de que entre la realidad y lo mejor no hay más que un kick off de distancia. En suma, la cualidad de los psicodélicos de sustraernos de nuestra normalidad —lo cual, al menos en un primer momento, puede parecer atractivo.