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Científicos creen que existe un portal a un universo distante en el centro de la galaxia

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/03/2015

Un equipo de astrofísicos calcula que debe de existir un agujero de gusano en el centro de nuestra galaxia para mantener la atracción gravitacional

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Un grupo de físicos de la India e Italia ha desarrollado una interesante teoría en la que se plantea la posibilidad de que exista un agujero de gusano en el centro de nuestra galaxia que podría comunicarse con un universo distante. 

"La distribución de la materia oscura en nuestra galaxia mimetiza la presencia de un agujero de gusano estable, el cual inferimos resolviendo la ecuación estándar de la relatividad general", dice el doctor Paolo Salucci, líder de la investigación publicada en The Annals of Physics. Más allá de su reciente aparición en la película Interstellar, los agujeros de gusano --que podrían servir como atajos en la curvatura del tiempo-espacio-- son objetos teóricos respetables y físicamente plausibles, conocidos como puentes de Einstein-Rosen.

La existencia de un agujero de gusano en el centro de nuestra galaxia podría explicar por qué los planetas y las estrellas en nuestra galaxia mantienen su balance gravitacional y no vuelan aparte simplemente, pese a que la cantidad de materia visible no es suficiente para mantener este nivel de atracción gravitacional. Halos de materia oscura deben de existir para mantener las órbitas de la galaxia. 

Los cálculos del equipo de Salucci sugieren que existe un halo de materia oscura en la Vía Láctea, el cual podría estar ubicado en el centro de la misma, donde parece haber un agujero negro supermasivo que podría ser un portal por el cual, teóricamente, sería posible viajar hacia otra parte del universo o quizás incluso a otro universo. Los investigadores creen que este agujero de gusano, para dar cuenta de la materia faltante, debe de ser del tamaño de la galaxia entera. 

 

¿Quieres beber pero no emborracharte? Tal vez este experimento te interese (VIDEO)

Ciencia

Por: pijamasurf - 02/03/2015

Experimento realizado en la Universidad de Sydney revela la singular reacción que una buena dosis de oxitocina puede provocar frente al alcohol

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Beber alcohol es una práctica antiquísima y popular, y aun así hasta ahora se encuentran miles o millones de personas que se lamentan por sus efectos inmediatos. Hay a quienes les gusta beber pero quisieran ahorrarse algunos de sus efectos: el mareo, las náuseas, quizá incluso la desinhibición y la pérdida de control. Y aunque hasta el momento eso no es totalmente posible (por más que haya estrategias para retrasar la llegada de la embriaguez), un experimento realizado hace poco en la Universidad de Sydney parece promisorio al respecto.

Según informa Michael Slezak en New Scientist, investigadores de dicha institución que estudian los efectos de la oxitocina en ratas realizaron una prueba para saber qué sucedía cuando esta hormona interactuaba con el alcohol. Como sabemos, la oxitocina es un químico corporal clave en nuestra interacción con el mundo, pues está presente en buena parte de las reacciones asociadas con la interacción social (de ahí el peculiar sobrenombre: “la hormona del amor”).

En el experimento, los científicos administraron en un par de ocasiones oxitocina a ratas; en la segunda prueba, directamente a su cerebro, en una cantidad de casi 150 mil veces más el nivel normal de la hormona en el cuerpo de una rata. Después de esto, los roedores fueron “emborrachados” con el equivalente a botella y media de vino en escala humana. La última fase del experimento consistió en medir las capacidades motrices de las ratas y su tiempo de reacción ante ciertos estímulos. Sorpresivamente, la oxitocina nulificó los efectos del alcohol en las ratas que debieron haber estado embriagadas y que gracias a dicha hormona se comportaron normalmente, como si no hubieran “bebido”.

Sin embargo, tal parece que la oxitocina tampoco es una panacea, pues cuando las ratas recibieron el equivalente a una botella de vodka, entonces sí el alcohol las noqueó. Esto se explica porque llega un punto en que la cantidad de alcohol es tanta que la oxitocina no puede impedir que alcance los receptores GABA del cerebro e interfiera con la sinapsis.

Si bien este experimento podría encontrar utilidad recreativa, los investigadores piensan más bien que sus resultados podrían aplicarse en tratamientos de desórdenes por alcohol, como la tolerancia que se desarrolla cuando beber se vuelve habitual (y entonces cada vez se necesita más cantidad para conseguir el mismo efecto) y el alcoholismo hacia el cual esto deriva.