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Migrantes piden posada en el muro fronterizo de México con Estados Unidos

Por: PijamaSurf Mexico - 12/15/2014

Con humor y nostalgia, los migrantes cantaron las tradicionales estrofas navideñas para poner el tema migratorio en el centro

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En México y Centroamérica la tradición de las posadas está muy arraigada. Estas últimas son un acto que memora, desde la visión cristiana, la víspera en que los padres de Cristo pidieron posada, justo la noche en la que María dio a luz. Recordando la vulnerabilidad en la que se encontraban y la solidaridad que buscaban, las posadas son, al menos en teoría, un acto común que recuerda la bondad y la compasión en tiempos navideños.

Las posadas en México y Centroamérica siguen siendo una tradición tan recurrente que, por ejemplo, casi ningún empleador deja de organizarlas para sus trabajadores. En este contexto cultural, un grupo de más de 200 migrantes pidieron “posada” a Estados Unidos, con las manos y los rostros pegados a los barrotes del muro fronterizo, por cierto, uno de los más vergonzoso de la historia, con más de 1000km de construcción. 

Los migrantes hicieron este acto simbólico como una manera de poner el tema migratorio en la mesa; muchos de ellos han quedado divididos después de su deportación, pues sus familias permanecen en Estados Unidos. En sólo 5 años han sido deportadas al menos 2 millones de personas, la mayoría latinos, que han quedado separados de sus familias. 

En esta tradicional posada llamada “Sin Fronteras”, organizada por agrupaciones de ambos países en el lago de San Diego, California, decenas de familiares se reunieron con sus parientes, separados por una barda que resulta casi ilusoria pero cruelmente verídica. Esta “pedida de posada” es un acto que apela a la solidaridad y la emancipación de cualquier barrera creada por los hombres.

Sobre el wu wei o el acto de "no hacer"

Por: pijamasurf - 12/15/2014

Este concepto taoísta representa una hermosa oportunidad para escapar del engranaje racional al que estamos sometidos

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Con la consagración del new age como un altercredo masivo, complementado con la popularización y abuso de las tradiciones místicas orientales, a veces dan pocas ganas de escribir o leer sobre los conceptos y creencias que provienen de ese río originalmente precioso.

Pero, por otro lado, no deja de resultar estimulante y, con un poco de suerte, útil sumergirnos ocasionalmente en algunas de estas premisas, que actúan como recordatorios más que pertinentes para catalizar la eufórica actualidad en la que vivimos.

Uno de estos casos es el wu wei, un precepto chino que, fiel a su naturaleza paradójica, detona un cortocircuito en la racionalidad occidental (post-cartesiana). De origen taoísta, el wu wei se refiere al acto de “no hacer”, aludiendo a una especie de prístina neutralidad que, a cambio, te permite fundirte con un todo esencialmente incluyente (del cual nos separamos por la intrincada serie de ilusiones emocionales, culturales, racionales que protagonizamos).

Para muchos de nosotros resultará casi imposible entender o penetrar este concepto en primera instancia. Y es que, tal vez, se trate precisamente de eso: un detonador diseñado para desestabilizar el tradicional pensamiento silogístico y a partir de ello extender la panorámica (o, más allá, ser uno con ella). En este sentido el wu wei es uno más de los lúcidos embajadores de Oriente que, aprovechando el modelo de la paradoja, revierten petrificaciones mentales.

En conclusión, el wu wei no es nada que pueda entenderse o explicarse sino que es, exactamente, lo contrario. 

También en Pijama Surf: Nuevo elogio de la pereza (sobre el arte de no-hacer)