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El re-descubrimiento de Death, una casi imposible banda de punk formada por tres hermanos negros en el Detroit de 1973, atenta con reescribir la historia de la música e inyecta un esperanzador y extraño mensaje de redención artística.

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Si escribiera en el mismo párrafo las palabras: punk, Detroit, 1973, tres hermanos afroamericanos, Pete Townshend y los Testigos de Jehová seguramente me tildarían de psicópata o me estarían metiendo en una camisa de fuerza. Por inverosímil que parezca estos elementos se juntaron a mediados de los setenta en la ciudad de Detroit, Michigan, para crear el primer grupo de protopunk, con influencias de sus colegas del Motor City MC5, que se quedaron en el garaje, rozando la hostilidad del punk. Es increíble que estuvieran tocando puro rock en la mismísima Motown, donde imperaban los sonidos melifluos de Sam Cooke y Aretha Franklin. En ese lugar y en ese tiempo los músicos negros sólo tocaban soul.

Pero los hermanos Hackney —David, Bobby y Dannis— pecaron de futuristas, porque su música, su color de piel y el nombre del grupo eran ingredientes comparables a Tristan Tzara en el Cabaret Voltaire en Zurich en 1916, con sus poesías fonéticas dadaístas que carecían de sentido y dejaban al público boquiabierto. Como si el mitológico Ícaro hubiera tenido una banda de punk, se acercaron demasiado al sol creativo y pecaron de visionarios. O, mejor dicho, uno de ellos fue el que más pecó: el fundador y guitarrista David.

No hay historia igual en el mundo del rock. Es emocionante y a veces desgarradora, el relato de una férrea visión incorruptible y del amor fraternal inquebrantable que ni Clive Davis de Arista Records pudo romper con la promesa del estrellato y millones de dólares. Desde chicos los hermanos habían aprendido la lección principal de su padre Earl Hackney, la mayor influencia de sus vidas, que murió joven en un accidente de tránsito. Él siempre les dijo: “Always back your brother”, es decir: apoya a tu hermano. Y así lo hicieron.

Todo estaba listo. Las canciones originales eran excelentes y los hermanos Hackney las ejecutaban con una alegre y desenfrenada cacofonía desde el cuarto de arriba de su casa a las afueras de Detroit. Pero había un problema: Death. Es allí donde entramos al elemento punk. Para el ‘74 el nombre Death era todavía demasiado pesado y nadie quería tener nada que ver con algo que se llamara así. Los nombres punk novedosos de los pioneros británicos no saldrían hasta el ‘76, como The Damned y The Sex Pistols. Death precedió lo que es considerado el nacimiento del punk por al menos 2 años, y después de ese retraso el gusto del público finalmente alcanzaría al punk. Grupos como The Ramones, The Clash y los mismos Pistols se quedarían como los fundadores históricos de ese movimiento. Pero David, que soñaba tocar acordes como Pete Townshend y solos como Jimi Hendrix, era una persona espiritual, y había tenido la visión de que el grupo se iba a llamar Death. No había otra opción.

bildeLos otros dos, el baterista Dannis y el bajista y cantante Bobby, le rogaron de mil formas que cambiaran el nombre. No hubo manera. A los pocos años, hartos de la lucha y los rechazos, terminaron con la banda. Bobby y Dannis se fueron a formar un grupo de reggae con éxito moderado y David regresó a Detroit sintiéndose solo y traicionado.   

David era el de la visión férrea y una fe ciega en sus instintos. Poco antes de morir prematuramente le entregó a Bobby los masters del único disco de Death. “Cuídalos bien”, dijo, “porque un día el mundo vendrá a buscarlos”.

Es una trama que junta el amor familiar con las tragedias familiares, con la historia completamente única de unos hermanos que nunca se dieron por vencidos y llevaron su música hasta las últimas consecuencias.

Algunas influencias y otras referencias alrededor de Death:

Uno de los más grandes hits de la época en que se grabó el álbum de Death fue "Detroit Rock City", de otro grupo local. Ni más ni menos que frickin’ KISS. Había más que sólo Motown pasando por Detroit.

The Who: banda seminal inglesa cuyo guitarrista Pete Townshend inspira a David Hackney a formar un grupo de rock. Sonido protogarage que se puede considerar uno de los principales precursores del punk.

Blue Cheer: banda de San Francisco, considerados como los verdaderos padres del heavy metal con el sencillo “Summertime Blues”, que salió totalmente a contracorriente del summer of love en 1967.

Tony Iommi: guitarrista de Black Sabbath cuyo riffeo desenfrenado es la inspiración detrás de cualquier aspirante de crear ruido distorsionado, y particularmente de aficionados a los excesos legales de volumen.

Sly & the Family Stone: David Hackney era una figura extravagante y fantasmagórica muy al estilo del líder y fundador del grupo de rock, funk y soul, Sly Stone (Sylvester Stone).

MC5: grupo de rock americano de Lincoln Park (Linkin’ Park), formado en 1964. “Cristalizando el movimiento de la contracultura a su nivel más volátil y amenazante”, según el crítico de Allmusic Stephen Thomas Erlewine, los lazos ultra-izquierdistas y letras en contra del sistema los posicionaron como los innovadores emergentes del movimiento del punk en los Estados Unidos.

Jimi Hendrix: aparte de ser uno de los mejores e innovadores guitarristas de la historia, es el primer superstar afroamericano e influencia de cualquier joven negro que haya agarrado una guitarra en la historia.

The Stranglers: es dudoso que los hermanos Hackney hayan tenido la oportunidad de escuchar a los Stranglers antes de grabar su disco, así que no los incluiría como una de sus influencias, pero sin duda puedo afirmar que su actitud agresiva sin compromiso los identifica como uno de los instigadores del movimiento punk inglés que siguió. Además de sus gustos musicales afines, su acercamiento idiosincrático rara vez seguía algún género musical en particular.

T Rex (Tyrannosaurus Rex): no fueron una influencia, pero la contemporaneidad de Marc Bolan (el líder, compositor y guitarrista) y su estilo recuerdan a David Hackney, pero en versión inglesa, blanca y ¡glam!

The Stooges: banda de Ann Arbor, Michigan luego conocidos cono Iggy Pop and the Stooges gracias a su líder extravagante. Irónicamente en su encarnación original vendieron pocos discos y tocaban a menudo frente a públicos indiferentes y hostiles, pero ahora los Stooges son considerados como instrumentales en el surgimiento del punk, como también del rock alternativo, el metal y del rock en general. Siendo además un grupo "local" de Detroit, no cabe duda de que David Hackney haya sido consciente de la existencia de los Stooges, y por la semejanza en sus estilos hasta debe haber sido fan.

A-Band-Called-Death-608x913Esta es una de esas historias reales e inspiradoras que salen sólo una vez por generación. No hay manera de no sentirse conmovido, y de alguna forma espiritualmente elevado después de ver Death, una banda llamada Muerte. El re-descubrimiento de Death podría ser considerado un milagro si no fuera un testamento a la visión de David Hackney, un personaje trágico en el tradicional paradigma shakespeareano, pero un héroe en el mundo de los sueños inmortales. No va a haber otro caso así pronto. Estas joyas aparecen muy de vez en cuando, para todos aquellos que han visto sus sueños romperse en añicos en algún momento. También es una prueba de que los sueños nunca mueren.   

Death, una banda llamada Muerte se estrena el próximo 13 de noviembre en la ciudad de México; para más información consulta la página de Facebook.

Donde dura más la noche (sobre el lúgubre magnetismo de la frontera)

Arte

Por: Rafael Toriz - 11/07/2014

A poco de vagabundear por el costado norte de la península queda claro que acá las cosas, si bien con un aire de familia, contienen una energía particular: algo que sucede entre las vastedades del desierto y los bramidos del océano, en la zona metropolitana transnacional más poblada del norte de México

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A causa de la falla de San Andrés de casi 1,300km que atraviesa desde California en Estados Unidos hasta Baja California en México, la zona comprendida desde Los Ángeles hasta La Paz registra un desplazamiento anual de 4.5cm entre la placa norteamericana y placa del Pacífico, lo que origina, sin prisa pero sin pausa, la separación de la península de la República Mexicana para transformarla en una isla a la deriva, mientras la ciudad de Los Ángeles se desliza hacia la bahía de San Francisco, ocasionando la creación de la bahía de Arizona (como vaticinara Tool en su disco señero, Ænima): tal es la razón por la que apenas se pisa el suelo bajacaliforniano es evidente que entramos en un distinto campo magnético; territorio en el que a las 4 de la tarde, en temporada invernal, oscurece de repente, instalando la noche en pleno día, para mirar más tiempo las estrellas.

IMG_20141216_073826_696La primera sorpresa que tuve al abandonar el aeropuerto de Tijuana fue la solícita invitación a fumar marihuana por parte de mis anfitriones, una variedad conocida como Blue Moon fortísima que me tuvo en órbita por más de 8 horas. A pregunta expresa sobre la legalidad del producto, obtuve una respuesta conocida: desde 2009 en el estado de California la marihuana con usos terapéuticos y medicinales es de consumo legal, siempre y cuando se cuente con una prescripción facultativa, lo que es bastante relativo. Tan sólo en San Diego uno puede acudir a uno de los más de 160 dispensarios médicos a comprar todo tipo de variedades de marihuana (índica, sativa, híbrida) y sus derivados –dulces, resinas, cremas, aceites– que se anuncian en múltiples revistas y aun en radio y televisión, haciendo del consumo de marihuana médico y de recreo un negocio constante y sonante debido, además de las adicciones de una sociedad consumista, al extraordinario servicio de delivery. De acuerdo con el LA Times, los servicios de entrega de marihuana medicinal se han triplicado en los últimos años, como puede cotejarse en la página de Weedmaps, un directorio en línea para las empresas que operan por la región.

El hecho contrasta con la realidad mexicana, puesto que mientras los vecinos del norte están haciendo el negocio de su vida al tratar el consumo de marihuana como un problema de salud pública, las erradas políticas del gobierno mexicano –que obedecen a intereses transnacionales– criminalizan la producción, el consumo y la venta de un producto que los estadounidenses están usufructuando con creces, dejando para sus vecinos las guerras intestinas, el terror y la muerte. Por ello, fumar marihuana modificada genéticamente y traída de contrabando a un país donde su consumo es ilegal no puede sino intensificar su fulgor: buena parte de la sociedad norteamericana vive para drogarse y lo hace muy bien, privilegiando por sobre todas las causas una indiscutible calidad.

Yendo de la ciudad de Rosarito hacia Ensenada es posible cruzar por el Valle de Guadalupe, la región vitivinícola del país que gracias a su clima mediterráneo es propicia para tales actividades. Por la zona quedan restos de las antiguas misiones franciscanas, que fueron destruidas por los indígenas de Baja California (cochimíes, cucapás, paipai y kiliwas entre otros). En algo parecidos al fenotipo de los apaches, si uno se adentra lo suficiente es posible acceder a comunidades kumiai, donde la gente vive en colonias de cerca de 200 individuos a los que no les agrada que el forastero tome fotos de sus cementerios, “porque los muertos ya no pueden pararse a saludar”.

A poco de vagabundear por el costado norte de la península queda claro que acá las cosas, si bien con un aire de familia, contienen una energía particular: algo que sucede entre las vastedades del desierto y los bramidos del océano, en la zona metropolitana transnacional más poblada del norte de México (5 millones).

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Tijuana o la condición de la frontera

“No sabes la cantidad de gente que conozco adicta a la frontera” me dijo un cicerone que sabe de lo que habla. Tijuana es la ciudad más poblada de Baja California y la 5a de México. Se calcula que más de 50 millones de personas cruzan hacia San Diego cada año, lo que la vuelve la frontera más transitada del planeta.

Importante centro cultural y comercial –la ciudad contiene numerosos edificios de empresas multinacionales– Tijuana ha construido su propia leyenda y una imagen de exportación alimentada por propios y extraños que la concibe como una Babilonia latinoamericana, epicentro de la corrupción y del vicio semejante a Sodoma y Gomorra, donde la reina la podredumbre, las drogas y toda variante conocida de la prostitución.

Ese carácter entre lo fascinante y lo pervertido la ha vuelto una suerte de Disneylandia del desenfreno, mitología que se vio alimentada durante el último cuarto del siglo XX por muchedumbres de americanos y otros decadentes del orbe que venían a cometer toda suerte de desmanes al amparo de autoridades corruptas, congénita pobreza y una población necesitada de divisas. Hasta hace algunos años, el combo que incluye prostíbulo, hotel y farmacias donde se consiguen drogas sin receta era denominado por los gringos como “cajita feliz”. Tijuana, IMG_20141216_074842_326además de ser uno de los laboratorios sociales y artísticos más estimulante del orbe, es también un gran burdel con precios accesibles, como lo supieron Jim Morrison, Janis Joplin y otros reventados que supieron dar con sus huesos en los abismos del Zacazonapan.

Paisaje social construido por y para el crimen narcorrealista, liminar y en múltiples sentidos más real que lo real, es en Tijuana donde oficialmente comienza América Latina, un lugar que destaca, viniendo del otro lado, por la precariedad de sus construcciones, la suciedad de sus calles y el eterno peregrinar de migrantes mexicanos y de la mayor parte de Centroamérica, lo que muestra una de las asimetrías más escandalosas del planeta: por un lado, las luces que llegan de San Diego, con la promesa de oportunidades y progreso material que no permiten los países de origen. Por otro, los incontables migrantes miserables que se ven del lado mexicano de la frontera, toda suerte de menesterosos y deportados que habitan en El Bordo, un satélite de Tijuana enclavado en un canal seco del río del mismo nombre, donde la pobreza, las adicciones y los múltiples conflictos de la miseria han instaurado su reino.

El Bordo cuenta con una población de más 2 mil habitantes que se dedican a limpiar vidrios, reciclar basura, trabajos manuales y sobre todo a la indigencia. Son incontables los migrantes, nacionales y extranjeros, que no cuentan con papeles de identificación ni protección de ninguna naturaleza, por lo que de continuo sufren abusos policiales, que los violentan de múltiples maneras (las cuevas en las que viven, conocidas como ñongos, son quemadas periódicamente por la policía; las golpizas que les propinan suelen ser brutales).

La criminalización del migrante, exacerbada luego del 11 de septiembre, es moneda corriente en un territorio donde el gobierno no gobierna, un lugar que si no fuera por la sociedad civil –concretamente por grupos como Alianza Migrante Tijuana y Ángeles Sin Fronteras – sería otro círculo del infierno donde no hay cabida a la esperanza.

Para el peregrino en su patria, resulta conflictivo y avasallante tratar de entender los múltiples contrastes que suceden en la frontera, eso que sucede al otro lado del muro de la infamia que separa los países hasta dentro del océano, recordando, pese a la miopía de clases altas y medias mexicanas que van a dejar su dinero a los almacenes americanos, que los migrantes que buscan trabajo no son bien recibidos en suelo americano.

No deja de ser elocuente, ahora que Obama ha decido restablecer las relaciones con Cuba –cancelando los rescoldos de la otrora Guerra Fría– que la noche extendida sobre la reforma migratoria para los migrantes mexicanos y centroamericanos siga en el congelador, postergando un amanecer digno entre naciones que no se ve en el horizonte, no le quita el sueño a nadie y no da señas de mostrar la más leve mejoría.

Twitter del autor: @Ninyagaiden

Fotografías de Jesús Robles