*

X

Ahora que el Ébola se encuentra en Occidente, ¿las grandes farmacéuticas desarrollarán una vacuna?

Salud

Por: pijamasurf - 08/04/2014

El Ébola esta de regreso; ¿será que esta vez las grandes farmacéuticas dejen de lado su afán de ganancia e inviertan en la investigación de una cura?

ebolaEn los últimos días el virus del Ébola ha vuelto a ser noticia debido a una incipiente epidemia que, por primera vez en la historia de esta enfermedad, ha salido de África con hasta ahora un par de casos confirmados de contagio que se encuentran en territorio de Estados Unidos: Kent Brantly y Nancy Writebol, ambos internados en el Emory University Hospital (Atlanta), ambos contagiados mientras atendían a enfermos en Liberia.

¿Puede ser este el hecho que por fin lleve a las grandes farmacéuticas de Occidente a desarrollar una vacuna contra el virus? El Ébola se conoce científicamente al menos desde 1976, año en que se aisló por primera vez en Zaire. Y, desde entonces, el virus ha seguido un destino más o menos parecido al VIH, o al menos esa es la impresión de John Ashton, presidente de la Facultad de Salud Pública del Reino Unido, quien el domingo pasado publicó en The Independent una columna a propósito de la relación entre pobreza y enfermedad, o por qué las grandes compañías farmacéuticas han impedido el desarrollo de una vacuna contra el Ébola solo porque, hasta ahora, la enfermedad ha sido exclusivamente africana.

En ambos casos ―escribe Ashton, comparando el VIH y el Ébola― parece que la participación de grupos minoritarios sin poder ha contribuido a demorar la respuesta y a retrasar la puesta en marcha de una reacción médica internacional con los recursos adecuados. En el caso del SIDA, pasaron varios años antes de que se invirtiera en su investigación, y no fue sino hasta que los así llamados grupos “inocentes” (mujeres, niños, pacientes hemofílicos y personas heterosexuales) estuvieron involucrados, que los medios de comunicación, los políticos y la comunidad científica e instituciones de financiamiento tomaron nota de la situación.

En este breve párrafo el científico recorre precavida pero decisivamente la cortina bajo la cual la opinión pública tiende a ocultar enfermedades fatales que, sin embargo, por afectar a personas sin recursos en las antípodas del mundo, parece que simplemente pueden ignorarse. Y no por una razón misteriosa o imbricada laberínticamente en los vericuetos de nuestra cultura, sino quizá por un motivo muy simple: dinero. En una época en que la salud se ha convertido en una mercancía, en una especie de recurso que puede ser explotado y del cual se puede obtener ganancia, entonces su cuidado está reservado para aquellos que pueden pagar por conservarla. Y, tristemente, la mayoría de la población africana no tiene cabida en este modelo.

Al respecto, concluye Ashton:

Debemos encarar también el escándalo de la falta de voluntad de la industria farmacéutica para invertir en la investigación de tratamiento y vacunas, algo que las compañías se niegan a hacer porque los números en cuestión son, en sus términos, tan pequeños que no justifican la inversión. Esta es la bancarrota moral del capitalismo, que actúa en ausencia de un código ético y social.

Sobre la muerte de Robin Williams: ¿es egoísta decir que el suicidio es egoísta?

Salud

Por: pijamasurf - 08/04/2014

A raíz del presunto suicidio del actor Robin Williams han surgido toda clase de comentarios y opiniones, entre ellas que el suicidio es un acto egoísta. ¿Por qué no lo es?

article-2723119-2075A2C200000578-679_634x400

El 11 de agosto surgieron las noticias sobre el suicidio de Robin Williams, aparentemente por una depresión desmedida que llevaba años en su vida. Y mientras los homenajes y mensajes de admiración no han parado de ocurrir en medios y redes sociales, hay varios que han tomado la oportunidad de criticar y desacreditar su muerte, como lo hacen con todas las figuras públicas que han cometido suicidio. En Facebook y blogs personales se pueden ver comentarios como “Suicidarte es lo más egoísta que puede hacer una persona”, “Hacerle eso a tu familia es simplemente egoísta”, y decenas de variaciones.

Estas personas están, si no en un error ignorante, al menos muy desinformadas. La tristeza extendida, o depresión, es una condición que si no padecemos, no deberíamos siquiera intentar juzgar (“No critiques lo que no entiendes”, decía Bob Dylan). Hoy en día se ha banalizado tanto la palabra depresión (i. e. “Qué depresión que mañana sea lunes”) que dejamos de visualizar lo que conlleva y hasta dónde puede llegar.

Mucha gente tiende a desacreditar la depresión porque todos hemos sido miserables en algún momento de la vida, pero la depresión es una condición genuinamente debilitante, y tener un mal día o una etapa miserable no lo es. El problema es que los desbalances mentales o emocionales nunca reciben la misma simpatía que las enfermedades físicas, como si los primeros no fueran reales y fueran más bien una creación propia, una debilidad ante la vida, que se debe superar y listo.

death-rwEl caso de Robin Williams es un buen ejemplo para ilustrar cómo la depresión no discrimina. Ni el dinero ni la fama ni el carisma salvan a alguien de decidir terminar con su vida. Quizá, todo lo contrario. La banalidad sólo incrementa la sensación de que el mundo es absurdo y, sobre todo, doloroso: “Nunca se está más solo que cuando se está solo rodeado de gente”, reza el dicho. Ultimadamente, la depresión es una manera de llamarle a un túnel existencial que lo vuelve todo extraño y del que es muy difícil salir si no se tienen a la mano ciertas herramientas. La lógica que tiene una persona sana, no deprimida, nunca será la misma lógica que llevó al otro a quitarse la vida. Los túneles son oscuros y allí puede haber toda suerte de monstruos, pero no sólo monstruos-quimeras, sino también monstruos-verdades.

Uno de los grandes problemas de la depresión es que estando allí es difícil tener buenas ideas. Es difícil decir “Voy a meditar, comer sano, salir a caminar, escuchar a Mozart, irme a vivir al bosque, hacer listas de palabras…”. Estando allí hay parálisis y hay inundación. Decir, entonces, que es “egoísta” cometer suicidio es emitir una opinión completamente desinformada y, finalmente, banal; ­ya el verbo “cometer” antes de “suicidio” es un prejuicio lingüístico. Cuando se dice que es egoísta no se está refiriendo directamente a nada, porque el suicidio varía tanto en sus crisoles como varían los infinitos túneles bajo la superficie.

¿Es egoísta decir que el suicido es egoísta? Esa pregunta queda en el aire. Lo cierto es que las opiniones sobre la tristeza, cuando no se está dentro de esa tristeza, son sólo opiniones. Hablan sólo de quien las habla. El romanticismo que popularmente se le atañe a la depresión y al suicidio, por el otro lado, cae en los mismos errores.