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Las más extrañas escenas de sexo virtual de todos los tiempos (NSFW)

Arte

Por: pijamasurf - 06/08/2014

Vasta que se desarrolle alguna tecnología visual para que inmediatamente empiece a existir pornografía para ese formato. Es evidente que, cuando se desarrolle a gran escala la realidad virtual, una de las prioridades será la simulación de encuentros sexuales. Así lo atestiguan estas películas.

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No pasó ni un año desde que se inventó el cine para que alguien quisiera filmar la primera película pornográfica. Lo mismo pasó con la foto, el internet e inevitablemente sucederá con la realidad virtual, los hologramas o cualquier tecnología que les siga. Sin embargo, es en el campo de la realidad virtual donde los encuentros más ridículos y extraños han tenido lugar. Aquí están algunos de los momentos sexuales más bizarros de la realidad virtual (por cierto, te advertimos que este es contenido NSFW):

El Demoledor

Tener sexo en el año 2032 parece algo realmente complicado, o en todo caso Sylvester Stallone y Sandra Bullock parecen tener muchos problemas para lograrlo en la película de ciencia ficción El Demoledor. Y es que como el sexo carnal se considera algo sucio y asqueroso, entonces de prefiere una “transferencia digitalizada de energías sexuales”, lo cual no sólo suena complicado, sino que es patético y terriblemente anticlimático.

Menno's Mind

Menno, el personaje principal de la película, programa computadoras en un lugar llamado The Resort, donde se permite a la gente vivir sus fantasías (por lo demás casi siempre sexuales) vía realidad virtual. Y cuando no está programando fantasías de sexo virtual para la gente, Menno ocupa su tiempo de ocio tratando con terroristas, o lo que sea. (Un tip: échale un ojo al minute 15:26)

The Lawnmower Man

The Lawnmower Man es una de las adaptaciones menos fieles de todos los tiempos a una obra de Stephen King. La película involucra a Pierce Brosnan convirtiendo a un joven talachero (Jeff Fahey) en un super genio que pasa demasiado tiempo en un mundo de realidad virtual. La escena más memorables involucra a Jobe (Fahey) en un encuentro virtual con Marnie, la vecina viuda. Esta escena puede ser bastante inquietante, sobre todo cuando Marnie es tragada por la cyber-identidad de Jobe.

Cyberella: Forbidden Passions

Esta es definitivamente una de las películas de realidad virtual más extrañas de todos los timpos. Mara escribió un programa de realidad virtual llamado Dreamworlds, pero cuando está dentro de su propio programa, muere en un incendio. Sin embargo, su mente sigue viva dentro del programa y entonces conoce a Dios, quien quiere que ella cure a la gente, teniendo (obviamente) sexo virtual con ellos. Quizá si tiene relaciones con suficientes patanes en algún momento logre llegar al cielo, o al menos eso parece estar intentando.

TekWar

TekWar es un show de TV creado por William Shatner, donde Jack Cardigan derrota a Tek Lords, los distribuidores de un narcótico llamado Tek, el cual es un fuerte estimulante de realidad virtual.   

Venus Rising

Eve escapa de prisión, e intenta usar un juego de realidad virtual para intentar crearse una nueva identidad, lo cual significa (por alguna razón) montones de sexo virtual. En algún momento decide modelar como Venus para Bottichelli y subirse a un tren virtual llamado  Midnight Express. Allí, el conductor llevará a quien ella quiera a su compartimento, incluyendo, por supuesto, un trío sadomasoquista.

Emmanuelle 7

Salta al minuto 13:37. La saga de Emmanuelle toma muchas veces caminos inesperados: ella conoce a Drácula en algún momento, por ejemplo. Logra acceder a un dispositivo que le permite tomar control del cuerpo de otras personas a distancia. Va al espacio. Y sí, en Emanuelle 7 inicia su propia clínica de realidad virtual para ayudar a la gente con sus problemas sexuales.

I.K.U.

Una de las películas de harcore más artísticas jamás filmada, I.K.U. es conocida como una importante obra de cyberpunk. Entre otras cosas incluye muchos encuentros virtuales y gente descargando orgasmos de internet. La película sigue la vida de una androide sexual que es capaz de cambiar de forma para parecerse a diferentes mujeres, y cuyo trabajo consiste en “recolectar experiencias sexuales” teniendo sexo con varias personas. Estas experiencias son luego grabadas en chips que se venden en máquinas expendedoras. El problema es que una empresa rival intenta insertar virus en los sex-droids para robarles sus información y vender sus propias experiencias virtuales.

 Virtual Encounters

Una mujer recibe una invitación al exclusivo club Virtual Encounters, donde se pone un casco de motocicleta con tubos y un guate. Entonces, de pronto se encuentra en la habitación de Sting, rodeada de un millón de velas. Aquí un clip de la secuela, Virtual Encounters 2.

Virtual Girl

Un genio en programación crea a la mejor gatita sexual holográfica del mundo, pero esta se enamora de él y no entiende por qué quiere venderla a otras personas. Pronto él, y los demás usuarios, descubren que no hay nada peor que un programa de computadora celoso usando lencería sexy y botas vaqueras.

Sex Files: Sexual Matrix

Un profesor universitario diseña un simulador de realidad virtual, e inmediatamente decide usarlo para entrar a las fantasías eróticas de la gente. Lo que hace destacar a esta película en un mar de softcore de realidad virtual son sus hermosos diálogos, como: “Profesor, parece que la modulación es directamente proporcional al nivel de excitación sexual. ¿Deberíamos tratar con estimulación física ahora?”

Psicólogo recomienda cambiar de pareja cada cinco años para ser feliz

Por: pijamasurf - 06/08/2014

El psicólogo Rafael Santandreu propone un nuevo modelo en el que habría que cambiar de pareja cada cinco años para vivir mejor.

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El psicólogo español Rafael Santandreu, autor del libro Las gafas de la felicidad, sabe que sus propuestas suenan “un poco macabras”, pues afirma que los humanos no estamos diseñados para la monogamia y que la raíz de nuestros problemas más serios tiene que ver con esto. Según comentó en una entrevista: “Vivimos el amor sentimental como algo antinatural y lo entendemos de una manera aberrante, por eso funciona tan mal”.

Para Santandreu, las parejas deberían cambiar cada cinco años. De acuerdo con su postura, la monogamia ha funcionado hasta ahora porque el hombre era poseedor de la mujer, lo cual “no es una vida en pareja” sino “la vida de un amo y un esclavo”. Su propuesta es una especie de consejo de superación femenina que afirma que si las relaciones cambian de modelo, las mujeres lograrán finalmente la libertad sexual:

Sexualmente estamos muy reprimidos, sobre todo la mujer. Pretendemos vivir con una limitación sexual tremenda. Con este nuevo modelo alejado de la monogamia se solucionarían todos los problemas de celos o de dependencias. La principal causa de suicidio en el mundo es el desamor. ¡El desamor! No es perder el trabajo o tener una enfermedad grave…

En esta perspectiva subyace, a todas luces, un nuevo modelo de encarcelamiento convencional. Cambiar de pareja de acuerdo a un calendario prefabricado no tiene nada de liberador, y cinco años es un número arbitrario. La idea tiene, sin embargo, un matiz interesante: dejar de pensar en el ideal del “felices para siempre” es, ciertamente, fundamental. No obstante, el autor olvida, quizás, que no solo el amor o la pasión iniciales son lo que importa en el reino de las relaciones, sino lo que viene después. ¿Qué sería de la evolución individual sin las “humanidades” crudas y cotidianas, la valentía y el trabajo emocional derivado del espejeo con el otro?

Más allá de los pros y contras de su propuesta, Santandreu nos recuerda que habría que romper con modelos que definitivamente no son para todos. Salirse a tiempo de una relación, antes de empezar a lastimar o a jugar con el poder, sería el mejor modelo a seguir. Y, precisamente porque tendemos a aferrarnos (hay algo muy humano que nos compele a no abdicar hasta que todo está absolutamente perdido), es imprescindible saber que la separación es siempre una opción viable. No todo dura para siempre; más bien, nada lo hace. El tiempo, sin embargo, es un asunto personal, y no algo que pueda o deba sujetarse al calendario de un libro de autoayuda.