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Estudios revelan lo que la sabiduría budista nos ha dicho desde hace mucho: que el desear posesiones materiales nos hace cada vez más infelices, y nos vuelve incapaces de apreciar lo que tenemos.

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Lo dice la segunda de las cuatro nobles verdades del budismo: el origen del sufrimiento es el tṛṣṇā (el deseo, el anhelo, la sed). El deseo nos ata al mundo con una fuerza superior a la de la gravedad, nos impide aceptar el flujo cambiante de la vida. Vivimos encadenados voluntariamente a un sistema que se alimenta de nuestro deseo, de nuestro permanente estado de insatisfacción, de un hambre de posesiones que somos incapaces de saciar.  

Nuevas investigaciones exploran la idea de que la gente más materialista tiende más a deprimirse y a estar insatisfecha con la vida.

Estar enfocado todo en tiempo en lo que quieres, y aún no tienes, hace que no puedas apreciar lo que te rodea, de acuerdo con la investigación de la Universidad de Baylor.

Para el estudio fueron reclutados 246 universitarios en los que se evaluó qué tan materialistas eran, qué tan satisfechos estaban con su vida, y qué tan agradecidos están con lo que tienen. Encontraron que la gente más materialista sentía también menos gratitud, la cual es una forma muy efectiva de medir qué tan poco satisfechos están con la vida.

Los psicólogos explican que la gratitud es un estado de ánimo positivo que muestra empatía con los otros, y poner nuestra atención en los demás es bueno para nuestra salud emocional.

En contraste, un enfoque materialista hace que acumulemos cosas pero nunca alcancemos a tener contacto con lo que queremos, pues todo el tiempo están cambiando nuestras expectativas. Perdemos el contacto con nuestra realidad y con los demás. Mientras más compramos cosas, más se aleja el horizonte de nuestra felicidad.

Quizá haga falta voltear al pasado y poner atención a esta sentencia de Epicuro: “No desperdicies lo que tienes deseando lo que no tienes; recuerda que lo que ahora tienes estaba entre las cosas que alguna vez deseaste”.

[PsyBlog]

Los asiáticos dominan hoy la excelencia educativa, seguidos por los europeos; desafortunadamente Latinoamérica aún se encuentra muy por detrás de los países con mayor desarrollo educativo.

 

"La educación no consiste en llenar un cántaro, sino en encender un fuego"

William Butler Yeats

Conforme pasan los años, las sociedades alrededor del mundo enfrentamos nuevos y quizá más sofisticados retos. Con más de siete mil millones de personas, una permanente tendencia hacia la concentración urbana, y factores como la hiperconectividad, se gestan nuevas problemáticas sociales que, lamentablemente, se unen a las que tradicionalmente hemos acarreado, por ejemplo la desigualdad de recursos y oportunidades. Pero a pesar de que el contexto muta con mayor rapidez que nunca, todo indica que el motor fundamental para responder a los nuevos y viejos desafíos sigue siendo la educación.

Además de que la educación, o mejor dicho la falta de ella, es proporcional a la vulnerabilidad de una población, lo cual parece acomodar a más de un gobierno, otro de los grandes obstáculos que debe enfrentar el desarrollo educativo es este afán de los gobernantes mediocres por implementar políticas vistosas, con 'resultados' reportables a corto plazo, factor que termina por marginar los esfuerzos en materia de educación –que generalmente rendirán frutos a mediano y largo plazo. Otro problema, aún más complejo, es el cómo se entiende la educación, cuáles son los principios que servirán como pilares del sistema de enseñanza y que aptitudes se privilegiaran. Muchas veces incluso aquellos responsables de diseñar los modelos educativos carecen de una educación efectiva, propositiva.

En todo caso, por fortuna existen países que lograron diseñar modelos educativos fiables, que enaltecen valores indispensables para construir sociedades no solo eficientes, sino libres y responsables. Y más allá de felicitarlos, cada uno de estos casos se presenta como una valiosa oportunidad, para el resto, de aprender, replicar y adaptar aspectos probadamente útiles. Hace un par de años analizamos brevemente el sistema educativo de Finlandia, entonces considerado como el mejor del planeta, tratando de entender su excelencia. Y aparentemente su éxito se debe a cuatro premisas básicas: la confianza, la transparencia, el respeto y el incentivo a pensar más allá de memorizar. 

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Recientemente fue publicado el informe The Learning Curve: The Global Index of Cognitive Skills and Educational Attainment 2014, que resulta de la colaboración entre la empresa de servicios editoriales y educativos, Pearsons, y la Unidad de Inteligencia de The Economist, la prestigiada revista inglesa. La metodología de este informe toma en cuenta los resultados de otras pruebas, por ejemplo PISA (de la OCDE) y TIMSS, y la de 2014 es la segunda edición de este ejercicio, luego de que en 2012 fuese inaugurado. En pocas palabras se trata de una referencia fiable y seria –aunque como cualquier otro ranking posible, no se trata de un listado de verdades absolutas sino de una aproximación útil y confiable.

Al revisar el listado final de posiciones obviamente llama la atención la dominación que imponen los países asiáticos, que ocupan los cuatro primeros lugares, sugiriendo un revolucionario desarrollo en esa zona, cuya apuesta por la educación le seguramente redituará, o le está ya redituando, beneficios significativos. Y aquí destaca el caso de Corea del Sur, calificado hoy como el mejor sistema educativo del mundo. Otras particularidades que llaman la atención es que solo hay un país fuera de Europa y Asia que se incluya entre los diez mejores sistemas educativos, Canadá, y que Polonia, un país que suele figurar poco en cuanto a indicadores positivos, ocupa el décimo puesto, superando a países como Estados Unidos y Dinamarca. En cuanto a Finlandia, el campeón del pasado informe, ahora descendió cuatro posiciones y se ubica en el quinto lugar, aún como el mejor sistema fuera que no es asiático.

10. Polonia 

9. Irlanda

8. Holanda

7. Canadá

6. Reino Unidos

5. Finlandia

4. Hong Kong (China)

3. Singapur

2. Japón

1. Corea del Sur

En lo que se refiere a países latinoamericanos, Chile ocupa el puesto 'menos peor', 32 de 40, Colombia el 36, Argentina el 37, Brasil el 38 y México el penúltimo, 39, solo por delante de Indonesia. Supongo que aquí podríamos encontrar las respuestas a muchas de las interrogantes sobre las problemáticas que acechan a Latinoamérica. 

Lecciones de los mejores sistemas educativos para el resto

Aparentemente todavía ninguno de los mejores modelos educativos termina por desafiar de frente los sistemas tradicionales de enseñanza (mismos que muchos padecimos), al menos no en cuanto formato (autoridad-alumnado-aulas), pero en cambio si se han construido entornos estimulantes, en los que aprender no solo tiene un fin práctico, y bien recompensado, sino que también se torna en algo que enriquece el sentido existencial de los involucrados. 

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De acuerdo con las conclusiones obtenidas en la edición 2014 de The Learning Curve, se pueden extraer una serie de lecciones que debieran tomarse en cuenta para mejorar los sistemas de educación en muchos países, por ejemplo los latinos. A continuación algunas de estas:

1) Las bases educativas, aquellas que se cultivan en los primeros años escolares, determinarán en buena medida el éxito posterior del modelo.

2. Es fundamental "enseñar a aprender" y no simplemente inculcar conocimiento. 

3. Los mejores modelos educativos involucran una gran cantidad de actores sociales: funcionarios, maestros, alumnos, padres de familia y en general requieren de la gestación de una cultura alrededor de la enseñanza y el aprendizaje. 

4. Se deben propiciar ambientes laborales que demanden el uso, aprovechamiento y enriquecimiento de las aptitudes aprendidas durante la etapa escolar. 

A cada país le corresponde descifrar las mejores rutas educativas de acuerdo a las particularidades de su entorno. Sin embargo, existen ciertos recursos que probadamente contribuyen a instaurar un entorno propicio para la educación. Pero en cualquiera de los casos, se requiere sin duda de una voluntad tajante, tanto de gobiernos como sociedades, para privilegiar este rubro por sobre el resto –incluso más allá de la idolatrada economía. Aquellos países que, como en este caso los cuatro asiáticos, apuesten por la educación como principal motor de desarrollo, están destinados a mejorar el resto de indicadores sociales y económicos, pero sobretodo terminarán por gozar de una mayor calidad de vida, en el sentido más amplio de la palabra, situación que por cierto debiese ser la máxima aspiración de toda sociedad.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis