*

X

Viajeros burlan superstición en vuelo 666 a HEL en viernes 13

Sociedad

Por: pijamasurf - 09/13/2013

¿Doble y hasta triple mala suerte volar en el vuelo 666 de Finnair a Helsinki el viernes 13?

 

 

Copenhagen airport

Para algunos aboradar el vuelo 666 a Helsinki este viernes 13 habría sido tentar al destino, arriesgándose a caer en un vórtice de superchería hasta el infierno. Pero afortunadamente para la aerolínea Finnair muchas personas no comulgan con la idea de que el viernes 13 es de mala suerte o que el 666 es el número del diablo (y Helsinki, por sus primeras letras, la entrada al infierno o hell) por lo que pudieron vender casi en su totalidad el vuelo.

"Ha sido una buena broma entre pilotos", dijo el piloto Juha-Pekka Keidasto antes de volar el Airbus 30 de Copenhague a Helsinki. "NO soy supersticioso. Es una mera coincidencia para mí". 

Pero las aerolíneas no están exentas de superstición, la misma Scandinavian Airlines no cuenta con la fila 13 de asientos, por ejemplo. Para los escandinavos el 13 tiene una connotación negativa porque es considerado como un número caótico, después del 12 que sirve como eje regulador de nuestro tiempo.

En realidad el supuesto mal agüero del viernes 13 viene del arresto de los Caballeros Templarios y su líder Jaques de Molay un viernes 13 de 1307, por orden del Rey Felipe. Esta sociedad secreta de grandes maestro del ocultismo y las armas se desbandó en 1313 pero sus leyendas sigen llenando l

El vuelo 666 aterrizó sin problemas este viernes 13 en la capital de Finlandia.

[The Guardian]

¿La tecnología hace una diferencia sustancial entre el presente y épocas pasadas? O quizá algunas prácticas son esencialmente las mismas, sin que importe mucho la plataforma en la que se realizan.
[caption id="attachment_65363" align="aligncenter" width="480"]chad-alburn6 Chad Alburn[/caption]

¡Las mil cosas que se pueden hacer sin una computadora, pero no se podían hacer antes de las computadoras!

Esta frase representa la clave de los efectos de la cultura digital en nuestro desempeño actual. Hay mil cosas, millones de cosas que hacemos ahora aún sin ningún dispositivo en las manos, que antes no hacíamos.

Por eso, no es verdad que las computadoras sean herramientas. Son una atmósfera cultural que nos envuelve y nos reencuadró. Nos redefine lo que es y lo que no es; lo que se puede y lo que no se puede hacer. Y los modos y caminos del hacer. Nos reseteó.

Tal vez sirvan algunos ejemplos.

Antes de las computadoras, dar una conferencia implicaba tener un conjunto articulado de ideas a transmitir y su éxito o no –por lo general- dependía de la inspiración del expositor para transmitir en ese momento, con fluidez y eficiencia, esas ideas. Ahora tenemos Power Points, cuando no Prezi, KeyNotes y cosas por el estilo. Y el expositor ya hace menos y el que prepara o mezcla, mucho más. En general, hoy día las conferencias son más y son peores.

Antes de las computadoras, si yo extrañaba a mi mujer tenía que llamarla por teléfono a ver si la encontraba (antes de los móviles) y, si no y si tenía suerte, dejarle un mensaje en su contestador telefónico. Si no, tenía que volver a llamarla más tarde, hasta dar con ella y decirle que la amo y la extraño. Ahora dejo programado mi mensaje de amor cuando sea para cuando sea y tengo garantía de que lo recibirá en tiempo real, aún si yo ya no lo recuerdo o ni siquiera la extraño.

Antes de las computadoras, escribir era un acto calculado, lento y estetizado que me obligaba a pensar lo que ponía para evitar las mil versiones imposibles. Ahora, escribo compulsivamente y si no va, no va. Delete. Lo mismo que las fotos.

Antes, la enciclopedia se me imponía y me aplastaba con su porte –físico- y su entidad epistemológica. Padecía de abrumación. Ahora la busco cuando la necesito; es una ventana más en mi dispositivo, cabe hasta en mi celular y, si quiero, la discuto y edito con entidad mi discusión. Publico. Degrado, tal vez, pero me atrevo.

Antes yo no sabía quién era quién, salvo los obvios y los célebres. Ahora conozco a todos; los conozco todo lo que quiero y mucho más de lo que ellos querrían. Y las más de las veces, luego de eso ya sé que ni me valen la pena. Falto a la cita.

Antes, llegar era una aventura; ahora, un ejercicio menor. Aún en Tokio.

Antes, yo no sabía que no sabía tantas cosas. Ahora, a cada minuto que encuentro algo develo lo muchísimo que no sé y que ya no sabré, aunque por ahí esté. Los borradores de borradores de Borges también están en la web. ¿Me interesan? La Biblioteca de Babel pierde mística.

Antes, circular era un mérito; ahora, una fatalidad.

Antes, enterarse valía de algo; ahora, no enterarse podría ser lo valioso.

Antes, ir era necesario. Ahora, con quedarse alcanza. Y abre nuevas chances. No quitarse el pijama en todo el día, por ejemplo.

Antes mis hijos (que era yo cuando era hijo) no escribían casi nada, porque era escribir diarios íntimos, dictados infernales o cartas protocolares o de amor. Ahora no paran de escribir y escribir; en dialecto, como sale, a dos dedos –pulgares!- y sin calidad dactilográfica. Fluida y como compulsivamente. Escriben más que yo, que me gusta tanto escribir. Me ganan siempre el duelo en WhatsApp. Antes los que escribíamos éramos raros. Ahora los raros son otros…. Pero sigo creyendo que yo escribo mejor.

Antes de las computadoras, y del iPad y de los smartphones, el aire era claro. Ahora también, pero no me lo creo. Tendríamos que poder ver el sinfín de emisiones que lo atraviesan en todas direcciones, en todas partes, todo el rato. Y que nunca se cortan y casi siempre llegan. ¿Cómo opera esa contaminación para que no contamine? ¿Cómo opera ese enjambre de escala sideral para no fallar? ¿Cómo hacemos para que no se convierta un día en una nube infernal de mosquitos y nos devore de a pedacitos?

Antes había gente tomando sol. Ahora hay gente navegando a la que le da el sol.

Antes te extrañaba. Ahora no sé muy bien qué es extrañar.

Cuando al inicio de la nota ponía la frase inicial lo hacía con optimismo, ganado por el impulso de mostrarte –lector- que la atmósfera digital nos trasladó a un nuevo mundo lleno de ilusiones, pero los ejemplos me fueron trabajando y forjando y al final (luego de haber intentado en cada uno ser menos nostálgico que en el anterior) he acabado añorando lo que éramos antes de lo que somos. Me desnudó la tecnología, que por lo demás, también nos tiene a todos y a cada uno -casi casi sin excepción- retratados desnudos y en emoción.

La otra idea que quería mostrar es que lo digital no depende del dispositivo. Creo que ésa sí logré pasarla.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com