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Una lúgubre pregunta: ¿qué imagen tuya quieres que las personas contemplen cuando mueras? ¿Cuál sería tu profile pic para la posteridad? Una pregunta que en primera instancia parece recargada de vanidad --además de colocarnos en un aprieto, en la era de la proliferación de las imágenes en las redes sociales, qué pesadilla elegir sólo una... y no poder actualizarla o destagearnos. Elegir sólo una imagen, conscientes del poder de la imagen, aunque con la posibilidad de que nuestra conciencia no sea más y nada de lo que generemos a la postre tenga un efecto sobre nuestro ser... Este es el predicamento en el que nos coloca el fotógrafo Frieke Janssens, quien a la vez lleva el luto al lucro, cobrando 1,100 dólares por la imagen perfecta, sucedáneo de la inmortalidad.

Janssens y su equipo tomarán tu retrato, antes con una asesoría estilística, y retocarán la imagen para obtener un resultado inmaculado, el cual se imprimirá sobre una placa de porcelana ovalada --en la muerte aún deseamos la pureza. 

La propuesta de Janssens tiene una clara lectura usurera y de vanidad de ultratumba, pero por otro lado me parece bienvenida en tanto a que nos hace reflexionar sobre la muerte,  fortuitamente nos regala un memento mori. Y meditar sobre la muerte es, me parece, una de las acciones más provechosas para el ser humano, ya que pocas cosas nos sitúan en el presente, en una posición panorámica tan vital como pensar en la inminencia de nuestra muerte. Muchas tradiciones místicas recomiendan todos los días dedicarle un momento --puede ser en la mañana ante el espejo-- a recordar que en cualquier momento podemos morir. La muerte es el más grande acicate de vida, como un reloj que sólo escuchamos correr pero que no podemos leer, y que nos persigue con una luz fantasma, que es a fin de cuentas nuestra amiga... nos persigue pero es una puerta.  

En ocasiones nos puede parecer tétrico pensar en la muerte, dedicarle nuestra energía a pensar que moriremos --a que todas las cosas se desvanecen y se corrompen, a esa bisagra ubicua y agusanda que todo lo devora y lo reinicia. Pero si somos conscientes de la impermanencia inherente a todas las cosas --la firma de la muerte--, entonces la riqueza de la vida estará en la plenitud de los instantes, cada uno tan valioso como una vida entera y de toda potencia (granada secreta). O, en otro aspecto, si buscamos trascender la impermanencia, entonces la muerte será la gran meta, y la vida el entrenamiento para cruzar, con la conciencia, esa puerta perpetua. Así, si te preocupa la imagen que mostrarás el día de tu muerte, entonces debe se saber que esa imagen se está formando en este momento.

Twitter del autor: @alepholo

 

El Festival Decibel 2013 se eleva a alturas inusitadas, bajo la guía de Thomas Fehlmann, Nicolas Jaar, Juan Atkins, Machinedrum y otros artistas, en lo que se empieza a apuntalar como uno de los grandes festivales de música electrónica del orbe.

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El viernes 27 y el sábado 28 de septiembre el Festival Decibel nos mostró de lo que está hecho: una formidable organización y una fina selección musical. El lugar donde todos querían estar el viernes por la noche era el Showbox Sodo para escuchar a Nicolas Jaar Live, quien abarrotó el venue más grande del festival. El chileno se ha convertido en una estrella de la electrónica con su  su sonido lleno de robustos bajos que oscilan entre el house, el jazz, el folk y el funk (gender-bender). Su acto siempre demuestra calidad, pero quizás estamos presencianado ese paso que le ocurre a las estrellas pop: que su música se vuelve un lugar común, es demasiado escuchada y deja de ser tan vibrante y estimulante -aunque mientras tanto Nico cosecha los frutos del éxito y se convierte en el más deseado de la escena. También en el Showbox Sodo --que, para ser justos, no tiene el mejor sonido, comparado con otros venues del festival-- pudimos oír a Mount Kimbie, de la legendaria Warp Records, quien estará en Mutek México el próximo sábado y quien recibió bastantes loores.

Casi a la misma hora Ghostly International presentó su showcase en el Crocodile (la discoteca que vio nacer a muchos de los legendarios grupos de grunge de Seattle), con actos de fina confección, como Lusine, Beacon y el japonés de reciente incorporación al sello, Shigeto. Trazos de ambient, dub-tech y IDM se combinaron para ofrecer una jornada de relajación y psiconáutica sonora, bastante cremosa. Ghostly International, al igual que disqueras como Warp ofrecieron talleres para los interesados en la música, su producción y su negocio.

En el Showbox Market, Machinedrum estrenó su nuevo disco ante muchos de los más duros melómanos que no se dejaron llevar por la sensación de Nicolas Jaar.  El nativo de North Carolina se ha convertido en uno de los más prolíficos productores de Estados Unidos, con diversos actos, y sin duda uno de lo más arrolladores exponentes de la escena, detonando selvas eléctricas pletóricas de energía urbana.

Por la tarde pudimos ir a un recital en el Nordstrom Recital Hall, que combinó pianos con loops electrónicos. Por una parte se presentó Niels Frahm (a quien también pudimos ver en Mutek México el año pasado) y el islandés Olafur Arnalds, quien se ganó al público con sus pianos electroangelicales, por momentos demasiado dulces, por momentos sublimes.

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El sábado no tuvimos duda alguna en ir al Showbox Market a escuchar a dos grandes maestros que se relevaron en el escenario: Alex Paterson, Thomas Fehlmann (en su facetea de The Orb) y Juan Atkins. Atkins, el padre del techno de Detroit, comprobó por qué es uno de los mejores DJs de toda la historia, con su sonido inmarcesible, sin cejar jamás, beats duros y ensañados que siguen colocando a las generacioness. Un techno que toma de las influencias de Motown y las incorpora en punctums minimalistas. Fue sinceramente un momento conmovedor ver  a Atkins, a Paterson y  a Thomas Fehlmann pasarse los controles y reír en el escenario, calmadamente creando espacios para la neuronavegación del público, un trío de alquimistas sin apuros. The Orb detonó poderosos flashbacks en la fanaticada con su ambient psicodélico, tocando clásicos como Little Fluffy Clouds o el Blue Room Ambient Edit y llenando la sala de una nostalgia que no titubea y se alza como sutil pirotecnia en el mar.

Antes, en la tarde, pudimos ver a Poolside en el Re-Bar, un oscuro club en downtown. Originalmente se había planeado un épico ride (yoga y happy house) en el parque a un costado del Broadway Performance Center, pero el sol no llegó a la cita --una lluvia incesante  (that endless drizzle) cambió los planes, mas el festival reaccionó con celeridad y mudó el evento.  Aunque se antoja el sol y las sonrisas entre los árboles, el evento no desmereció: Poolside, a sus anchas, animó la tarde por más de tres horas con sus sonidos californianos, llenos de fácil alegría entre un bizarro turnout: raudos momentos extáticos de danza sin inhibiciones.

 

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Todos los que estuvimos en Neumos, ya cerca de la madrugada, coincidimos en que el mejor momento del festival (y personalmente uno de las mejores sets que he visto en mi vida) fue el live act de Thomas Fehlmann, una magistral demostración de la madurez sonora de una persona que debe de estar entre los más grandes de la historia de la electrónica, con productores como Kraftwerk, Aphex Twin o Future Sound of London. Thomas Fehlmann tocó un set de techno por momentos tribal, por momentos espacial, que sonaba más viejo que la música que suelen poner los DJs y productores de techno, sólo que paradójicamente más evolucionada, música hecha por softwares de otra era y aún así más sensibles a la fuerza que hace de la música ars suprema. No se podía más que pensar, entre la elegancia y el dominiode Thomas, que los demás artistas eran sólo niños. 

En los siguientes días publicaremos una última crónica con el cierre del festival, que tiene a algunos de los actos más esperados en la escena actual, como Aeroplane, Maceo Plex y Art Department, entre otros. ¡Salud!

Agradecemos a Pioneer y al Festival Decibel por su generoso esfuerzo de llevar a Pijama Surf a Seattle. 

* Imágenes de AnunAki

* Contenido cortesía de Pioneer