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Disney desarrolla un dispositivo "mágico" que hace que los dedos suenen como música

Por: pijamasurf - 09/17/2013

La tecnología Ishi-Den-Shin utiliza un micrófono estándar para grabar audio y luego lo convierte en una señal auditiva transmitida a través del cuerpo de la persona que sostienen el micrófono.

“Ishin-Den-Shin” es una expresión japonesa para comunicarse mediante un entendimiento mutuo sin habla (o no verbal), y la da nombre de esta nueva tecnología que convierte un mensaje de audio en una señal auditiva que se puede transmitir vía el  cuerpo humano. Cuando el dedo del comunicador roza apenas un objeto, la interacción física crea una bocina que hace posible que se escuchen los sonidos grabados.

En el caso especial de Ishi-Den-Shin, esta bocina se crea cuando el comunicador toca la oreja de otra persona. En este caso, un campo modular electrostático crea una pequeña vibración en el lóbulo; el dedo y la oreja de la otra persona forman una bocina que hace auditiva a la señal sólo para la persona que está siendo tocada.

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Así, cuando alguien habla en un micrófono convencional la computadora convierte el sonido en una grabación inaudible en loop que, cuando el dedo toca un objeto, produce una pequeña vibración que forma una bocina.

Por ahora el Ishi-Den-Shin es sólo una novedad con la que se puede jugar a comunicarse con otros sin palabras, por medio del cuerpo. Pero su potencial permitirá que cualquier artefacto cotidiano se convierta en un equipo de sonido sin necesidad de instrumentarlos con aparatos técnicos. Además, el sonido puede transmitirse de persona a persona mediante cualquier contacto físico… Como si nuestros dedos cantaran o susurraran secretos en clave que parecieran venir de la nada, mágicamente.

 

[Disney Research]

No es lo mismo tener un inconveniente que tener un problema. Del inconveniente hay que librarse, superarlo, solucionarlo. De los problemas hay que valerse, ponerlos a trabajar.

problemaNo es lo mismo tener un inconveniente que tener un problema. Del inconveniente hay que librarse, superarlo, solucionarlo. De los problemas hay que valerse, ponerlos a trabajar.

Los problemas son de una índole ética y ontológica diferente. Los problemas nos constituyen, los inconvenientes nos incomodan.

Esta dicotomía es una cuestión central en materia educativa, vale aclarar. Veamos cómo y por qué.

El aula no necesita inconvenientes, aunque los tenga. El aula debe ser capaz de construir en su seno problemas productivos. Los inconvenientes están, los problemas se construyen. Y el peor pecado del maestro puede ser el de reducir a inconveniente un verdadero problema en el aula. El maestro debe ser capaz –al contrario- de develar el problema que subyace el pretendido inconveniente.

El inconveniente no nos traslada; ni nos mueve. El inconveniente nos pone resolutivos, antes que sabios. Se excede de pragmatismo. Y está bien si de lo que se trata es realmente de un inconveniente. Pero el buen problema no se deja reducir a su simple solución, e insiste.

Supongamos que tengo dificultades sexuales con mi pareja. Ya saben, de las frecuentes. Y supongamos que aún nos sé –ni me lo he planteado- si se trata de un inconveniente o de un problema.

En la duda, acudimos primero a un sexólogo. Él dice que nos podrá ayudar; él sabe de sexo. Y llegamos y nos atiende y cataloga de inmediato nuestro cuadro como un inconveniente. Nos tranquiliza. Y como un inconveniente convencional, además. (La mayoría de los inconvenientes lo son.) Y nos traza el camino de la solución. Ya saben, técnicas sexuales refinadas y eficaces bien definidas. A situación convencional, respuesta general. Y nos vamos…

Pero el cuadro regresa, meses después. Creímos que el inconveniente de no sentirnos bien en la cama se había resuelto con un poco de atención y algo de técnica, pero no. Ha vuelto.

Entonces, algo más preocupados ya, acudimos esta vez a un psicoanalista. Ni nos dice que nos podrá ayudar ni sabe particularmente de sexo. Nos asegura, eso sí, que trabajará con nosotros.

Nos atiende y empieza su proceso. No nos tranquiliza. Habla y calla; callamos y hablamos. Y así vamos. No nos ha catalogado; se nota que busca nuestra particularidad. Es agudo, pero impreciso. No traza caminos.

Y un buen día, como otros, nos mira tras un silencio y nos pregunta, sin aspavientos, si nosotros nos amamos…

Ha convertido el inconveniente en un problema. Él ha construido “nuestro” problema. Estamos –ahora sí- en espacio fértil. El deseo profundo se ha metido en la escena. La verdad está en juego. Nosotros estamos en juego.

No hay garantías ya. No se habla –nadie, ni nosotros - de solución. Se habla de otras cosas. Importa lo que se hace de ahora en adelante. Y se produce mucho y más allá de la zona específica de nuestra cama. Se habla de nosotros, no de dos amantes.

El psicoanalista no nos ha solucionado el problema, ha construido y puesto a producir el problema para que nuestro amor, si lo hay, recupere su eje y reencuadre toda nuestra vida.

Eso mismo debemos lograr en el aula. Niños y maestros entramados en problemas verdaderos, que se enlazan con otros problemas y entonces el aula bulle, las almas vibran, las angustias y las alegrías recuperan la escena. Ambiente de aprendizaje; movilización profunda de motores significativos del saber y del hacer. Gente viva. Proceso de aprendizaje en marcha. ¡Escuela!

La inflexión entre inconveniente y problemas nos abre un camino inmenso de acción escolar educativa. La problematización es una acción pedagógica de primer orden. Debemos explorarla a fondo.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Pijama Surf al respecto.