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¿Qué dicen de nosotros las bebidas que elegimos? Un brindis visual (FOTOS)

Por: pijamasurf - 08/11/2013

James Bond suele pedir su vodka martini "agitado, no revuelto", esto es, apenas con el movimiento suficiente en la coctelera para que los ingredientes se mezclen sin que la rudeza del cantinero deje desagradables anillos de espuma en la superficie. Sin embargo, la distinción cuando Bond pide un trago revela más sobre su propio carácter que el trago mismo.

El alcohol ha estado presente en las civilizaciones humanas desde los albores de esta; la fermentación permitió conservar el exceso de las cosechas, y las propiedades estimulantes de las bebidas promovieron el solaz de la embriaguez y el culto dionisiaco. Sobre todo, no bebemos lo mismo por las mismas razones: nuestras bebidas son una pantalla en la que proyectamos nuestros deseos y expectativas, y en el que, al menos en lo que dura la embriaguez, estos deseos y expectativas se materializan.

En la exposición fotográfica The Drinking Show, los curadores Sasha Wolf, Matthew Pillsbury y Peter Kayafas recorrieron diferentes galerías y archivos fotográficos para reunir en un mismo espacio imágenes de diferentes sujetos y sus bebidas. 

Desde la siempre glamourosa Marilyn Monroe hasta personajes montados en una escena de resaca, la bebida sirve como pararrayos y espejo: la bebida, ese lubricante social, aporta su presencia fantasmal a la escena, produciéndola a su vez para el fotógrafo y evidenciando al sujeto. Tal vez sea precisamente eso lo mejor y lo peor del alcohol: su capacidad para hacer que las máscaras caigan y los deseos --admitidos o no-- salgan a la superficie.

Por eso, mejor moderación.

Salud.

[Slate]

"Hombre gallina" se hace explotar junto con su casa en Roswell para que no lo desalojaran

Por: pijamasurf - 08/11/2013

Las leyes en ocasiones sirven no para proteger los derechos de las personas, sino como una mera artimaña para pisotearlos. La historia de un hombre que peleó por su casa y ganó pírricamente, nos lo recuerda.

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Desde 2009, la historia de Andrew "Chicken Man" Wordes ha entrado y salido de las noticias, pero por tratarse de un caso legal se le ha prestado poca atención. El hombre que defendió primero su derecho a criar aves de corral en su propiedad, y que en el proceso descubrió que el gobierno simplemente buscaba un pretexto para quitársela, se suicidó tres años después de que comenzara el penoso proceso.

Como un personaje de Kafka, Andrew Wordes comenzó a recibir citatorios judiciales en febrero del 2009; a diferencia de José K., el delito que se le imputaba a Wordes era claro, pero absurdo: criar gallinas en su patio, el cual es una propiedad de casi un acre en el condado de Roswell, Georgia.

Wordes ganó uno tras otro de los juicios en su contra, pues el argumento de las autoridades (que criar aves de corral era ilegal en esa zona) dependía de una ley posterior a la fecha en que él comenzó a realizar esta actividad. Fue aquí que los abogados se dieron cuenta de que las autoridades de Roswell en realidad querían hacerse con la propiedad de Wordes, y sólo buscaban un pretexto para sacarlo de ella.

Como parte de la planeación urbana de Roswell se plantearon hacer un rediseño urbano de largo alcance; por desgracia, la propiedad de Wordes interfería con las labores de renovación y "mejora" de la imagen urbana. Para los abogados se hizo evidente que citatorios cuya causal era "no amontonar correctamente la leña" eran simplemente un pretexto.

Wordes fue arrestado de camino a presentar los papeles que lo declaraban en bancarrota, los cuales hubieran impedido que le quitaran su casa, en 2011. El hombre fue sentenciado a servicio comunitario, sólo para recibir una condena posterior de 99 días --esta vez en prisión-- porque las autoridades afirmaban que sólo cumplió 122 de los 150 días de su primera sentencia.

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Al salir de prisión, Wordes colocó un anuncio en la entrada de su propiedad donde amenazaba con tratar a quien se acercara como "amenaza física", y se sentó a esperar a que trataran de llevárselo nuevamente. Cuando la policía entró a su propiedad y le pidió que los acompañara, Wordes en un último y tal vez desesperado acto de dignidad, Wordes activó un aparato explosivo que terminó con su propia vida, dentro de la casa de la que se negó a irse.

Aquí la última entrevista con "Chicken Man", un hombre que demostró a costa de sí mismo la ceguera de la ley y los intereses creados que la secuestran con sus propios fines. 

 

Con información de Off Grid.