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¿Qué dicen de nosotros las bebidas que elegimos? Un brindis visual (FOTOS)

Por: pijamasurf - 08/11/2013

James Bond suele pedir su vodka martini "agitado, no revuelto", esto es, apenas con el movimiento suficiente en la coctelera para que los ingredientes se mezclen sin que la rudeza del cantinero deje desagradables anillos de espuma en la superficie. Sin embargo, la distinción cuando Bond pide un trago revela más sobre su propio carácter que el trago mismo.

El alcohol ha estado presente en las civilizaciones humanas desde los albores de esta; la fermentación permitió conservar el exceso de las cosechas, y las propiedades estimulantes de las bebidas promovieron el solaz de la embriaguez y el culto dionisiaco. Sobre todo, no bebemos lo mismo por las mismas razones: nuestras bebidas son una pantalla en la que proyectamos nuestros deseos y expectativas, y en el que, al menos en lo que dura la embriaguez, estos deseos y expectativas se materializan.

En la exposición fotográfica The Drinking Show, los curadores Sasha Wolf, Matthew Pillsbury y Peter Kayafas recorrieron diferentes galerías y archivos fotográficos para reunir en un mismo espacio imágenes de diferentes sujetos y sus bebidas. 

Desde la siempre glamourosa Marilyn Monroe hasta personajes montados en una escena de resaca, la bebida sirve como pararrayos y espejo: la bebida, ese lubricante social, aporta su presencia fantasmal a la escena, produciéndola a su vez para el fotógrafo y evidenciando al sujeto. Tal vez sea precisamente eso lo mejor y lo peor del alcohol: su capacidad para hacer que las máscaras caigan y los deseos --admitidos o no-- salgan a la superficie.

Por eso, mejor moderación.

Salud.

[Slate]

Experimentos erróneos y accidentes fatales: 10 tragedias captadas en video (VIDEO)

Por: pijamasurf - 08/11/2013

Cuando el horror y la fascinación son indiferenciables de la imagen que el ojo ciego de la cámara registra.

La presencia de una cámara vuelve doble al espectador: por un lado, la imagen de la cámara (sea foto o video) es el único marco del que disponemos como espectadores para presenciar el evento registrado; por otro lado, el que sostiene la cámara no puede abstraerse a sí mismo de la situación, y la forma en que los movimientos del camarógrafo son también indicios de la conmoción que le produce el evento.

En los 10 clips de este video, el observador se debate igualmente entre dos modos contrapuestos pero no mutuamente excluyentes de la mirada: el horror y la fascinación. 

La mirada no puede dejar de sentir empatía por lo que se registra pues, a diferencia de la mirada artística del cine o la fotografía, estos 10 segmentos fueron captados por periodistas, por documentalistas, o por aficionados que asistían a algún evento de entretenimiento. Queda abierta la pregunta: ¿puede considerarse una forma de suerte el hecho de asistir como testigo a una tragedia como las arriba mostradas, o el accidente de que alguien estuviera grabando sólo refuerza, con su presencia, la tragedia misma?