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Kósmica 2013: el estimulante diálogo entre el arte y la astronomía en el Laboratorio Arte Alameda de la Ciudad de México

Por: pijamasurf - 08/05/2013

El Festival Kosmica celebra su segunda edición en México; este 8, 9 y 10 de agosto conoce algunas de las propuestas de diálogo más estimulante entre el arte y las ciencias astronómicas.

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KOSMICA en un festival artístico multidisciplinario que apenas en 2012 celebró su primera edición en México, si bien desde 2008 tuvo actividades en Londres, como parte de un esfuerzo de la Federación Internacional de Astronáutica (con sede en París), el Comité Técnico para los Usos Culturales del Espacio (ITACCUS), The Arts Calalyst (Londres). Junto con la incitativa del artista mexicano Nahum, que da vida a Kosmica, el encuentro galáctico que ahora se realiza regularmente en Reino Unido, Francia y Bélgica presenta más de 80 artistas y científicos que abordan la exploración espacial desde una perspectiva artística y cultural. Y anualmente en México,  lugar en el cual se presenta como festival con duración de tres días.

Esta segunda edición de KOSMICA México incluirá a más 15 invitados internacionales que trabajan en los aspectos culturales y artísticos de la exploración espacial. Arte en gravedad cero, experimentos sonoros en el espacio, música cósmica, la vida más allá de la Tierra, cultura queer en programas espaciales, ciencia ficción y astrofuturismo se fusionan en este evento único en México. Destaca la participación de:

Ariel Waldman (EEUU), fundadora de Spacehack.org, socia del Institute For The Future y recientemente nombrada miembro del comité de la National Academy of Sciences para el estudio del futuro de los viajes espaciales tripulados; Waldman hablará en esta ocasión sobre SpaceHack, plataforma que muestra las diferentes maneras de participar en la exploración espacial de maneras alternativas.

Ale de la Puente (México), en un performance junto con el Chef Enrique Olvera, en donde ambos discutirán sobre la teoría del Big Bang y el inicio del universo por medio de la preparación de mole. Durante su trabajo más reciente de la Puente trabaja con científicos del Instituto Nacional de Astronomía en México. Mientras que el Chef Olvera “se ha definido al paso de los años por la obsesión hacia los detalles, la sutileza en la elección de ingredientes y la construcción de sabores así como en una dinámica de evolución constante y honda exploración en el potencial culinario de México”.

Colectivo Espacial Mexicano (México), un grupo conformado por once artistas contemporáneos (compositores, músicos y artistas electrónicos) que se unieron bajo la dirección de Juan José Díaz Infante Casasús. El Colectivo Espacial Mexicano presentará en esta ocasión un performance/concierto el cual consiste en utilizar señales de varios satélites utilizando antenas y equipos GPS para procesar estas señales y así sonificarlas y procesarlas creando un concierto de la actividad satelital.

Nicola Triscott (Reino Unido), productora cultural y escritora especializada en las intersecciones en el arte, la tecnología, la ciencia y la sociedad, además de fundadora y directora de The Arts Catalyst, una de las organizaciones artísticas que comisiona arte experimental y crítico relacionado con la ciencia. Triscott presentará su trabajo con las Naciones Unidas y un grupo de artistas en donde promueven los usos pacíficos del espacio exterior.

Anais Tondeur (Francia) y Nahum (México) presentaran el performance "Un caso para Levania" a partir de una investigación en donde ambos artistas han recolectado piezas de información sobre una serie de mecanismos empleados para viajar al espacio en 1620. El performance consistirá en una charla académica en donde realizarán experimentos utilizados por Kepler para viajar a la Luna por medio de un ritual con la ayuda del demonio de Levania, el cual se manifestará en forma de cohete espacial a través de una revelación mágica.

Dr. Miguel Alcubierre Moya (México), Investigador Titular en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM y Director desde 2012 de dicha institución. Especializado en la investigación de la relatividad numérica, es decir, la simulación computacional de sistemas astrofísicos utilizando la teoría de la relatividad general de Einstein, Alcubierre hablará sobre dicho tema en su presentación "Más rápido que la luz".

Nick Campion (Reino Unido), investiga la historia de la astronomía y la astrología así como su lugar en la cultura contemporánea, en la magia, en el pensamiento milenario y apocalíptico, en ideas y prácticas paganas entre otros.  Actualmente escribe el libro Astrology and Cosmology in the World’s Religions para la New York University Press. La ponencia que presentará en el Laboratorio Arte Alameda será sobre la relación entre carreras espaciales y sectas mágicas, así como el origen de programas espaciales en ideas y prácticas mágicas.

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Se trata, en suma, de una buena oportunidad para conocer proyectos en los que ciencia y arte entablan un diálogo fructífero y estimulante.

En este enlace, el sitio web de KOSMICA.

Más allá de la poesía y la ontología que florecen en este ‘estado’, la oscuridad también es un recurso natural y hoy se encuentra amenazado por la luz artificial.

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Así la oscuridad será la luz, y la quietud la danza. 

 TS Eliot

Históricamente la oscuridad ha desempeñado un papel fundamental en la cosmogonía de toda sociedad humana. Asociada a divinidades, fuerzas creativas, entornos mitológicos y estados mentales, lo cierto es que pocas veces, quizá por la falta de necesidad, la concebimos en su plano más básico, es decir, como un recurso natural.

Más allá de la esencia poética de este ‘estado’, aspecto entrañable en su naturaleza, la oscuridad es un ingrediente indispensable para el equilibrio de las cosas. Lo anterior no solo dicho en sentido metafórico, sino que los ecosistemas, así como el orden natural, requieren de su presencia para mantener su funcionalidad.

Es evidente que hoy, más que nunca, somos una especie ‘electrizada’. Buena parte de nuestras actividades cotidianas se apoyan en el uso de luz eléctrica, y las concentraciones urbanas actúan de noche como monumentales candelas, oponiéndose así al entorno natural que les rodea, la oscuridad de la noche.  

Por está razón, diversos especialistas están pujando por establecer un índice internacional de niveles de oscuridad, tarea que el National Parks Service Night Sky, de Estados Unidos, ya se encuentra desarrollando. Al respecto, Paul Bogard, autor del libro The End of Night: Searching for Natural Darkness in an Age of Artificial Light, advierte en entrevista que:

Una de las razones por las que es tan importante identificar los distintos niveles de oscuridad, es para que reconozcamos que la estamos perdiendo –algo que no sucederá a menos que tengamos un nombre para designar las etapas de este proceso. Y a la vez, representa una forma de nombrar aquello que podemos recuperar.

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Originalmente el combate contra la oscuridad se debe a una búsqueda por estar más seguros frente a las amenazas de la noche. Pero este legado, relacionado, supongo, al instinto de supervivencia, no responde en sí a una necesidad de ‘ver’ el entorno con detalle, sino solo lo necesario para hacerlo conciente –y así disponer de lo necesario para estar a salvo. 

Hace unos años nació el concepto de contaminación lumínica, que se refiere a los excesos de luz artificial en entornos urbanos, y las repercusiones negativas que esto puede acarrear. Entre estos podríamos mencionar la alteración de los ritmos naturales dentro de las ciudades, algo que afecta, por ejemplo, al desarrollo de las plantas o el violentar los ritmos circadianos dentro del reloj biológico de las personas, lo cual a su vez conlleva problemas en nuestra salud.

Más allá del debate en torno a la seguridad que provee la iluminación artificial, aparentemente lo que hace de esta práctica un agente de desequilibrio, es el exceso. En realidad recurrimos a la luz artificial, tanto públicamente como en privado, mucho más de lo necesario –de hecho hemos generado una especie de dependencia psicocultural a la luz eléctrica. Lo cual no solo amenaza las bondades de la oscuridad como una fuerza equilibrante, también tiene un impacto negativo contra la sustentabilidad –se calcula que tan solo en Estados Unidos la sobre-iluminación implica el gasto de 2 millones de barriles de petróleo al día.

De manera complementaria, y ya desde un punto de vista estético, la contaminación lumínica impide a los habitantes de  ciudades alrededor del mundo, disfrutar de una de las actividades más seductoras que tenemos a nuestro alcance: contemplar los cielos nocturnos. Por ejemplo ¿cuántas veces nos hemos privado de una lluvia de estrellas por estar sumergidos en los millones de bulbos encendidos dentro de nuestra ciudad?

Imagino que lo que toca tras escribir, o leer, este artículo, es cuidar nuestro uso de la luz eléctrica, diluir en la sombra ese trauma panóptico por ver y ser visto, aún de noche. Participar en la construcción de una cultura en contra de la sobre-luminidad urbana, y a favor de los cielos estrellados, y reconciliarnos, en un plano psicocultural, con la oscuridad como una generosa acompañante. 

En lo personal siempre he admirado la oscuridad. Creo que se trata del mejor amigo de la luz –el simbiótico matrimonio de los opuestos. La elegancia de la sombra me inspira, y el eclipse me parece un ritual apasionante. Las aves nocturnas me producen una genuina fascinación –en particular los búhos–, y en la noche, en su oscuridad, encuentro uno de los más estimulante motores de la creatividad. Pero jamás me había tocado reflexionar en la oscuridad como un recurso natural, y mucho menos dimensionar la amenaza que hoy enfrenta este invaluable bien. Escribo este artículo con la simple intención de que pronto seamos más las personas concientes sobre este fenómeno, y que juntos protejamos a la oscuridad –recordemos que, a fin de cuentas, ella jamás nos ha abandonado.  

Twitter del autor: @ParadoxeParadis