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El pornwall británico se extiende a bloquear sitios de internet esotérico en lo que podría percibirse como un adoctrinamiento de las mentes de los jóvenes que evoca el paisaje mental de The Wall.

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La polémica censura de sitios del gobierno de David Cameron plantea incluir sitios esotérico a la ya consabida intención de censurar material pornográfico (pornwall). Cameron y la parlamentaria Claire Perry proponen tener una configuración por default de control parental ejercida por los proveedores de Internet. La medida que aparentemente busca regular y proteger a los jóvenes de "material pornográfico, material violento, contenido relacionado al terrorismo, anorexia y desordenes alimenticios, sitios relacionados al suicidio, alcohol, tabaco, foros, material esotérico, sitios de herramientas para desboloquear y navegar sin firewalls".

Si de por sí la censura del porno presenta un problema de edición enorme, al incluir temas como lo esotérico o lo que tiene que ver fumar, el gobierno británico se enfrenta con un gran dolor de cabeza. Por otra parte censurar temas esotéricos fácilmente puede ser interpretado como una censura ideológica orientada a mantener el status quo. La forma de resolver este predicamento es fácil simplemente censurando grandes cantidades de sitios y haciendo buena parte de Internet inaccesible (pasando la brocha gorda). Si has trabajado en alguna corporación con una moral muy sensible, donde sitios como Pijama Surf están vetados, ya sabes lo que será. Al menos de que organizaciones como el Open Rights Group logren impedir esta tentativa.

 

La neuroarquitectura es una tendencia, ya consolidada, del "arte de los espacios" que abre nuevas dimensiones y criterios para modelar nuestro entorno físico.

¿Alguna ve te has preguntado por qué en ciertos espacios tiendes a sumergirte en ciertos estados de ánimo? ¿Por qué hay cuartos de tu propia casa que facilitan tu concentración mientras que otros simplemente parecieran invitarte a la dispersión? ¿Sabías que tu mente podría estar siendo influenciada, justo en este momento, por el espacio físico que te rodea mientras lees este artículo?

Históricamente la relación entre la mente y los espacios arquitectónicos ha sido contemplada en diversas culturas y bajo distintos fines. Por un lado tenemos la distribución de los recintos sagrados, adherida a premisas de numerología y magia para incentivar prácticas místicas y alojar complejos ritos iniciáticos, o la enteoarquitectura, filosofía que propone el uso del espacio para inducir estados alterados de conciencia. En otro ejemplo, esta la arquitectura panóptica, propia de las prisiones, y la cual está diseñada para facilitar una permanente vigilancia (y la sensación de estar siempre vigilado). En pocas palabras el ser humano se ha percatado del influjo que una cierta disposición del espacio tiene sobre la psique, y que si esta variable se contempla intencionalmente al momento de construir un inmueble, pueden conseguirse resultados específicos.

En décadas recientes esta noción psicoarquitectónica se ha alimentado de propuestas como el diseño biofílico y modelos similares, que contemplan los efectos anímicos y psicosociales que un determinado inmueble tiene sobre la mente humana. Sin embargo, de acuerdo con el arquitecto y sociólogo John Zeizel, el siguiente reto para ‘el arte de los espacios’ es intimar con el cerebro, entender como funciona y el por qué hay espacios que favorecen ciertos estados de ánimo.  “La calidad del ambiente construido puede afectar el desempeño del cerebro” adviertela arquitecta Alison Whitelaw.

Si bien este concepto de neuroarquitectura no es nuevo, lo cierto es que tampoco ha logrado consolidarse plenamente como una corriente. La Academia de Neurociencias para la Arquitectura (ANFA), fundada hace una década, confía en que ahora la ciencia del cerebro está en posibilidad de generar un parteaguas en el desarrollo arquitectónico. Y según el actual contexto, que incluye un creciente interés de inversionistas por financiar estudios y desarrollar proyectos en este campo, durante la próxima década bien podría consagrarse como una tendencia decisiva en nuestra futura relación con los espacios.

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En los próximos ocho años seguramente veremos reafirmarse algunos preceptos arquitectónicos, entre ellos la tecnosustentabilidad, la simplificación, sofisticación y economización del espacio (y del costo de construcción), y la exploración estructural del movimiento (inmuebles con flexibilidad inédita). Sin embargo, creo que pocas potenciales tendencias resultan tan intrigantes en este campo como la neuroarquitectura.

Con la vertiginosa transformación de los aspectos más importantes de la existencia humana, pulsos evolutivos desdoblados en áreas tan disímiles como la espiritualidad y la economía, el arte, la comunicación y la tecnología, parece que estamos en un momento óptimo para encarar esta seductora posibilidad: replantear el diálogo entre nuestra mente y el espacio físico que habitamos. En caso de lograrlo, en unos cuantos años podríamos estar programando recintos que faciliten ciertas funciones cognitivas, favoreciendo así la recuperación de la salud (en el caso de lugares dedicados a la sanación), el aprendizaje y concentración (dentro de escuelas y academias), la creatividad (en talleres artísticos) y la psiconaútica (dentro de espacios re-creacionales).

Pero mientras esto sucede, no puedo más que recomendarte que observes y especules sobre el impacto que tus diversos espacios cotidianos inducen en tu mente –un recordatorio a practicar la mejor técnica de detección de tendencias a la que tenemos acceso, la simple observación–.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis