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El pornwall británico se extiende a bloquear sitios de internet esotérico en lo que podría percibirse como un adoctrinamiento de las mentes de los jóvenes que evoca el paisaje mental de The Wall.

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La polémica censura de sitios del gobierno de David Cameron plantea incluir sitios esotérico a la ya consabida intención de censurar material pornográfico (pornwall). Cameron y la parlamentaria Claire Perry proponen tener una configuración por default de control parental ejercida por los proveedores de Internet. La medida que aparentemente busca regular y proteger a los jóvenes de "material pornográfico, material violento, contenido relacionado al terrorismo, anorexia y desordenes alimenticios, sitios relacionados al suicidio, alcohol, tabaco, foros, material esotérico, sitios de herramientas para desboloquear y navegar sin firewalls".

Si de por sí la censura del porno presenta un problema de edición enorme, al incluir temas como lo esotérico o lo que tiene que ver fumar, el gobierno británico se enfrenta con un gran dolor de cabeza. Por otra parte censurar temas esotéricos fácilmente puede ser interpretado como una censura ideológica orientada a mantener el status quo. La forma de resolver este predicamento es fácil simplemente censurando grandes cantidades de sitios y haciendo buena parte de Internet inaccesible (pasando la brocha gorda). Si has trabajado en alguna corporación con una moral muy sensible, donde sitios como Pijama Surf están vetados, ya sabes lo que será. Al menos de que organizaciones como el Open Rights Group logren impedir esta tentativa.

 

En oposición a los medios tradicionales y las agendas que velada o francamente manejan, existen sitios y bases de datos en Internet que ofrecen información de primera mano sobre la guerra actual en Siria.
[caption id="attachment_63444" align="aligncenter" width="499"]Un rebelde cruza una calle de Alepo cuidándose de los francotiradores. Un rebelde cruza una calle de Alepo cuidándose de los francotiradores (JM LOPEZ/AFP/Getty Images)[/caption]

Por estos días parte de la atención internacional está puesta en Siria, país que en los últimos meses se ha visto envuelto en conflictos de tipo civil y militar que alcanzó un momento de especial riesgo luego de ocurriera un ataque con armas químicas el pasado 21 de agosto. A partir de este suceso, la maquinaria de la política internacional de Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, se puso en marcha para hacer suyo el problema.

Sin embargo, como usualmente sucede en estas situaciones, la información que se maneja y que se difunde con mayor amplitud no es siempre la más confiable. La manipulación sutil de las fuentes puede hacernos pensar el conflicto desde un ángulo que, quizá, no sea el real, por lo que es importante conocer algunas fuentes de información tan cercana como sea posible al lugar y el momento mismo de los sucesos.

Soazig Dollet, de Reporteros Sin Fronteras, declaró al respecto que tanto autoridades sirias como grupos opositores han incurrido en desinformación sobre lo que ocurre en el país. Si a esto se suma el hecho de que por el conflicto hay pocos observadores independientes y todavía menos corresponsales extranjeros, el panorama para los medios tradicionales parece poco optimista.

En este sentido, el llamado “periodismo ciudadano” cumple una función imprescindible en un país que según el Pew Research Center es ya el más peligroso del mundo para realizar esta actividad. Lo interesante de estos datos es que 7 de cada 10 periodistas muertos en Sitia, en realidad eran ciudadanos, no profesionales.

De entrada destaca el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, un sitio creado por Rami Abdul Rahman que por su seriedad y rigor cuenta con la aprobación del New York Times, Reuters, la agencia AP y otros medios de comunicación. Gracias a cuatro hombres en Siria que mantienen contacto con más de 230 activistas, Rami Abdul Rahman colecta información sobre las protestas y el conflicto en general.

En Internet también se encuentra disponible la base de datos del Centro de Documentación de Violaciones, que hasta la fecha ha contabilizado casi 72 mil muertes de “mártires”, todos con nombres, edad, causa y lugar de muerte e incluso su perfil de Facebook, confrontando los datos de manera separada con diversas fuentes antes de validarla.

Por último se encuentra Syria Tracker, un proyecto open source creado en colaboración con Ushahidi (una compañía de software libre sin fines de lucro) que toma información de activistas y de los medios para mapear las muerte ocurridas durante el conflicto. Un esfuerzo igualmente riguroso que corrobora cada uno de los decesos antes de fijarlos en su mapa interactivo.

Otros sitios populares aunque, según algunos, no del todo fiables, son Shaam News Network y Aleppo Media Center. El primero se trata de una página en Facebook que comenzó a ganar notoriedad por ser uno de los primeros lugares de Internet en publicar imágenes sobre los ataques químicos mencionados; el segundo lo mantiene un grupo de voluntarios que viven y trabajan en Alepo, a pesar de la situación de sitio que vive dicha ciudad siria.

Al final se encuentran ciertos nodos de información cuyo propósito es francamente manipulatorio, para cualquiera de los bandos. Este es el caso de The Revolting Syrian, caracterizado por contenidos impactantes pero difíciles de verificar en su veracidad.

Es posible que la guerra sea una práctica atávica de la especie humana, pero no la información que podemos tener de su desarrollo, no en nuestra época —y quizá ahí se encuentre la posibilidad de acabar con dicho atavismo.

Con información de New Republic