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Nuevo juego parodia la economía de vigilancia en la que vivimos, mostando de manera lúdica y crítica que nuestra información tiene un valor monetario y está siendo minada.

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"¿Legal, ilegal? Da igual", es el slogán de un nuevo juego en línea que parodia el actual sistema de minería de datos que permea toda nuestra actividad en internet. No sólo todo lo que hacemos en el mundo digital está siendo vigilado, registrado y prontamente analizado --también está siendo monetizado. Desde hace varias décadas el dinero entró en un proceso de transformase en información (sin un soporte material) y ahora, si bien la información siempre había sido valiosa, esta también puede cuantificarse como un valor monetario. Cada like, cada búsqueda, cada email, cada dato demográfico que revelas tiene un valor para los sitios de Internet, para las compañías de marketing y para los gobiernos.

En Data Dealer, que se describe cómo "PRISM, el juego" (haciendo alusión al sistema de espionaje de EE.UU), los jugadores deben amasar un imperio de datos personales y aprender a convertir esta información en dinero. Para hacerlo se adquieren todo tipo de perfiles a través de redes sociales, aplicaciones móviles e incluso trabajadores ordinarios y se vende la información a compañías de seguros, recursos humanos y departamentos de agencias gubernamentales --una de ellas una versión del NSA, la agencia que maneja el programa PRISM, que obliga a Google, Facebook y otros sitios a entregar datos de sus usuarios. Los usuarios de Data Dealer, además, deben de aprender a extraer información adicional de los datos que tienen correlacionándolos como haría una agencia de marketing o de análisis y a lidiar con quejas ciudadanas, hackers, medios críticos y activistas cíviles --como la haría la CIA o Facebook. La atracción del juego, evidentemente, tiene que ver con que caricaturiza genialmente lo que sucede en el mundo digital en el que habitamos, mostando la falta de escrúpulos que rige el mercado. 

 

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"Si les dices a las personas que deben de tener cuidado, nadie escucha. Es aburrido", dice Wolf Christi, uno de los desarrolladores austriacos de Data Dealer. "La intención del juego es hacer que las personas entienden algo --qué tipo de data existe, qué atributos son recolectados, quién está coleccionando los datos y para qué los están usando".

La importancia del juego, que se encuentra en versión demo pero que ha recibido fondos de Kickstarter para una versión interactiva más completa, tiene que ver con que, si bien a muchas personas no les importa que sitios de Internet y agencias del gobierno conozcan o hagan pública su información privada, a muchas si les importará que además se tengan ganacias multimillonarias con esa información. La economía de la vigilancia, que se sirve de  los datos de los consumidores para hacer más competitivos sus servicios, opera de manera sigilosa en internet dentro de una laguna de opacidad. No sólo sitios como Facebook o Google se benefician de tus datos, vendiendo anuncios y desarrollando herramientas más efectivas, cuando navegas en páginas como el New York Times o Time Magazine, entre otras, distintas compañías han insertado un código de tracking para minar tu data y  saber cómo interactúas con esa página, qué compras, que te gusta, etc. A través de cookies pueden saber también tu historial de navegación y detallar tus preferencias, esto incrementa enormemente el valor de los anuncios que ofrecen.

Por otro lado la minería de datos, con herramientas de análisis cada vez más sofisticadas, permite la predicción de comportamientos y la formación de perfiles sociales detallados. Esto es de gran valor tanto para los gobiernos como para muchas compañías --lo cual genera una flamante nueva divisa. Un ejemplo del potencial comercial que tiene la información social ha sido transparentado por la nueva herramienta de búsqueda de Facebook, Social Graph. Con esta herramienta podemos conocer las preferencias musicales, cinematográficas o los lugares favoritos para comer no sólo de millones de individuos, sino de grupos sociales minuciosamente segmentados --además de una pavorosa herramienta de stalking es una mina de oro para el marketing. El valor está en las conexiones, en las relaciones, como el mismo Zuckerberg ha dicho, en lo social. Facebook es el más grande focus group de la historia, y hace de la sociedad entera un focus group. 

Difícilmente habrá vuelta atrás en esta tendencia de agrupar datos personales y formar perfiles de interacción, de afilar los targets y de crear publicidad que parece "leer la mente". Queda, sin embargo, la posibilidad de estar conscientes de que nuestros datos son minados y monetarizados, de  crear ficciones digitales que burlen la minería o de utilizar herramientas que nos regresen cierta privacidad. Recordar, por otro lado, que todos somos data dealers y que aquello que decides compartir contribuye al estado mental general del mundo. 

Aquí una lista de herramientas que puedes usar para relativamente navegar sin ser minado

[New York Times]

Twitter del autor: @alepholo

El azar y la contingencia intervinieron para provocar la viralización de un cortometraje realizado a partir de los mensajes encontrados en una vieja contestadora abandonada en un mercado de pulgas en Argentina.

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En una feria de antigüedades de Buenos Aires se vende una vieja contestadora automática, con su correspondiente cassete usado por última vez en 1998. Un joven coleccionista compra el aparato y al reproducir la cinta se encuentra con una joya de la narrativa amorosa: una seguidilla de mensajes que una mujer al borde de un ataque de nervios, María Teresa, le deja a su circunstancial ex, Enrique.

Un tiempo después, un ilustrador conocido como El Niño Rodríguez decide reutilizar ese audio y dirigir en un corto a la deliciosa Andrea Carballo, estrella del off porteño. El resultado es "Ni una sola palabra de amor", un magistral trabajo de lipsync que ya dio la vuelta al mundo, les dio fama a María Teresa y Enrique, pareja sobreviviente, y viene arrasando en diferentes festivales de cine.

Por otro lado, según dio a conocer el diario argentino Clarín, la voz que protagoniza involuntariamente  “Ni una sola palabra de amor” dejó de ser anónima luego de que el propio periódico se diera a la tarea de buscarla. Entre otras cosas, María Teresa relató lo siguiente:

Es la historia de un matrimonio de 30 años y los 10 llamados fueron un punto, un episodio. Detrás de eso hay una historia que supera a la ficción pero que es interesante de analizar para ver cómo se sigue después de un distanciamiento así. Uno piensa que era un drama amoroso pero había otras connotaciones, problemas financieros... Todavía es más interesante para las mujeres porque debemos ser muchas las que estamos en esas situaciones. Yo le había dado un raje violento pero necesitaba que volviera. Yo siempre digo que si viene Campanella y me pregunta sobre la historia, hacemos una película ya.