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Entre el Om y el glam ha florecido una generación de practicantes que perciben, y proyectan, al yoga como una herramienta de sexy status.

 

Unknown

Sugerente flexibilidad, glamour saludable, y erotismo cuasi-místico, son algunos conceptos que actualmente podríamos asociar con el yoga –o al menos hay un mercado que eso procura. Hoy en día ser maestro(a) de esta ancestral disciplina, o practicarla habitualmente, equivale a formar parte de la sexy iconografía pop del imaginario colectivo: poseer un cuerpo envidiable, mantener una sofisticada relación con tu salud física y tu alimentación, y estar en sintonía con una exigente moda.

Lo cierto es que la practica del yoga no siempre estuvo respaldada por una millonaria industria de accesorios y aditamentos, ni por un status ligado a la estética física y el coolness sociocultural. Claro está que hay miles de practicantes que mantienen una genuina relación con la esencia del yoga, pero su masiva popularidad detonó una inercia de frivolización, particularmente inclinada al culto del cuerpo según los cánones occidentales y, consecuentemente, a su sexualización.       

Los orígenes y la llegada a Occidente

La primera vez que apareció escrito el término yoga fue en el Katha Upanishad, alrededor del 400 a.C., y se refería más a una especie de tecnología espiritual, ligada al control de los sentidos, que a un sistema filosófico o una práctica física. Poco después el Bhagavad Gita dedicaría un capítulo completo al yoga, el sexto, y eventualmente, entre los siglos I y V, se consolidaría como un sistema filosófico que sería adoptado por diversas tradiciones –entre ellas el budismo, el hinduismo y el sikismo.

 

En occidente no fue hasta mediados del siglo XIX que el yoga apareció por primera vez, respondiendo al interés de un reducido grupo de intelectuales, y ya en la década de los 60's, con la ebullición hippie y la popularización de la cultura oriental, el yoga se consolidaría como un instrumento de desarrollo holístico. Vale la pena aclarar que en los años siguientes se mantendría un énfasis en el aspecto espiritual de la práctica, el cual era complementado por la ejercitación del cuerpo físico. 

¿Om o glam?

“A menos que me haya perdido yo un comunicado advirtiéndolo, la espiritualidad no es exclusiva de chicos guapos, caucásicos, con buen cuerpo, que tienen más dinero del que saben como gastar.”

Lo anterior fue escrito por Chris Grosso en una crítica a la sexyficación del yoga, y aunque pueda sonarnos un tanto radical, creo que existen ciertas manifestaciones que podrían justificar su denuncia –por ejemplo, el que exista una línea llamada Urban Zen, de Donna Karan. 

Pero más allá de criticar la moda yoguística, que en lo personal prefiero que el pulso pop se vierta hacia prácticas sanas que hacia otras destructivas, resulta interesante preguntarnos ¿que sucedió en los últimos veinte años con el yoga? ¿qué ocurrió entre esas reuniones de personas ataviadas con atuendos psicodélicos en los 70’s, intentando canalizar una búsqueda espiritual, genuinamente o no, y las nuevas ‘health models’ que aparecen en decenas de sensuales videos promocionales? ¿qué hay entre el Om de Yogui Bhajan y el glam de Miranda Kerr?images

El mercado del bienestar

Supongo que buena parte de la respuesta está en el mercado: es mucho más fácil construir una industria rentable en torno al yoga si añadimos el ingrediente sexual que si enfatizamos en el desarrollo del espíritu. Y atrás de esa intención de mercado hay una estructura mediática que fomenta la percepción de esta práctica como una herramienta para acercarnos al sexo estereotipado –si tecleó las palabras sexy yoga en mi buscador, Google me arroja más de 56 millones de resultados.

Vale la pena aclarar que de los ‘hacedores de mercados’ no se podría esperar algo diferente, pero en cambio no deja de llamar la atención que miles de personas se hayan ligado a esta práctica desde esa lamentable perspectiva, y peor aún si le añaden pinceladas espiritualoides: desde mujeres que hacen yoga con el explícito fin de modelar sus cuerpos al estilo de las chicas ultra-fit que protagonizan los materiales promocionales (o de amigas que obtuvieron increíbles resultados y se los recomendaron), hasta hombres que ven en esta disciplina una vía corta (y quizá, de rebote, saludable), para engrosar su curriculum sexual.

Evidentemente no tengo una respuesta contundente a las interrogante aquí planteadas pero, en cambio, si la curiosidad para invitarte a una reflexión compartida en torno a este fenómeno. En fin, supongo que solo me resta preguntarte ¿te parecen sensuales mis chakras? A mi no.

 Twitter del autor: @paradoxeparadis 

 

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Con esta entrega finaliza la reflexión de Jason Horsley en torno al fenómeno OVNI y sus implicaciones más allá de las concepciones culturales comunes que se asocian con este y, mejor, como una proyección de ciertas inquietudes de nuestra mente individual y colectiva.
[caption id="attachment_61858" align="aligncenter" width="630"]ufo-ester-rogers Ester Rogers[/caption]

El ego se niega a angustiarse por las provocaciones de la realidad, a dejarse ser obligado a sufrir. Insiste en que no puede ser afectado por los traumas del mundo exterior; demuestra que, de hecho, esos traumas presentan más ocasiones para obtener placer.

—Sigmund Freud

Espero que no haga falta decir que explorar la idea de las percepciones (relacionadas con los OVNIS), al estar informados por creencias basadas en el primer trauma, es una “operación” muy delicada. Se relaciona directamente al sufrimiento y la consternación personal de los individuos, y corre el riesgo (de hecho es su principal objetivo) de exponer la ilusión necesaria (o ficción crucial) y así permitir que el trauma completo regrese a un nivel consciente. Mi interés es este, mis razones para excavar en áreas tan sensibles, es por lo tanto doble. En primer lugar, tengo muchas razones para creer que mis tempranas experiencias traumáticas, que fueron reprimidas por años, son aquellas que me llevaron a tener este interés casi obsesivo en el trabajo de Strieber. El segundo se debe a que mi principal enfoque ahora, tanto en la vida y como escritor, es detectar narrativas falsas, suposiciones incorrectas y percepciones distorsionadas, para así poder encontrar las bases de mi propia vida, tanto interna como externa.  Esto implica identificar los patrones del trauma que me han llevado a tener mi propio complejo de Mulder (una necesidad de creer en lo imposible) e, inseparablemente, han determinado el tipo de ficciones a las que me siento atraído, crucial para mis propias estrategias de defensa. Solo al hacerlo puedo deshacerme de la parcialidad perpetua (esa infantil creencia “en la magia”) y así ver qué hay detrás, es decir, qué es exactamente lo que mis percepciones están percibiendo realmente, pero que hasta ahora, no me he permitido ver.

Irónicamente, experimentadores de lo alienígena como Strieber, tienden a sugerir que la negación, el necio rechazo de ver “la verdad” (allá afuera), le pertenece a aquellos que se rehúsan a aceptar al OVNI y todo lo que este implica (lo imposible). No es que estén equivocados; pero al identificar dichos puntos ciegos fuera de sí mismos, podría reforzar su propia ceguera, su rechazo y negación de ver que “lo alienígena” no es y nunca será lo que parece ser, al menos hasta que el trauma psicológico que han creado (o convocado) a dichos complejos y a los que han otorgado una realidad casi física, haya sido identificado. Solo entonces, podemos ver que el extraterrestre somos nosotros, y que somos algo completamente diferente a nuestros patrones de creencias, nuestras ilusiones, esperanzas o nuestro trauma diciéndonos que lo somos.

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Cualquier cosa oculta es un secreto. Mantener secretos funciona como un veneno psíquico que enajena a su poseedor de la comunidad. En dosis pequeñas, de hecho, este veneno puede ser un remedio invaluable, uno preliminar y esencial para diferenciar al individuo.

Carl Jung, El hombre moderno en busca de su alma

Estoy consciente de que no debería necesariamente tomar la palabra de Strieber literalmente cuando este pide que lo tomemos seriamente, no más al menos, de lo que deberíamos tomar las palabras de otras personas. Las personas rara vez quieren decir lo que dicen, porque rara vez saben lo quieren decir o lo que están diciendo en realidad.

Queremos que las personas tomen lo que decimos con seriedad. Lo que eso realmente significa, la mayor parte del tiempo, es que queremos que nos crean (y más que nada, que estén de acuerdo con nosotros). No queremos ser comprendidos necesariamente (aunque digamos que sí), porque ser comprendidos significa ser vistos como somos en realidad. No queremos ser vistos como somos, sino como nos gustaría que nos vieran y como escogemos creer que somos, estos últimos dos son prácticamente iguales. (Creo que los autistas tienen la habilidad natural de ver y escuchar lo que está oculto detrás de lo que las personas le presentan al mundo, y es por eso que a los autistas les cuesta mucho trabajo entender las señales sociales y por eso de la misma manera, les cuesta mucho trabajo ser entendidos).

Lo que pienso de Strieber es que sus relatos son relatos profundamente personales a los que ha atribuido un significado universal, de esa manera inadvertidamente obscureciendo su significado real. “The Prisoner of Infinity” es un intento de encontrar un significado oculto, y si tiene éxito, estoy consciente de que podría resultar muy doloroso para Strieber, y puede ser percibido por él (y otros) como invasivo.

¿Acaso es invasivo señalar que el emperador realmente está desnudo? Depende de qué punto de vista tengan. Lo que pasa con la realidad, es que no tiene mucho respeto por nuestras ilusiones, incluyendo, o especialmente, la ilusión de la privacidad (una existencia discreta del ego). Desde el punto de vista del inconsciente, la privacidad es tan solo una palabra cortés para ser sigiloso, o para la negación. Y los secretos son tóxicos.

Por el peligro inherente de la misión, toqué el tema no como si se tratara de una investigación científica, sino más como un proyecto de arte, usando las creaciones creativas de Strieber (su ficción, no-ficción, los diarios y las grabaciones de audio de su sitio) como la materia prima para mi propia exploración creativa. “The Prisoner of Infinity” es una reinterpretación de la obra de Strieber y espero que logre ponerla en una luz nueva y más fascinante que antes. La intención del texto no es desprestigiarlo o restarle validez, pero revelar una dimensión más personal, y por lo tanto más vital y significativa.

Me he acercado a Strieber con esa intención, no como una revelación de conclusiones formuladas de antemano, sino como una encuesta a la que todos están invitados a participar —incluyendo, y especialmente dirigida, al mismo Strieber. “The Prisoner of Infinity” está tan escrito y terminado como lo está incompleto. La primera parte “Whitley’s Game”, está dividida en 12 capítulos que he estado compartiendo, semanalmente, con un pequeño grupo de lectores, recibiendo comentarios, discutiéndolos por Skype y grabando las conversaciones. Un par de semanas después, subo ese capítulo al sitio, junto con las conversaciones editadas (que incluyen collages musicales que mezclan canciones con las grabaciones de audio de Strieber y otras personas), imágenes de la red, y arte original hecho por mí, mi pareja u cualquier persona que desee mandar material. El único medio que todavía no presento es el video. En cuanto al grado en el que este proyecto se relaciona con Strieber, es tanto una manera de exponerlo como un homenaje, por lo que no es ninguno de los dos en realidad.

El trabajo viene con una “advertencia de gatillo” porque el material es muy sensible y creo que aquellos que pueden beneficiarse más de él también son aquellos, que como Strieber y yo, han sufrido algún tipo de trauma extremo en su historia temprana, y quienes podrían no estar consciente de ello.

Toda obra de arte, u obra que aspira a ser arte, tiene como modus operandi y raison d’etre la misma meta y metodología, esa de llevar luz a la oscuridad, o hacer lo que es inconsciente, consciente. Para el artista en cuestión, el elemento de la elección, en el proceso puede parecer, durante algunos momentos, menor o irrelevante o hasta ilusorio. Si fueron mis propios patrones neuróticos los que me obligaron a narrar esta “ficción crucial” o si me sentí inspirado por mi dharma espiritual, y cómo saber la diferencia o si hay alguuna diferencia, es algo que no intentaré contestar. Pero me encantaría saber qué es lo que piensan ustedes. 

Criado por el OVNI: Trauma, percepción y creencia —una nueva teoría de ufología (Primera parte)

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[Traducción de la serie: Adriana Morales]

Twitter del autor: @jakephas