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Una encuesta realizada en México indica que el 70.7% de las personas considera que existe un vínculo entre las redes sociales y la infidelidad.

 

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El uso de las tecnologías ha facilitado la comunicación a distancia, acercándonos con personas que viven lejos de nosotros o que no hemos visto en mucho tiempo. Incluso, hoy basta saber el nombre de una persona para contactarla.

Anteriormente las infidelidades estaban asociadas a los momentos no virtuales, en donde los espacios públicos físicos eran la única vía para conocer personas, mientras que hoy el mundo digital facilita el contacto con prácticamente cualquiera. Treinta años atrás, la relación con personas excluidas de nuestra cotidianidad era mucho más complicada, y por lo menos implicaba conseguir el teléfono particular o domicilio de alguien, teniendo qué pasar por el filtro de la persona que contestaba el aparato, quien no necesariamente era a quien buscábamos. Hoy en internet podemos recibir mensajes privados libres de íncomodas aduanas.

De acuerdo con lo anterior, la comunicación digital, y en particular las redes sociales, se han convertido en un enemigo para la estabilidad de las parejas –ya que facilitan enormemente el contacto con personas que podrían tener un interés sentimental o sexual. Recientemente la agencia Gabinete de Comunicación Estratégica, llevó a cabo vía telefónica una encuesta para detrminar la opinión de los mexicanos alrededor de la infidelidad.

El 50.7% de los encuestados declaró ser casado y únicamente el 15.8% dijo haber sido infiel en su vida. El género percibido por los participantes como el más infiel, fue el masculino con un 59.1%. Ante la pregunta ¿con quién consideras más probable que tu pareja pudiese serte infiel? el 26.8% respondio que con alguien de su trabajo, seguido de muy cerca, con 26.7%, de la respuesta: con un amigo.

Para la mayoría de los encuestados una infidelidad significa relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja: con un 67.1%, seguido de un 6.1% que definieron el acto como besarse con alguien más. El 70.5% asocian el alcohol con la infidelidad, mientras que la mayoría, el 46.8% no perdonaría a su pareja si les fuese infiel. El 55.0% afirma que los romances por internet sí califica como infidelidad, y el 70.7% relacionó este gesto al uso de redes sociales. Por su parte el 82.7% afirma jamás haber estado enamorado de dos personas al mismo tiempo.

Hasta hace unos meses, Facebook representaba un 20% de las pruebas utilizadas durante juicios de divorcio en Estados Unidos –según un estudio de la Asociación de Abogados Matrimoniales de este país. En México, de acuerdo con la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el 30% de los usuarios de Facebook han tenido problemas con sus parejas por mensajes o contactos con algunas personas.

Finalmente, aunque todos los medios faciliten que algunos fenómenos se reproduzcan, somos nosotros los que decidimos cumplir o no los acuerdos con nuestra pareja. Probablemente nos encontramos en un momento de la historia en el cual la fidelidad es más difícil que nuca, pero lo cierto es que esto no se traduce en una excusa válida.

Twitter del autor: @anapauladelatd

 

Neurociencia pretenderá "curar" los fanatismos religiosos (sobre los límites de la ingeniería cerebral)

Por: pijamasurf - 06/02/2013

¿Hasta qué punto la ingeniería neuronal podría hacer del nuestro un mundo más sano y seguro, y cuánta de nuestra libertad individual estaríamos dispuestos a perder para alcanzarla?

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La neuróloga Kathleen Taylor de la Universidad de Oxford sorprendió a los asistentes al Festival Literario de Hay, en Gales, cuando anticipó que durante los próximos sesenta años la ciencia del cerebro tratará los fanatismos religiosos como hoy en día trata las enfermedades mentales.

La doctora Taylor igualó las creencias "nocivas" de las personas con enfermedades psíquicas, refiriéndose específicamente a la radicalización de los cultos religiosos y las ideologías que  promueven comportamientos o soluciones violentas a conflictos.

"No hablo sólo de los candidatos obvios, como el Islam radical o cultos más extremos", dice la investigadora, "hablo sobre cosas como la creencia de que está bien golpear a tus hijos. Estas creencias son muy dañinas y no son categorizadas normalmente como enfermedad mental."

En su libro The Brain Supremacy ("La supremacía del cerebro"), Taylor afirma que los neurólogos de las próximas décadas no pueden evadir el tomar una posición moral respecto a la manipulación del cerebro humano. "Las tecnologías que cambian profundamente nuestra relación con el mundo a nuestro alrededor no pueden ser simplemente herramientas para el bien o el mal si alteran nuestra percepción mágica de lo que es el bien y el mal."

¿Será que lo único que la ciencia podrá ofrecer para mejorar --o sin ir tan lejos, para comprender-- el comportamiento humano serán nuevos diagnósticos para nuevas enfermedades? Debemos pensar que hace poco el médico Leon Eisenberg, quien describió el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) por primera vez durante los años 60, confesó que se trataba de una "enfermedad ficticia"; la película Hysteria (estelarizada por Maggie Gyllenhall) sugiere que el tratamiento prescrito a finales del siglo XIX, a saber, la masturbación del sexo femenino en condiciones clínicas, también se encaminaba a patologizar el deseo sexual femenino, un tema tabú en la sociedad victoriana.

Por otra parte, ¿hasta qué punto el interés por interpretar de manera transparente la conducta y las intenciones de los seres humanos obedece a una neurosis generalizada de seguridad, tal vez una ola más del tsunami que pasó sobre la historia moderna desde el 9/11? ¿Qué criterio determinará qué prácticas sociales pueden ser calificadas de extremistas o radicales y cuáles pueden ser admitidas, de modo que los derechos civiles sean respetados, pero también las libertades de culto y expresión?

La pregunta que debemos tener en mente es por los alcances últimos de la ingeniería de la conducta y sus peligros, que han sido abordados más ampliamente por la ciencia ficción que por la ciencia "como tal" (que muchas veces se disfraza a sí misma de ficción.)

[Raw Story]