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Nuevo campo de la genética afirma que las experiencias de nuestros antepasados se heredan a través del ADN

Por: pijamasurf - 06/13/2013

Las experiencias buenas o malas de nuestros antepasados se heredan a sus descendientes, provocando tendencias a ciertos comportamientos como la depresión o el alcoholismo. La idea del árbol genealógico toma un matiz nuevo con la epigenética conductual.

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Vamos a plantear una pregunta con cierta ingenuidad: ¿cómo sabe el ADN humano dónde colocar sus piezas para crear exactamente un ser humano particular? No hablamos de un individuo de la especie humana sino a una persona concreta, hijo o hija de ciertos padres, descendiente de cierta genealogía. De primera impresión podríamos pensar que la naturaleza trabaja sobre un cuadro básico de ingredientes, los cuales apenas sufren modificaciones a lo largo del tiempo. Pero según la investigación de un par de biólogos canadienses, las historias de vida (hábitos, estados emocionales, traumas psicológicos) de nuestros descendientes modifican y otorgan a nuestro material genético un grado extra de precisión.

La historia resumida comienza así: un neurólogo y un biólogo entran a un bar, toman un par de tragos y hablan con ligereza de sus respectivas líneas de investigación --al salir han creado un nuevo campo de la genética. Aunque no lo crean, esto es lo que les ocurrió en un bar de Madrid a Moshe Szyf (biólogo molecular y genetista de la McGill University en Montréal) y a su amigo Michael Meaney, neurobiólogo de la misma universidad.

Desde la década de los 70, los genetistas saben que el núcleo de las células utiliza un componente estructural de las moléculas orgánicas, el metilo, para saber qué piezas de información hacen qué --por decirlo así, el metilo ayuda a la célula a decidir si será una célula del corazón, del hígado o una neurona. El grupo metilo opera cerca del código genético, pero no es parte de él. Al campo de la biología que estudia estas relaciones se le llama epigenética, pues a pesar de que se estudian fenómenos genéticos, estos ocurren propiamente alrededor del ADN.

Los científicos creían que los cambios epigenéticos se producían sólo durante la etapa del desarrollo fetal, pero posteriores estudios demostraron que de hecho algunos cambios en el ADN adulto podían resultar en ciertos tipos de cáncer. En ocasiones los grupos metilo se ajustan al ADN debido a cambios en la dieta o a la exposición a ciertas sustancias; sin embargo, el verdadero descubrimiento comenzó cuando Randy Jirtle de la Universidad de Duke demostró que estos cambios podían ser transmitidos de generación en generación.

Si esta jerga genetista es ardua para algunos, digamos que Szyf y Meaney simplemente desarrollaron una innovadora hipótesis mientras tomaban un par de cervezas: si la alimentación y los químicos podían producir cambios epigenéticos, ¿era posible que experiencias como el estrés o el abuso de drogas también pudieran producir cambios epigenéticos en el ADN de las neuronas? Esta pregunta fue el punto de partida para un nuevo campo en el estudio de la genética: la epigenética conductual.

Según este nuevo enfoque, las experiencias traumáticas de nuestro pasado así como las de nuestros ancestros inmediatos dejan una suerte de heridas moleculares adheridas a nuestro ADN. Cada raza y cada pueblo, así, llevaría inscrito en su código genético la historia de su cultura: los judíos y la Shoah, los chinos y la Revolución Cultural, los rusos y los GULAG, los inmigrantes africanos cuyos padres fueron perseguidos en el sur de Estados Unidos, o bien una infancia de maltratos y padres abusivos --todas las historias que podamos imaginar están influídas por nuestros antecesores.

Desde este punto de vista, las experiencias de nuestros ancestros modelan nuestra propia experiencia de mundo no solamente a través de la herencia cultural sino a través de la herencia genética. El ADN no cambia propiamente, pero las tendencias psicológicas y de comportamiento se heredan: así, puede que no sólo tengas los ojos de tu abuelo, sino también su mal carácter y su tendencia a la depresión.

Así como la magia y las terapias psicodramáticas afirman que para curar a una persona es preciso revisar su árbol genealógico, la genética actual comienza a abrirse paso en un nuevo campo que podría hacer que las "maldiciones familiares" sean cosa del pasado.

[Discover Magazine]

Niño vestido de mariachi canta el himno de Estados Unidos (VIDEO)

Por: pijamasurf - 06/13/2013

Sebastián de la Cruz, un niño de padres mexicanos nacido en Estados Unidos, causó revuelo por cantar el himno de la Unión Americana pero vestido con un traje de mariachi.

 

En América, Estados Unidos es una suerte de imán o vórtice que atrae para sí cuantiosos fenómenos de la región. Su enorme capacidad de consumo es un factor decisivo para la dinámica económica del continente, generando efectos en circunstancias tan aparentemente diversas como la manufactura de productos, el narcotráfico y la migración.

Esto, a su vez, encuentra manifestaciones culturales concretas, que no sin cierta superficialidad podríamos entender como una tensión entre la hegemonía y la resistencia: por un lado la cultura estadounidense busca imponerse sobre otras culturas y, por otra, estas mismas se resisten a dicha dominación.

El conflicto no se resuelve siempre de la misma manera. A veces una triunfa sobre la otra, a veces la resistencia se revela efectiva y, pese a todo, una cultura local se alza orgullosa frente a los mecanismos avasalladores del imperio. Con cierta frecuencia lo que ocurre es un sincretismo, una síntesis en la que surge algo nuevo a partir de los elementos de ambas.

Ese podría ser un poco el caso de Sebastián de la Cruz, un niño de padres mexicanos en San Antonio, Texas, y por esta razón ciudadano estadounidense en toda regla y, sin embargo, depositario de dicha tensión cultural.

Recientemente Sebastián cantó el himno nacional de su país en un partido de la NBA, Miami Heat contra los San Antonio Spurs, solo que, para escándalo de muchos, lo hizo enfundado en un traje de mariachi, sin duda uno de los iconos más representativos de la cultura mexicana.

El nacionalismo es excluyente por definición, se construye solo a partir de la diferencia y la separación. Si además se considera que hay nacionalidades más excluyentes que otras, con mayor sentido de la rivalidad entre sí, entonces se entiende un poco por qué el gesto de Sebastián fue violento en sí mismo (en el sentido de imprevisto) y violento en sus efectos.

¿Cómo conciliar la unión de símbolos tan acabados de la identidad nacional de dos países que por casi dos siglos han desarrollado un marcado antagonismo?

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