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Impresora 3D traduce ondas cerebrales a objetos tangibles utilizando pensamientos de niños

Por: pijamasurf - 06/03/2013

Una interfaz para crear diseños tridimensionales a partir de ondas cerebrales ya es una realidad. Sus creadores --mezcla de artistas y científicos-- tratan de emular además el comportamiento evolutivo del ADN en la creación de pequeños monstruos de plástico.

thinkerthing

Utilizando una diadema o casco especial, los científicos-artistas de Thinker Thing crearon un método para hacer objetos en impresoras 3D a partir de ondas cerebrales. Utilizando financiamiento del gobierno chileno y la ayuda de niños del país andino, la idea es hacer que la creatividad y las posibilidades de esta nueva tecnología pueda ser accesible desde el pensamiento.

El aparato que sirve de interfaz entre las ondas cerebrales y la impresora 3D se llama Emotiv Epoc, y consiste en un sistema de detección en 14 zonas del cerebro que se activan según diferentes estados emocionales y diferentes frecuencias electrónicas. Luego, el programa asocia las respuestas a "bloques de construcción" virtuales a partir de un proceso interpretativo que sus creadores describen como similar al ADN.

La compañía busca hacer una suerte de monstruos, y actualmente las piezas producidas son una suerte de ensayos o variaciones (como los hombres de madera descritos por los antiguos quiché en el Popol Wuj que precedieron a los hombres de carne y hueso), por lo que el "ADN" de los objetos va mutando a través de cada nueva generación. Según sus creadores, "cómo se comporten las nuevas mutaciones, ya sea que vivan o mueran, es determinado por la mente."

[Wired]

La digitalización de la enseñanza es quizá una ola imparable, una realidad más que una tendencia, una práctica a la que parece fútil resisitirse en vista de los beneficios potenciales que trae consigo.

claseLo digital hoy día es síntoma y ya son ruinas de un intento que no fue de digitalización de la escuela. Paradójicamente…

Paradójicamente, porque parecía que iría a ser decisión de la escuela, anhelo, rumbo, proceso creciente y certero; incorporación inexorable y eficaz…

Pero no. Lo digital, que todavía no es nada en la escuela, ya es ruinas de lo que no fue. Es normal encontrar restos en las aulas; piezas sueltas y ya obsoletas, cables truncados, monitores desconectados, teclados oscurecidos de no hacer nada, Bluetooths a ninguna parte. Ruinas del intento fallido. Restos de un intento hecho sin ganas. Residuos, incluso. Reserva tóxica.

Pero no solo es eso. Lo digital es hoy también síntoma en la escuela. Es la irrupción de la angustia pura no mediatizada. Emergencia incómoda de lo no resuelto como límite al narcisismo escolar. Un ¨no sé qué hacer¨ bien productivo… si nos decidiéramos a ponerlo a producir. Pero no. Pero a ver si lo negamos… y ganamos otro año más.

Y hay más. La escuela, que no se digitaliza, procuró a brazo partido escolarizar lo digital. Enseñarle, que para la escuela es domarlo. Dormirlo; reducirlo. Sentarlo en el primer asiento del aula. Volverlo obediente. Pero no.

No porque lo digital es –precisamente- la negación misma de la domesticación escolar. Su contracara. La resistencia a la automatización obsecuente de la primera fila. Su alternativa. Su propuesta y su contrapropuesta. La apropiación y el estilo. La construcción de la subjetividad. Pero no.

La escuela quiso y quiso que lo digital fuera lo que no es y la que acaba no siendo es ella, que ahora se debate… Lo digital no acepta no ser. No se deja. Si se desnaturaliza, prefiere no ser. Tiempos modernos de caracteres fuertes. Siglo XXI.

Y más. En su intento loco, pero pobre, la escuela buscó que lo digital se mantuviera encerrado, que es acotado. Dónde? En el laboratorio de computación; su celda vidriada. Su anulación elegante. Y mucho más porque también lo intentó reducir a su rato, a su momento de la ¨computación¨, que va de 12.45 a 13.35, los martes y jueves. Imagínate! Que los celulares se apaguen, que las computadoras duerman sueños que no necesitan y los iPads se mantengan debidamente alejados, que la web pare hasta mañana o el jueves. Y el wi-fi, bajo clave inhallable.

Así de rara empezó esta historia de la tecnología y la escuela. Es normal, porque es una historia difícil y no podíamos pretender que fuera certera de una vez. Normal aunque nos cueste tomarlo con normalidad y reconducir.

Pero si no… Si no lo hacemos se nos pueden empezar a recalentar las ventanas (si no han empezado), a vitalizar los baños, a levantar las faldas, a prolongar los recreos y a conspirar los dedos, y las ondas digitales comenzarán a invadirnos, pero ya no para armonizar, sino tal vez para conquistarnos definitivamente.

Mejor replantear ahora. Estamos jugando con fuego.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com