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Fotos de Lindsay Mills, la atractiva novia de Edward Snowden (o de cómo nuestra intimidad se encuentra a un clic de distancia)

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 06/16/2013

Por estos días el nombre de Edward Snowden es ampliamente conocido. Para algunos un héroe, para otros un traidor. En cualquier caso, un hombre que tomó una decisión: filtrar a los diarios The Guardian y The Washington Post información clasificada sobre PRISM, un vasto proyecto de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) a partir de la actividad que se sostiene en Internet, el cual parece contar con la colaboración de importantes compañías como Google, Amazon, Yahoo!, Facebook, Skype y otros más.

Como programador de la CIA y de la firma Booz Allen Hamilton (contratada por la NSA), Snowden tuvo acceso a estos datos, y en un momento de lucidez ética decidió arriesgarlo todo, incluso su integridad personal, con tal de que el programa PRISM se conociera públicamente. Snowden se encuentra actualmente en Hong Kong, donde al parecer espera que se le conceda asilo político.

“No quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas. No quiero vivir en un mundo donde todo lo que hago y digo queda grabado”, declaró Snowden a The Guardian, y como si este mismo mundo le jugara una broma cruel y le echara en cara su capacidad de invadir la privacidad hasta desaparecerla, recientemente se dieron a conocer estas fotografías de su novia, Lindsay Mills, bailarina y acróbata a punto de cumplir los 31 años.

Las imágenes provienen de LsJourney, el blog en el que hasta el martes pasado, cuando fue cerrado, Mills documentaba con entusiasmo y cierta profusión la vida en pareja que sostenía junto con Snowden en Hawái, al menos hasta que este se vio forzado a cambiar de residencia.

Sin duda un ejemplo elocuente de dos fenómenos en torno a la intimidad contemporánea: por un lado, la facilidad con que la exponemos voluntariamente, la subimos y de algún modo la ofrecemos, por otro lado, a cualquiera que con los términos de búsqueda adecuados y los clics correctos puede obtener algún fragmento de nuestra vida.

[WWTD]

Las redes sociales pueden ser un poderoso detonador de sentimientos bajos y estados depresivos, pero Instagram se gana el cuadro de honor. La explicación es esta:

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El Instituto Human-Computer en Carnegie Mellon encontró que tu “consumo pasivo” del historial de tus amigos, y tu propia emisión de contenido hacia grandes audiencias en Facebook se correlacionan con sentimientos de soledad e incluso de depresión. Otro estudio anterior había mostrado que el “seguimiento pasivo” en Facebook detona emociones como la envidia y el resentimiento en muchos usuarios, principalmente los que dedican tiempo a ver “fotos vacacionales” de sus amigos.

Todos estos estudios hacen hincapié en que no es Facebook per se lo que genera estados de desconexión y celos, sino usos específicos del sitio. Si las horas que pasas en Facebook las inviertes en ver estatus y fotos de los demás (especialmente fotos vacacionales), entonces la ciencia confirma que has entrado en una relación sadomasoquista semi-consensual con Facebook y necesitas romper el ciclo.

Ahora, Facebook no es el número uno en fomentar este tipo de ciclos emocionales de baja frecuencia; es Instagram. Esto hace sentido si pensamos que en Instagram sólo hay fotografías, la mayoría de las cuales son auto halagadoras y muestran una edición cuidadosa de la vida de los usuarios. Una que normalmente los exalta. En Instagram “tienes claves más explícitas e implícitas de personas siendo felices, ricas y exitosas que en una actualización de estatus”, apunta Hanna Krasnova, coautora del estudio sobre Facebook y la envidia. “Una foto puede ser poderosa al provocar comparaciones sociales inmediatas, y puede detonar sentimientos de inferioridad. Uno no envidia un estatus”.  

Instagram, también, incrementa tus posibilidades de violar la “delgada línea del acoso virtual”. Es común que los usuarios de Instagram se metan a ver el perfil de alguien que apenas conocen y vean todas sus fotografías (sobre todo las que retratan personas) y caigan, silenciosamente, en el mero “chisme” de lo que hacen los extraños. Pero, por supuesto, Instagram ofrece muchas otras posibilidades estéticas y relacionales, que es lo que lo hace una red social bastante nutritiva. Hay muchos usuarios --aunque lamentablemente sean la minoría-- que utilizan esta plataforma para mostrar instantes seductores de la vida, publicados más para inspirar que para cualquier otra cosa. Habrá que utilizarlo de esta manera, que es la mejor de sus versiones.

[Slate]