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Explosiones nucleares de los 60 ayudan a confirmar neurogénesis en el hipocampo cerebral

Por: pijamasurf - 06/11/2013

Las destructoras explosiones nucleares crearon un subproducto que pudo ayudar a la neurociencia a develar parte de un antiguo misterio: la neurogénesis.
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De hecho, la forma de algunas explosiones nucleares recuerda vagamente la forma del cerebro humano...

Hasta que se firmaron tratados internacionales para limitar las pruebas con armas nucleares en 1963, los gobiernos del mundo (especialmente Estados Unidos) hicieron detonar bombas atómicas a discreción; las partículas liberadas en la atmósfera por estas detonaciones, sin embargo, podría ayudar a resolver uno de los misterios más antiguos del cerebro humano: ¿es posible que las neuronas se regeneren?

La temperatura de estas explosiones puede alcanzar niveles tan altos como la superficie del sol, lo cuál libera numerosos isótopos relativamente inocuos para la vida en la Tierra, como el carbono-14 (C14), que los científicos suelen utilizar para datar eventos arqueológicos en la historia de nuestro planeta. En los sistemas de numerosos seres vivos, el C14 se incorpora como parte de la división celular, por lo que parte del carbono liberado durante las pruebas nucleares permaneció en el ADN de la región neuronal, como demuestra un estudio publicado en la revista Cell, y desarrollado por un equipo del Karolinska Institute.

El equipo liderado por Jonas Frisén examinó 120 cerebros humanos muertos y examinó la concentración de C14 en diversas regiones, utilizando el isótopo como indicador de la edad de las células. Encontraron que las concentraciones variaban considerablemente de una región a otra, especialmente en el hipocampo, lo que sugiere que las células de baja concentración se formaron luego de que las pruebas nucleares se detuvieran en 1963.

La porción del hipocampo que mostró esta impresionante regeneración se conoce como giro dentado; tradicionalmente se creía que la neurogénesis se detenía a los dos años, pero las investigaciones de Frisén demostraron que en esta región se reemplazaron hasta 1.5% de las células cada año, aunque estas vivieron tres años menos que otras neuronas. A pesar de que no se ha descubierto esta misma capacidad regenerativa en otras zonas, este importante avance podría impulsar nuevos tratamientos para curar enfermedades como el Alzheimer, demencia senil y otros padecimientos neurodegenerativos.

[News Scientist]

¿Los extraterrestres son un estado de percepción?

Por: pijamasurf - 06/11/2013

Los avistamientos OVNIs y los contactos extraterrestres deben de primero pasar por el filtro de la psicología.

 

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Para los filósofos griegos aquello que hoy conocemos como "los dioses" podía entenderse como un cierto estado mental, una inclinación perceptual provocada por un trance o una posesión. El dios, en su multiplicidad --el amor, la sabiduría, la furia-- penetraba el fuero interno de una persona y lo hacía experimentar en toda su extensión una emoción particular. En mayor o menor dominio el ser humano estaba sujeto al capricho olímpico --la posesión arquetípica. Los grande héroes, como Ulises y Aquiles,  sin embargo, gozaban de una privanza y un linaje que les permitía congeniar y casi convocar a voluntad la posesión divina. 

Según Carl Jung, los dioses de la antigüedad son parte de una constelación psíquica, un hábitat mental que se reproduce simbólicamente y evoluciona modificando la forma en la que es percibido pero no su contenido psíquico. Los extraterrestres son solamente un nuevo dominio de la psique --una especie de adaptación idionsincrática: de los ángeles a los aliens. Dentro de la ufología moderna existen numerosos casos que señalan haber sido contactados o abducidos por extraterrestres --la modernización mitológica de la poesesión divina o manía (aquello que proviene del dios). Uno de los  contactados que más fama e influencia ha adquirido es sin duda el novelista Whitley Strieber. Pese a escribir múltiples recuentos de abducciones  extraterrestes que  pretenden considerarse como reales, Strieber aclara "ten en mente que piensó que los visitantes son una forma de percepción".

Strieber en su exploración psicológica de su percepción extraterrestre constantemente vincula sus experiencias de abducción con los traumas y abusos de su infancia. Según Kenneth Ring:

Una historia de abuso infantil y trauma juega un papel etiológico central en promover la sensibilidad a experiencias cercanas a la muerte y el avistamiento de OVNIs... Crecer bajo ciertas condiciones parece estimular el desarrollo de una respuesta disociativa como mecanismo psicológico de defensa... Al hacer esto [sintonizando hacia afuera] --y esta es mi tercera asunción-- un sujeto tiene mayores posiblildades de sintonizar otras realidades en virtud de su estado disociativo, puede temporalmente sentirse seguro sin importar lo que le está sucediendo a su cuerpo. De esta forma la disociación fomentaría directamente un acceso relativamente fácil a realidades alternas no ordinarias.  

Esta visón del trauma como detonador de visiones extraterrestres nos acerca a la idea de que estos seres míticos que se encumbran sobre la especulación cósmico religiosa del mundo actual son sobre todo fenómenos mentales. Ya sea porque son alucinaciones provocadas por estados alterados --como sostiene la película de Greg Arakis Mysterious Skin, donde el abuso sexual es resignificado como abducción extraterrestre-- o porque han logrado trascender la materia y se manifiestan como conciencia pura. Un interesante ensayo publicado en el blog Wonder Cloud  explora la hipótesis de que la búsqueda de seres extraterrestres en el el espacio sideral es un tanto absurda. Evitando el trauma cultural de una aparición intempestiva, los extraterrestres se desvelarían en un murmullo interior:

Sugieró que están involucrados en nuestra propia inteligencia desde dentro, y esto se asemejaría a un surgimiento perenne y a una actividad de pequeñas transmisiones de radio-tiempo de una estructura de inteligencia avanzada embebida en nuestro lenguaje, marcos de conocimiento, experiencias cotidianas que se hacen patentes en los saltos tecnológicos. Las señales que hemos buscado urgentemente en el espacio están presentes en aquello con lo que buscamos.

Aquí llegamos a una especie de paradoja que nos remite a una cláusula cuántica de que todo aquello que observamos es el reflejo de aquello que observa.  Decía Terence Mckenna que los OVNIs eran proyecciones de nuestra alma en el cielo. Podemos entender la visión extraterrestre como la preclaridad o la hiperestesia, equivalente a la teofania --el avistamiento connatural de la refinación espiritual--, o como la proyección de una impronta cultural, la creencia exacerbada: hombres verdes y platillos voladores que salen de la TV a la mente. De cualquier forma el fenómeno OVNI antes que otra cosa debe de ser entendido como un fenómeno psicológico. Pero esto no necesariamente demerita los casos de "contacto extraterrestre", especialmente cuando entendemos que lo mental no tiene por qué ser menos real que lo físico.