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Este podría ser el rostro del ser humano dentro de 100 mil años

Ciencia

Por: pijamasurf - 06/10/2013

La evolución no es tal sin adaptación, o al menos esa fue la gran premisa revolucionaria con que Darwin sorprendió al mundo. Conocida es la historia de los pinzones que el científico estudió en las Islas Galápagos, los cuales, a pesar de aparentemente pertenecer a la misma especie, presentaban diferencias significativas en la forma de su pico, resultado de la necesidad de adaptación expresada en los distintos hábitos alimenticios de cada ejemplar.

Esto se cumple en todas las especies, según la teoría de la selección natural, y el ser humano no ha sido la excepción. Nuestros ancestros tenían un cráneo de menores dimensiones y un rostro más ancho y fueron los cambios en el clima, hace entre 800 mil y 200 mil años, el factor que provocó el cambio en ambas cualidades: ahora nuestro cráneo es mayor y nuestra cara un tanto más angulada. Este pequeño ejemplo nos hace preguntarnos cómo será nuestro aspecto físico cuando los siglos pasen y, digamos, se cuenten 100 mil años de este momento al futuro.

Dicha pregunta también se la planteó el investigador y artista Nickolay Lamm, quien en colaboración con Alan Kwan, genetista computacional, quiso responder cómo será el rostro del ser humano dentro de 20 mil, 60 mil y 100 mil años.

Como se ve, Lamm aventura que la transformación más notable ocurrirá en los ojos. Dentro de 100 mil años los ojos del ser humano estarán completamente volcados a la tecnología visual que, incipiente, ya existe en nuestra época. Este, claro, no fue el único factor de cambio tomado en cuenta. Los investigadores también consideraron las condiciones climáticas y ambientales en general, aunque sin duda los implementos tecnológicos que forman parte de nuestra vida cotidiana, según algunos imprescindibles, serán decisivos en la evolución futura de nuestra especie.

De acuerdo con Kwan, la frente del ser humano también ganará en tamaño, siguiendo la tendencia observada ya al comparar cráneos actuales con los de personas de los siglos XIV y XVI: facciones menores pero frentes más amplias que dan cabida a un cerebro de dimensiones mayores. Explica el genetista:

Este rostro humano estará fuertemente inclinado hacia las características que se consideran fundamentalmente atractivas: líneas fuertes y majestuosas, nariz recta, ojos intensos y la situación de los rasgos faciales conforme a la proporción áurea de simetría izquierda/derecha perfecta.

Según Kwan, dentro de 60 mil años el ser humano será capaz de manipular su genoma y elegir las características físicas de, por ejemplo, el rostro de un individuo. Si esto se cumple, lo más probable que el aspecto de las personas se ajusten a cierta normalización del gusto dominante.

En cuanto a otras características, en este ejercicio nuestras fosas nasales serán más amplias y el cabello mucho más denso, esto último para retener con mayor eficacia el calor despedido por una cráneo de mayor superficie. Además, la piel será mucho más oscura, más pigmentada, por efecto de los rayos ultravioleta que llegan a la Tierra.

Cabe hacer notar que la proyección de Lamm y Kwan ha sido objetada, señalando sus deficiencias metodológicas y científicas y reclamando que no se haya insistido lo suficiente en que se trata de un trabajo más bien lúdico. A este respecto George Dvorsky, de io9, escribe:

[…] en vista del paso acelerado del cambio tecnológico, no sabemos cómo será el aspecto de la especie humana en mil años, mucho menos en 100 mil. Ahora que hemos comenzado a retirarnos nosotros mismos de los procesos darwinianos lentamente agonizantes —reemplazándolos con intervenciones tecnológicas —, las escalas evolutivas ya no tienen ninguna relevancia. En los próximos siglos podremos rehacer completamente la forma humana, sea a través de la genética o de la cyborgización. También está la posibilidad de las actualizaciones [uploads] y la potencial presencia remota (por ejemplo, controlando avatares, como robots, externamente).

En cualquier caso, ee trata, sin duda, de un ejercicio de imaginación científica que si bien nos hace soñar sobre el futuro de nuestra especie, al mismo tiempo nos plantea preguntas importantes sobre nuestro presente y nuestro modo de vida actual.

[Yahoo]

Sistema informático revela obras atribuidas a Bach compuestas en realidad por su alumno y su primo

Ciencia

Por: pijamasurf - 06/10/2013

Antoni Tudurí, violinista, recién se doctoró en informática con un sistema que analiza los patrones en las obras de un compositor, con lo cual es posible determinar la verdadera autoría de determinadas piezas; descubre 8 preludios equivocadamente atribuidos a Bach.

Johann_Sebastian_BachLa noción de autoría y la preocupación en torno a esta,  pueden considerarse un tanto moderna o recientes, pues durante muchos siglos los quehaceres creativos y artísticos se fundamentaron en prácticas como la imitación, la apropiación y otras afines, con la anuencia tácita tanto de los creadores como del público, sin que existiera un prurito mayúsculo (como el que ahora es tan común) en torno a la pretendida originalidad de los contenidos. Asimismo, los “autores” tenían poca preocupación por ver sus obras reunidas bajo el sello de su nombre y más bien dejaban que estas circularan con cierta caprichosa libertad.

Sin embargo, conforme las creaciones culturales comenzaron a personalizarse y se consideró casi imprescindible aparejar a estas con su autor, estas prácticas generaron algunos conflictos, uno de los cuales fue, por ejemplo, encontrar que determinada obra podría ser de un artista pero al mismo tiempo no tener certeza total de ello.

Este ha sido un poco el caso de escritores, músicos, poetas y pintores que tuvieron como característica común una sorprendente fertilidad artística en épocas en las que, en contraste, no se llevaba un registro puntual de esta. Shakespeare, Leonardo da Vinci y Johann Sebastian Bach son tres de los ejemplos más emblemáticos de esta situación.

Al menos para Bach es posible que ahora su catálogo (que supera las mil composiciones conocidas y atribuidas) sufra algunas modificaciones, pues recientemente Antoni Tudurí, violinista y doctor en informática por la Universidad de las Islas Baleares, presentó un sistema que analiza partituras y establece patrones para determinar si determinada pieza pertenece o no al corpus de un músico.

En concreto este programa toma en cuenta el porcentaje de uso de las diferentes notas, los intervalos melódicos empleados y la frecuencia de las figuras, un sofisticado método de comparación pensando para zanjar la duda ahí donde una pieza solo se atribuye a un compositor sin que haya razones contundentes para demostrar su autoría.

Así, de acuerdo con Tudurí, de los ocho preludios catalogados como BWV 553-560, solo tres de ellos ―los BWV 556, 559 y 560― fueron compuestos por Bach, mientras que los otros son obra de Johann Ludwig Krebs, alumno del compositor en Leipzig. Por otro lado, los preludios BWV 692, BWV 693 y BWV 748, al parecer son en realidad obra de Johann Gottfried Walther, primo de Bach.

 

Con información de Vanguardia