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Egipcios minaban hierro del espacio

Por: pijamasurf - 06/04/2013

Antiguas piezas de hierro han sido identificadas como provenientes de meteoritos que cayeron en Egipto miles de años antes de nuestra era; la tradición egipcia cree que se trataban de huesos de dioses.

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Se ha confirmado que un collar con cuentas de hierro de 5 mil años de antigüedad fue hecho a partir del material de un meteorito, lo que explica que los egipcios utilizaran hierro mucho antes que los primeros seres humanos comenzaran a utilizar este importante material.

El papel del hierro en las culturas del mundo tuvo un papel de suma importancia, pero hasta los años 30 del siglo XX los arqueólogos no entendían cómo algunas piezas de hierro habían sido utilizadas en el antiguo Egipto mucho antes de que la técnica apareciera en otras culturas. Los primeros registros históricos del uso del hierro datan del siglo VI antes de nuestra era, por lo que collares y abalorios hechos de este material en épocas previas parecían un misterio para los especialistas.

En la mitología egipcia se creía que los huesos de los dioses estaban hechos de hierro, y que los meteoritos que caían a la Tierra serían parte de estas estructuras óseas sagradas de seres hechos de estrellas, por lo que el hierro suele encontrarse en abalorios y artefactos de relativamente poco valor, pero en tumbas tan importantes como la del Rey Tutankamón, por lo que el hierro se asociaba a la realeza, al poder, y se afirmaba que podía garantizar un paso "prioritario" por el mundo de los muertos a sus portadores.

Otras culturas también aprovecharon los regalos celestiales para el culto a otras deidades. El famoso oráculo de Delfos por ejemplo, en épocas muy antiguas, se dice haber albergado una estatua tallada en forma de huevo hecha a partir de una piedra que cayó del cielo y que también pudo haber sido hierro, según historiadores del mundo antiguo como Plinio y Pausanias.

[Daily Grail]

Hoy se conmemora el natalicio del poeta español Federico García Lorca.
[caption id="attachment_60861" align="aligncenter" width="550"]lorca1 Dalí, Moreno Villa, Buñuel, Lorca y José Antonio Rubio[/caption]

 Hace 115 años nació el escritor español Federico García Lorca, quien perteneció a la Generación del 27 conformada por Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre,  Luis Cernuda, Jorge Guillén, Rafael Alberti, entre otros.

Después de haber vivido un importante periodo de prosperidad y florecimiento intelectual en su país —antes y durante la Segunda República— el poeta sería silenciado, como otros cuantos, al estallido de la Guerra Civil Española.  Lorca fue asesinado por el bando nacionalista en 1936, después de dos días de haber sido detenido en la casa del poeta Luis Rosales, en Granada, cerca del 16 de agosto, pues los datos de su fusilamiento no se conocen con exactitud. Fue enterrado en una fosa común en Alfacar que en 2009 se abrió para recuperar sus restos, sin embargo no se encontró rastro alguno del cadáver. Lo único que conserva España de su más grande poeta es su estupenda obra.

No hace falta destacar que Federico García Lorca fue creador de piezas angulares en la literatura hispánica, pero si hiciera falta alguna recomendación La casa de Bernarda Alba, Bodas de Sangre, el Romancero gitano y Poeta en Nueva York son algunos de sus trabajos más representativos.

 

Romance Sonámbulo

Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar 
y el caballo en la montaña. 
Con la sombra en la cintura 
ella sueña en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Verde que te quiero verde. 
Bajo la luna gitana, 
las cosas le están mirando 
y ella no puede mirarlas.

              *

Verde que te quiero verde. 
Grandes estrellas de escarcha, 
vienen con el pez de sombra 
que abre el camino del alba. 
La higuera frota su viento 
con la lija de sus ramas, 
y el monte, gato garduño, 
eriza sus pitas agrias. 
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? 
Ella sigue en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
soñando en la mar amarga.

              *

Compadre, quiero cambiar 
mi caballo por su casa, 
mi montura por su espejo, 
mi cuchillo por su manta. 
Compadre, vengo sangrando, 
desde los montes de Cabra. 
Si yo pudiera, mocito, 
ese trato se cerraba. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Compadre, quiero morir 
decentemente en mi cama. 
De acero, si puede ser, 
con las sábanas de holanda. 
¿No ves la herida que tengo 
desde el pecho a la garganta? 
Trescientas rosas morenas 
lleva tu pechera blanca. 
Tu sangre rezuma y huele 
alrededor de tu faja. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Dejadme subir al menos 
hasta las altas barandas, 
dejadme subir, dejadme, 
hasta las verdes barandas. 
Barandales de la luna 
por donde retumba el agua.

              *

Ya suben los dos compadres 
hacia las altas barandas. 
Dejando un rastro de sangre. 
Dejando un rastro de lágrimas. 
Temblaban en los tejados 
farolillos de hojalata. 
Mil panderos de cristal, 
herían la madrugada.

              *

Verde que te quiero verde, 
verde viento, verdes ramas. 
Los dos compadres subieron. 
El largo viento, dejaba 
en la boca un raro gusto 
de hiel, de menta y de albahaca. 
¡Compadre! ¿Dónde está, dime? 
¿Dónde está mi niña amarga? 
¡Cuántas veces te esperó! 
¡Cuántas veces te esperara, 
cara fresca, negro pelo, 
en esta verde baranda!

              *

Sobre el rostro del aljibe 
se mecía la gitana. 
Verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Un carámbano de luna 
la sostiene sobre el agua. 
La noche su puso íntima 
como una pequeña plaza. 
Guardias civiles borrachos, 
en la puerta golpeaban. 
Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar. 
Y el caballo en la montaña.