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Egipcios minaban hierro del espacio

Por: pijamasurf - 06/04/2013

Antiguas piezas de hierro han sido identificadas como provenientes de meteoritos que cayeron en Egipto miles de años antes de nuestra era; la tradición egipcia cree que se trataban de huesos de dioses.

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Se ha confirmado que un collar con cuentas de hierro de 5 mil años de antigüedad fue hecho a partir del material de un meteorito, lo que explica que los egipcios utilizaran hierro mucho antes que los primeros seres humanos comenzaran a utilizar este importante material.

El papel del hierro en las culturas del mundo tuvo un papel de suma importancia, pero hasta los años 30 del siglo XX los arqueólogos no entendían cómo algunas piezas de hierro habían sido utilizadas en el antiguo Egipto mucho antes de que la técnica apareciera en otras culturas. Los primeros registros históricos del uso del hierro datan del siglo VI antes de nuestra era, por lo que collares y abalorios hechos de este material en épocas previas parecían un misterio para los especialistas.

En la mitología egipcia se creía que los huesos de los dioses estaban hechos de hierro, y que los meteoritos que caían a la Tierra serían parte de estas estructuras óseas sagradas de seres hechos de estrellas, por lo que el hierro suele encontrarse en abalorios y artefactos de relativamente poco valor, pero en tumbas tan importantes como la del Rey Tutankamón, por lo que el hierro se asociaba a la realeza, al poder, y se afirmaba que podía garantizar un paso "prioritario" por el mundo de los muertos a sus portadores.

Otras culturas también aprovecharon los regalos celestiales para el culto a otras deidades. El famoso oráculo de Delfos por ejemplo, en épocas muy antiguas, se dice haber albergado una estatua tallada en forma de huevo hecha a partir de una piedra que cayó del cielo y que también pudo haber sido hierro, según historiadores del mundo antiguo como Plinio y Pausanias.

[Daily Grail]

Neurociencia pretenderá "curar" los fanatismos religiosos (sobre los límites de la ingeniería cerebral)

Por: pijamasurf - 06/04/2013

¿Hasta qué punto la ingeniería neuronal podría hacer del nuestro un mundo más sano y seguro, y cuánta de nuestra libertad individual estaríamos dispuestos a perder para alcanzarla?

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La neuróloga Kathleen Taylor de la Universidad de Oxford sorprendió a los asistentes al Festival Literario de Hay, en Gales, cuando anticipó que durante los próximos sesenta años la ciencia del cerebro tratará los fanatismos religiosos como hoy en día trata las enfermedades mentales.

La doctora Taylor igualó las creencias "nocivas" de las personas con enfermedades psíquicas, refiriéndose específicamente a la radicalización de los cultos religiosos y las ideologías que  promueven comportamientos o soluciones violentas a conflictos.

"No hablo sólo de los candidatos obvios, como el Islam radical o cultos más extremos", dice la investigadora, "hablo sobre cosas como la creencia de que está bien golpear a tus hijos. Estas creencias son muy dañinas y no son categorizadas normalmente como enfermedad mental."

En su libro The Brain Supremacy ("La supremacía del cerebro"), Taylor afirma que los neurólogos de las próximas décadas no pueden evadir el tomar una posición moral respecto a la manipulación del cerebro humano. "Las tecnologías que cambian profundamente nuestra relación con el mundo a nuestro alrededor no pueden ser simplemente herramientas para el bien o el mal si alteran nuestra percepción mágica de lo que es el bien y el mal."

¿Será que lo único que la ciencia podrá ofrecer para mejorar --o sin ir tan lejos, para comprender-- el comportamiento humano serán nuevos diagnósticos para nuevas enfermedades? Debemos pensar que hace poco el médico Leon Eisenberg, quien describió el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) por primera vez durante los años 60, confesó que se trataba de una "enfermedad ficticia"; la película Hysteria (estelarizada por Maggie Gyllenhall) sugiere que el tratamiento prescrito a finales del siglo XIX, a saber, la masturbación del sexo femenino en condiciones clínicas, también se encaminaba a patologizar el deseo sexual femenino, un tema tabú en la sociedad victoriana.

Por otra parte, ¿hasta qué punto el interés por interpretar de manera transparente la conducta y las intenciones de los seres humanos obedece a una neurosis generalizada de seguridad, tal vez una ola más del tsunami que pasó sobre la historia moderna desde el 9/11? ¿Qué criterio determinará qué prácticas sociales pueden ser calificadas de extremistas o radicales y cuáles pueden ser admitidas, de modo que los derechos civiles sean respetados, pero también las libertades de culto y expresión?

La pregunta que debemos tener en mente es por los alcances últimos de la ingeniería de la conducta y sus peligros, que han sido abordados más ampliamente por la ciencia ficción que por la ciencia "como tal" (que muchas veces se disfraza a sí misma de ficción.)

[Raw Story]