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Detective privado posee grabaciones de Marilyn Monroe y JFK teniendo sexo y del día en que Monroe murió

Por: pijamasurf - 06/11/2013

Fred Otash, uno de los detectives privados más hábiles de Hollywood, contaba entre sus archivos con dos cintas de momentos cruciales en la vida de Marilyn Monroe: una de una ocasión en que ella y John F. Kennedy mantenían una relación sexual y otra en la que ella y Robert Kennedy tuvieron una fuerte discusión el día en que la actriz "se suicidió".
Robert Kennedy, Marilyn Monroe y John F. Kennedy en una casa en Nueva York, durante una recaudación de fondos para el Partido Demócrata; 19 de mayo de 1962.

Robert Kennedy, Marilyn Monroe y John F. Kennedy en una casa en Nueva York, durante una recaudación de fondos para el Partido Demócrata, 19 de mayo de 1962; AP Photo/Bonhams, Cecil Stoughton

Marilyn Monroe es uno de los iconos occidentales más misteriosos del siglo XX, una femme fatale que sedujo a cientos y miles de hombres, entre los cuales se contaron escritores como Arthur Miller, el beisbolista Joe DiMaggio y, con mayor notoriedad, los hermanos John y Robert Kennedy, probablemente las relaciones más polémicas en vista de la importancia política de los personajes.

El misterio de esta pinup girl culminó con su trágica muerte, explicada oficialmente como un suicidio por ingesta de barbitúricos pero en torno a la cual se tejieron no pocas teorías conspiratorias que involucraban lo mismo a los hermanos Kennedy que a jefes de la mafia de la época.

Ahora es posible que el enigma se resuelva luego de que se revelara que un detective privado de nombre Fred Otash, fallecido en 1992, contaba entre sus pertenencias con un par de cintas de dos de las circunstancias más cruciales en la vida de Monroe: una de una ocasión en que sostuvo relaciones sexuales con John F. Kennedy, y la otra de una fuerte discusión entre ella, Robert Kennedy y el actor Peter Lawford (cuñado de Robert) justo antes de que Monroe muriera.

Según una descripción que también se encontró en los archivos de Otash, en esta última grabación se escucha a la actriz reclamarle al hermano del entonces presidente de Estados Unidos la manera en que era tratada, “como un pedazo de carne”, además de exigirle el cumplimiento de promesas que este le había hecho. Al parecer los gritos de Monroe eran tales, que Robert, temiendo que los vecinos los escucharan, tomó una almohada y la presionó contra Monroe, a quien ya tenía encima de la cama. De pronto la voz de Monroe cesa y al poco rato se ve a Robert salir de donde se encontraba con la mujer.

En cuanto a la otra cinta, la que consigna el encuentro sexual entre JFK y Monroe, Otash reveló su existencia poco antes de morir a la revista Vanity Fair, aunque al parecer solo eso, sin hacer público su contenido

En un dato curioso cabe resaltar que Fred Otash sirvió de inspiración al detective privado de Chinatown, la película de 1974 de Roman Polanski, interpretado por un joven Jack Nicholson.

[news.com.au]

Los datos no son siempre la mejor argumentación, al menos no cuando estos solo sirven para evidenciar los problemas estructurales que todos conocemos, del mismo modo que la crítica deconstructiva es necesaria para elaborar sobre las ruinas una propuesta: el ejemplo perfecto, la situación de la educación contemporánea.

pensamientoBásicamente, me pide dos cosas. Una, que mis artículos tengan más datos que los fundamenten o justifiquen. Y dos, que sea más propositivo que crítico. Recurrentemente, aquí y allá, la prensa en general me hace llegar estas “sugerencias”.

Lo mejor que puedo hacer con esos pedidos, más que obedecerlos -que no lo consigo aunque lo intento-, es reflexionar sobre ellos; es tratar de entender qué matriz conceptual les subyace. Es el objetivo de esta nota.

Cuando se me pide que aporte datos, ¿qué se me pide en realidad? Que sea serio, en el sentido de “científico”… No me piden que aporte datos nuevos, sino que no ose opinar sin apoyarme en algunos datos, por más remanidos que éstos sean. Como si tomar posición sin datos que “obliguen” esa toma fuera una herejía. Y yo lo discuto porque los datos ya abundan y prácticamente todos conducen a lo mismo: que tenemos problemas serios y estructurales en nuestros sistemas educativos, tanto en la escuela pública como en la privada. ¿Hace falta algún dato más para dar soporte a esa afirmación? Yo creo que no. Pero la cosmética necesaria de la nota datada se impone por sobre la racionalidad del valor de los datos aportados. Tiene que tener la forma de la opinión sustentada. Tiene que parecer serio… No vaya a ser cosa.

Pero yo quiero hacer opinión y sobre todo, provocación. Quiero hacer intervenciones mediante la prensa, y no persuasiones o meras argumentaciones. Quiero que la prensa nos ayude a mover los modelos educativos desde la fuerza trasversal de la opinión pública. Quiero conmover; sacudir. Necesito desestabilizar un modelo que ni aguanta ni afloja. Quiero que se entienda que eso es lo que creo que debemos hacer para pasar de la argumentación clara del problema a la acción necesaria de la remoción del problema.

Y cuando se me pide que sea propositivo se me pide que muestre los caminos nuevos, o mejor aún, que evidencie que tenemos caminos nuevos, que nos hemos pelado pestañas para construirlo, probarlo, volverlo a probar y reprobar. No vaya a ser cosa que improvisemos… Que ponga el debate de los modelos sobre la mesa. Que los contraste parejamente a ver si el nuevo es más sólido que el viejo… Podría ser, pero encuentro dos problemas. Uno es que sin deconstrucción no hay ninguna posibilidad de construcción nueva. El problema que nos topamos no es solo qué hacer en la escuela nueva sino cómo desmontar la escuela vieja. Este es, a mi criterio, el primer gran problema. Por eso me enfoco ahí. No faltan proposiciones, sobran necedades o resistencias o negaciones. El problema no es el que la prensa cree que es; es el otro. La institución escuela no sabe ni por dónde desmontar su perimido modelo. Está aterrada y se justifica obsesivamente. Está paralizada. Por eso es que trabajo tanto en construir las evidencias conceptuales de que ya no sirve. Y ya ni convencerla, ni convencernos, sino simplemente renovarla, de cuajo. Porque si logramos que se relaje y se disponga, los modelos alternativos que conocemos y gustamos tendrán entonces su necesaria oportunidad.

Y el otro problema es que el nuevo modelo no puede ni debe entrar a debatir con el obsoleto en pie de igualdad; uno podría pecar de novel, de tentativo, mientras el otro exhibe sus últimos trofeos evidentes e inútiles: saturado de experiencias que lo verifican y lo establecen, por siglos. El contexto de conservación del segundo aporta pedigreés que el nuevo carece, porque el nuevo se desarrolla y se justifica en su contexto de innovación, que tiene otros ímpetus y construye de otro modelo sus evidencias.

En definitiva, amigos de la prensa: lo que todos necesitamos es vencer la espectacular cristalización histórica en que está metida la escuela. (Y para eso, la prensa es una herramienta fundamental; tanto para sostenerla como para desmontarla.) Nuestra escuela se aferra a lo que ya no funciona como si lo que viniera en sustitución fuera satánico. Está muerta de miedo. Por eso debemos ayudarla a quebrarse, que es lo que trato de hacer, por acá y por allá. Salvarla rompiéndola, como el salva-vidas que golpea al nadador ahogándose para que se deje salvar.

No me pidan, por favor, que repita otra vez lo que ya sí sabemos, porque repitiéndolo no lo estamos consiguiendo. No faltan más datos; falta quebrar la costra que nos impide entrar, que se orada con otras estrategias. Y en cuanto a las proposiciones, por amor de dios, si las avizoramos… Solo que no entran porque nadie les abre las puertas, o las ventanas o lo que haya que abrir. No entran y entonces no se consolidan ni se detallan. Las hemos confinado a su vetusto ámbito de las escuelas experimentales, que son marginales. No carecemos de proposiciones alternativas, sino de estrategias eficientes de deconstrucción de la escuela y de refundación renovada.

Y por lo demás, el verdadero y final ámbito de la discusión de las proposiciones debe ser la acción, la experimentación a escala, la ejecución decidida. La experiencia, pues.

No nos faltan las direcciones del cambio, sino las estrategias concretas de puesta en marcha de ese necesario cambio educativo. No hagamos más de lo mismo, que ya orillamos la redundancia. Y si nos viciamos en la argumentación, antes de haberlo hecho, acabaremos pudriéndonos antes de haber madurado.

Con mis artículos busco aliados nuevos a la gesta de la transformación educativa. Argumento desde lugares extremos para movilizar agentes de cambio inesperados y frescos, ímpetus nuevos que muevan el tablero saturado de los debates educativos, los foros edulcorados, las maniobras suaves y convergentes. La escuela que tenemos ya no sirve y eso no necesitamos ni probarlo ni apoyarlo; lo que necesitamos realmente es cambiarla por otra, renovada y mejor.

¿Qué dato debería aportar para apoyar lo que digo? Qué dato que mejore el de PISA y el de las sensaciones diarias de casi todos nosotros, incluyendo los lectores, claro. Y sobre qué escuela proponemos, pues podríamos decir de ella muchas cosas, pero tal vez alcance con imaginar qué ambientes nos estimulan hoy día, nos hacen reaccionar y actuar, nos enseñan cómo desarrollarnos, nos preparan para la vida. Como ésos, así, debe ser la escuela nueva.

Twitter del autor: @dobertipablo

Sitio del autor: pablodoberti.com