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Cuando la técnica se vuelve precisa y letal: historia de los tenis de fútbol

Por: pijamasurf - 06/20/2013

La técnica es un recurso evolutivo que, como se observa en la historia de los tenis de futbol, nos permite ir más allá de lo que somos para descubrir que la voluntad es el límite último.
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ca. 1800

Parte importante en la evolución de nuestra especie fue el desarrollo de la técnica, ese recurso que nos permitió transformar el entorno y volverlo a nuestro favor, convertirlo en beneficio y ventaja y factor de cambio.

En este sentido, uno de los mejores ámbitos que demuestran los a veces sorprendentes efectos y descubrimientos de la técnica es el deporte. Aunque de inicio, al practicar una disciplina deportiva, lo primero con lo que contamos es con nuestro cuerpo, este se ve asistido, complementado, por tecnología que mejora su rendimiento, que en cierta forma le permite ir más allá de sus propios límites.

¿Cómo sería el fútbol, por ejemplo, sin esa técnica que tiene como propósito esencial mejorar el estado actual de las cosas? El calzado que se utiliza en este deporte ha cambiado notablemente desde los primeros modelos hasta los que conocemos y utilizamos hoy en día. Paradójicamente el deporte puede ser más o menos el mismo que se practicaba a mediados del siglo XIX, cuando sus reglas definitivas fueron fijadas. Sin embargo, la manera de jugarlo no es la mismo, y eso se debe en parte al equipo que se emplea.

Uno de los primeros registros que se tienen de un par de zapatos confeccionados específicamente para el también llamado soccer, data de 1526, cuando Enrique VIII (célebre por actividades un tanto más distintas que su afición a los deportes) incluyó en su guardarropa real unos hechos por Cornelius Johnson, su zapatero personal, a razón de 4 chelines. De estos solo se conserva testimonio escrito de su aspecto, al parecer rígido por estar cortados en cuero grueso, de tobillo alto y gran peso.

Este, sin embargo, es una especie caso aislado, pues en realidad, como decíamos, el futbol se popularizó hasta mediados de los 1800, particularmente entre estudiantes universitarios y obreros en Inglaterra y Escocia. En esta época el calzado era más o menos el mismo que se usaba cotidianamente, particularmente entre los trabajadores: botas duras de cuero. Sin embargo, ya entonces la suela de estas fue modificada con los conocidos “tacos” que caracterizan al tenis de futbol, en este caso clavos de metal añadidos con el propósito de ganar en estabilidad con respecto al terreno de juego.

Durante ese mismo siglo, en 1848, las reglas del deporte fueron fijadas en Cambridge, entre las cuales se dictó que los integrantes de un mismo equipo tenían que usar todos el mismo tipo de calzado y, por otro lado, que los tacos tenían que ser de cuero. Con un peso promedio de 500g y 6 tacos en la suela, este fue el tenis de futbol definitivo, último, que se transformaría con el tiempo, sí, pero a partir de esta estructura básica que hermanaría a todos los modelos.

En el siglo XX la historia del calzado de futbol puede dividirse en tres grandes época. Una primera que llega hasta la década de los 40, caracterizada por la preservación de las características del calzado heredadas del siglo XIX y el surgimiento de fabricantes destacados como Gola (1905), Valsport (1920), la danesa Hummel (1923) y la alemana Gebruder Dassler Schuhfabrik, de los hermanos Adolf y Rudolf Dassler. Estos últimos, por cierto, introdujeron un modelo de tacos reemplazables, con la posibilidad de que pudieran 7 tacos si las condiciones del clima y el terreno así lo necesitaban.

leonidas-da-silva

Leonidas da Silva, 1940s

Una segunda época del calzado de futbol va de 1940 a 1960. Cambios históricos y económicos como el desarrollo de la aviación comercial, la introducción de nuevos materiales y el surgimiento de otros competidores, determinaron enormes cambios dentro de la manufactura de este calzado. De entrada se volvió mucho más ligero, sobre todo gracias a la manufactura realizada en Sudamérica y el tipo de juego hábil que este permitía en dicha región. En buena medida fue la comparación con estos jugadores lo que a partir de entonces modificó la perspectiva desde la cual se diseñaba y se fabricaba el tenis de futbol, intercambiándose la búsqueda de la mera protección por el favorecimiento del control y la precisión.

Durante esta época los hermanos Adolf y Rudolf Dassler se separaron y fundaron sus propias compañías: Adidas y Puma, respectivamente, las cuales, en su rivalidad, fomentaron algunas de las transformaciones más decisivas al calzado. Los materiales se volvieron mucho más ligeros, al combinar cuero y fibras sintéticas, e igualmente los tacos se comenzaron a fabricar entonces con plástico o goma, una innovación que algunos atribuyen a Adidas y otros a Puma; asimismo, el corte comenzó también a variar, haciéndolo un poco más bajo.

A partir delos 60 los cambios han sido aparentemente mínimos aunque también importantes. El diseño se ha preocupado por favorecer la velocidad del jugador, su efectividad dentro de la cancha y también la posibilidad de conseguir esos giros increíbles que pueden distinguirlo y separarlo del resto, convertirlo en el deportista destacado capaz de marcar la diferencia y guiar a su equipo al triunfo y la victoria. A partir de esta década, por cierto, Adidas se convirtió en el principal fabricante y comercializador, en todo el mundo, de tenis para futbol.

La popularidad del deporte, su relación con los grandes torneos como la Copa del Mundo, el surgimiento de jugadores icónicos como Pelé o Maradona (y, en general, la tendencia a ensalzar a jugadores en específico), el fortalecimiento de otros fabricantes como Umbro, Nike o Reebok, han sido circunstancias que de algún modo incidieron en el calzado, desde sus objetivos técnicos hasta su aspecto, la tecnología desde la cual se le desarrolla, hasta los colores con que se ornamentan, si se busca mayor superficie de contacto entre el pie y el balón o el terreno o si, por otro lado, la intención paralela es que un espectador vea a lo lejos al jugador que admira y lo identifique también por el par de tenis que calza (y así hemos visto estrambóticos tenis portados por estrellas internacionales como Ronaldo, o en México Cuauhtémoc Blanco, casi sugiriendo que la habilidad y el talento se reflejan en lo llamativo del color y el diseño, como capacidades de ir más allá de lo ordinario).

adidas Nitrocharge

A este respecto, hace unas semanas adidas dio a conocer su modelo Nitrocharge, probablemente uno de los más innovadores de las últimas décadas. Con la consigna de iniciar el ataque a partir de una buena defensa, los Nitrocharge permiten al jugador una mayor capacidad de reacción ante los imprevistos del juego. Por ejemplo, los movimientos laterales, que el diseño de este tenis hace más fáciles de ejecutar.

Los Nitrocharge poseen tres características fundamentales: por un lado, la SPRINTFRAME, la suela ya utilizada en otros modelos cuya ingeniería inteligente y confección en nylon aprovecha el peso del jugador en beneficio de su velocidad. Asimismo, la tecnología ENERGYPULSE, situada en la parte media frontal del calzado, tiene como objetivo convertir la pérdida de flexibilidad que ocurre en el empeine al correr, en fuerza de impacto al golpear el balón. Por último, el ENERGYSLING disminuye al mínimo el deslizamiento del pie cuando el jugador se detiene súbitamente o cuando realiza una vuelta imprevista y su consecuente pérdida de velocidad: con el ajuste preciso que asegura ENERGYSLING, esto no sucede.

En cuanto a otras características, los Nitrocharge ofrecen protección extra al tendón de Aquiles y un diseño que hace sensible el impacto entre el pie y el balón, con lo cual este se vuelve también más consciente y controlado.

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En todos los casos queda claro que la técnica es en esencia una conquista, un recurso evolutivo que nos permite ir más allá de notros mismos para descubrir que el único límite se encuentra en nuestra propia voluntad. En el fútbol como en la existencia misma.

Con información de Footy Boots y SB Nation

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¿La era de los bonzos políticos? Consecuencias de liberar información clasificada

Por: Javier Raya - 06/20/2013

La Historia con mayúsculas en ocasiones sufre reveses que modifican el entendimiento de un momento social a través de un evento individual; la inmolación ritual del monje Thích Quảng Ðức hace 50 años y las revelaciones de Edward Snowden sobre la NSA este mes tienen más de un paralelismo en la órbita de la revelación.

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Un antiguo mito atribuye a Prometeo el deseo y la generosidad desmedida de robar a los dioses el fuego para dárselos a los hombres. El fuego, por sus propiedades civilizatorias, fue el aliado más importante del ser humano en su evolución, por lo que la memoria de la especie, la filosofía, sigue relumbrando a través de la metáfora de la iluminación, ese súbito incendio interior. Pero la luz también puede entenderse como el vehículo de la información: iluminar no quiere decir solamente acceder a un tipo de conocimiento trascendental para uno mismo, sino hacer ese conocimiento accesible para otros. Es tal vez impulsado por esta metáfora que Brian Anderson notó un paralelismo entre el monje budista Thích Quảng Ðức y el experto en seguridad informática Edward Snowden, quien hace poco hizo pública la estrategia de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) para vigilar las comunicaciones online a escala mundial.

El 11 de junio del 63 el monje mahayana Thích Quảng Ðức se sentó a la mitad de una transitada calle en Saigon. Un segundo monje lo roció rápidamente con cinco galones de gasolina, mientras Quảng Ðức recitaba una oración y procedía a encenderse a sí mismo con un cerillo, permaneciendo inmutable en posición de loto hasta que su cuerpo comenzó a carbonizarse. Lo que siempre me ha impresionado de la imagen es la manera en que el conflicto latente entre los monjes y los policías se desactiva de manera proporcional al monje encendiéndose. Ambos bandos parecen desprogramarse por un instante y contemplar simplemente el fin del discurso en su apogeo: una forma de encarnación que conjunta a la vez una impronta política y un ejercicio de santidad verificable. Un auténtico milagro.

(Para ver el video de la inmolación de Thích Quảng Ðức pueden dar click aquí, y por la naturaleza de las imágenes recomendamos discreción.)

Medio siglo después, antecedido por las filtraciones de Wikileaks en el contexto de vigilancia global, el experto en informática Edward Snowden de 29 años le dice a su esposa que se irá por trabajo a Hong Kong durante unos días, donde se instala en un hotel de la ciudad. Mientras tanto, Snowden revelaba al periódico inglés The Guardian que la Agencia de Seguridad Nacional de EU había puesto en marcha un programa de vigilancia discrecional con la ayuda de grandes compañías como Google, Facebook y Skype, información que el presidente Obama sería incapaz de desmentir. La ubicación de Snowden, desde entonces, se desconoce.

Los modos de actuar de Thích Quảng Ðức y Snowden revelan un paralelismo en cuanto a la destrucción de la propia seguridad --que incluye la desaparición o sacrificio o donación de la propia identidad, como si exponerla en su totalidad fuese destruirla para recobrarla posteriormente intacta pero irreal, como la imagen en el espejo que nunca tendrá la tibieza de un rostro-- en aras de un beneficio colectivo, por el que no pueden recibir ningún tipo de compensación. Probablemente se dirá que Snowden pudo haber vendido la filtración, pero si tomamos en cuenta que la CIA no ha tratado precisamente con imparcialidad a Bradley Manning por el affaire Wikileaks, no debemos creer que es fácil estar en sus zapatos.

El monje y el hacker asumen una misión prometeica, plenamente sacrificial, recurriendo a la autoinmolación para llamar la atención sobre un problema muy preciso y que no deja lugar a dudas; ahí donde el discurso termina y los soportes del mundo se tambalean, donde terminan los ritos religiosos y las formas diplomáticas, en ese afuera de los símbolos donde ocurre lo real, Quảng Ðức y Snowden dejan de ser ellos mismos y asumen un rol heroico en un sentido muy tradicional, como aquel que mediante sus actos desestabiliza un orden universal (como en la tragedia griega), sufriendo en carne viva --y en el cuerpo de lo social-- por las consecuencias de sus actos, no importando lo heroicos o desesperados que parezcan sus esfuerzos a primera vista. 

Protesta en China a favor de Edward Snowden

Snowden, por ejemplo, es consciente de que esta filtración no quedará impune y espera consecuencias directas en su contra; pero en la misma tónica ha prometido mayores revelaciones, lo que constituye su único capital de negociación antes de ser juzgado, como Manning antes que él. Mientras el bonzo se consume en un instante que dura una eternidad, en la era de la aceleración informativa, guardarla y revelarla de a poco es una estrategia más efectiva para mantener el fuego ardiendo, así sea por el espacio en que se evapora la atroz revelación anterior en los medios informativos.

Por último, podemos entender la autoinmolación simbólica como una energía extrema invertida en aras de la información o el shock colectivo que, desgraciadamente, no produce frutos; las duras condiciones segregacionistas en materia religiosa siguen dividiendo a las cúpulas de poder en el Tibet y China, y el saber que la NSA tiene acceso discrecional a todos nuestros movimientos en línea no nos hará inmediatamente variar nuestras prácticas en redes sociales, ni desencadenará cambios legislativos para proteger la privacidad de los usuarios (¿en qué jurisdicción podría crearse tal ley?), y se desvanecerá lentamente de los titulares como los asesinatos de civiles en Afganistán filtrados en los días de Wikileaks.

Tal vez se trate de que en ninguno de los dos casos podemos tener evidencia factual de las implicaciones que Quảng Ðức y Snowden denuncian con sus protestas extremas. Se trata, sin embargo, de protestas de conciencia: la inmolación a lo bonzo en el caso de los monjes y la filtración de información ultra secreta por parte de Edward Snowden o Bradley Manning implica un suicidio simbólico en el sentido en que saben que al revelarlas tendrán tras sus huellas a los cazadores más efectivos del mundo, sus anteriores compañeros.

Probablemente se trate de la brutal contradicción encarnada en ambas situaciones: un monje, símbolo de paz y templanza, en una situación inimaginablemente violenta; un servidor público, un soldado o un informante privilegiado yendo en contra de su pacto de silencio y discreción en tanto portador de información privilegiada, decidiendo que callar es ser cómplice, que la conciencia no puede tomar el bando de la mentira sin un robusto aparato ideológico, el cual, al menos en parte, Bradley Manning, Edward Snowden y Thích Quảng Ðức han debido desprogramar de sí mismos. Su suicidio, físico y simbólico, es la encarnación de algo en el colectivo que debe morir. Y de algo que al mismo tiempo nace.

Con información de Motherboard.

Twitter del autor: @javier_raya