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Científicamente comprobado: ¿por qué debemos de dudar de la información de los estudios "científicos"?

Por: Javier Raya - 06/05/2013

La cualidad "científica" de la información no la exime de errores humanos, y sobre todo, de objetivos políticos al ser presentada bajo un formato que tal vez no miente pero sí omite. ¿Por qué es importante dudar de la información en una era de sobresaturación?

No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela.

Albert Einstein

Scientist

¿Cuántas veces hemos leído titulares como "Estudio muestra que las mujeres son más listas/aptas para el trabajo/longevas que los hombres", o algunos más radicales como "La evolución pudo habernos puesto alas en lugar de piernas"? En las notas que leemos a diario en Internet sin duda una parte del gancho está en que páginas como Pijama Surf y otras puedan ofrecer contenido de calidad que además se ofrezca en un formato interesante. El problema es que mucho del contenido que aparece en Internet, especialmente tratándose de datos apoyados en estudios científicos, en ocasiones presentan inconsistencias o crasos errores desde las fuentes. 

Esto depende tanto del ecosistema web de información como de la propia metodología utilizada para recabar los datos. Para nosotros, como lectores e internautas, se trata solamente de datos curiosos, interesantes e incluso relevantes para pensar nuestra vida social y nuestro momento histórico; sin embargo, para los creadores de los estudios, se trata muchas veces de ejercer presupuesto de sus departamentos universitarios, o en el caso de grandes compañías, de mantener sus productos en el mercado a través de la influencia en la opinión pública que tienen los estudios "científicos."

¿Qué pasa por ejemplo con las declaraciones del CEO de McDonald's, Don Thompson, respecto a que su compañía es el mayor comprador de fruta de los Estados Unidos sólo porque ofrecen manzanas como parte de su paquete de desayunos? Este es un caso típico de descontextualización: efectivamente las manzanas son frutas, pero es mucho más prestigioso decir que McDonald's es el mayor "comprador de frutas" (implicando un férreo compromiso con la salud de sus consumidores, pues las frutas, como sabemos, son más saludables que la comida rápida) que simplemente "el mayor comprador de manzanas", lo cual recordaría más bien a la bruja malvada de Blanca Nieves.

Descontextualizar no es la única herramienta para legitimar un resultado obtenido mediante una metodología poco cuidadosa. Los estudios científicos también dan forma al panorama político y sirven para aprobar o desaprobar leyes; cuando estas leyes dependen de cierto consenso de la opinión pública, esta trampa es mucho más patente. Tomemos por caso la reciente votación de la propuesta 37 en California, la cual iba a promulgar una ley para que los productos genéticamente modificados (GMO) tuvieran una etiqueta distinta y el público pudiera elegir si comprarlos o no.

Por entonces apareció un estudio que afirmaba que si los GMO se etiquetaban de diferente modo los precios de la comida subirían; el nivel inicial de aceptación de la propuesta bajó radicalmente a partir de dicho estudio, y posteriormente la propuesta 37 fue descartada. ¿En qué consistía el estudio? En él se asumía que los consumidores estadunidenses tienen los mismos hábitos de compra que los consumidores europeos; en Europa, cuando los GMO por ley tuvieron que ser etiquetados y diferenciados de los productos orgánicos, muchos productores quitaron los productos genéticamente modificados no sólo de la fórmula sino también de sus productos.

Los GMO más utilizados son la soya y el maíz, presentes en casi cualquier tipo de comida procesada, por lo que efectivamente al utilizar productos orgánicos los precios de la comida procesada subieron. Sin embargo, el estudio deja fuera un elemento clave: que el público estadunidense no tiene los mismos hábitos de compra que el europeo; mientras en Europa la gente está dispuesta a pagar más dinero por comida orgánica, en Estados Unidos esta aún es un lujo que no todos están dispuestos a costear. De este modo, y gracias a un manejo poco preciso pero interesado de la información, la propuesta 37 no fue aprobada en California en 2012.

Los estudios "científicos" son comisionados muchas veces por compañías que desean proteger sus intereses. Cuando los apicultores europeos comenzaron a quejarse de la alta mortandad de las abejas a causa del pesticida Imidacloprid fabricado por el laboratorio Bayer, el laboratorio farmacéutico tuvo que demostrar que su producto no afectaba a las abejas. En 1993, Bayer situó el límite de detección de esta sustancia en 10 partes por billón (ppb) al analizar nectar y polen en cultivos tratados con Imidacloprid; mediante este análisis, la sustancia fue indetectable y la compañía quedó bien librada. Pero unos años después, en 1999, otro estudio analizó girasoles en la misma zona que contenían entre 1.9 ppb y 3.3 ppb del pesticida --cantidades mucho menores que las 10.0 ppb que Bayer buscó. Y no sólo eso, sino que otro estudio en 2001 encontró que la cantidad necesaria para matar una abeja con Imidacloprid es la exposición a 0.1 ppb. Durante 1993 y 2001 Bayer siguió comercializando el pesticida.

La estadística sirve para abstraer y presentar de manera útil grandes cantidades de información. Viviendo en una era sobresaturada de información es sencillo tomar a la ligera las conclusiones de cualquier estudio que leemos en Internet y darlos por ciertos; sin embargo, en cada caso es necesario pensar como detectives: ¿quién se beneficia de tal o cuál dato? ¿A quién afecta? ¿Quién ganará dinero y quién perderá dinero gracias a la diseminación de este dato?

La información per se no es más que una formulación de la realidad. Nos convertimos en consumidores de información en el momento en que dejamos de buscar las fuentes, de cuestionar las metodologías, de prever las implicaciones económicas y sociales que la información produce en nuestra forma de vida. Cualquier conclusión puede validarse y posicionarse --a la manera de una marca-- en el imaginario del público; la única manera de ser sujetos en una era de consumidores es cuestionar la naturaleza de la información que recibimos todos los días.

Con información de Alternet.

6 razones por las cuales Apple dejó de ser la compañía "cool" de productos que todos querían

Por: pijamasurf - 06/05/2013

Diversos factores se han combinado para que el auge de Apple parezca cercano a su fin y, en contraste, la empresa fundada por Steve Jobs se encamine hacia una decadencia en la que las ganacias económicas no cesan, pero sí el aura de glamour que rodeaba a sus productos.

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Mucho se habla de la volatilidad como una de los rasgos supuestamente característicos de nuestra época, esa incesante seducción por lo nuevo que nos hace olvidar sumamente rápido aquello que alguna vez nos asombró y, lo que quizá sea un tanto más cuestionable o preocupante, aquello que alguna vez nos despertó el deseo de poseerlo.

En buena medida este fue el caso de Apple y sus productos. Especialmente durante esa última “edad de oro” que antecedió a la muerte de Steve Jobs, los gadgets de Apple avivaron el furor del consumismo, desataron un frenesí para algunos inexplicable en torno a mercancías que venían acompañadas de cierto halo de sofisticación y estatus, de distinción para una nueva clase asentada en ese éter del capitalismo donde el valor reside en la apariencia, un velo que oculta las características reales de la mercancía: que está fabricada para no durar, que el precio de venta excede exponencialmente el costo de producción, que en esta se encuentran involucradas prácticas de explotación lindantes con el esclavismo y el endiosamiento de un personaje elevado al altar de los ídolos modernos.

Sin embargo, tal parece que dicho apogeo se ha convertido ya en crepúsculo y eso que alguna vez fue anhelado hasta el exceso de intercambiar uno o dos de sus productos por un órgano, ahora coquetea con la indiferencia y quizá hasta el repudio de la misma muchedumbre consumista que alguna vez hizo filas kilométricas fuera de los almacenes y las tiendas.

¿Por qué razón? De entrada, claro, por ese gusto por lo inédito que esta Apple post-Jobs parece incapaz de satisfacer. Pero también por pequeños o grandes tropiezos que han contribuido a minar su imagen, la frescura que había caracterizado a la compañía durante los últimos años-

 

1. Apple ya es aburrido

Diversos sondeos y encuestas, principalmente entre estudiantes universitarios de Estados Unidos, comienzan a asociar Apple con el poco o nulo asombro que antaño provocaba con sus anuncios y lanzamientos. La expectación de ayer se ha convertido hoy en el aburrimiento o el desdén, todo esto suscitado por la impresión que se tiene de abuso al consumidor en los nuevos productos, los cuales se consideran muy por encima de un precio de venta razonable y no es posible personalizarlos técnicamente. Por lo demás, los “nuevos” iPhones, iPads y MacBooks se consideran, en esencia, más de lo mismo.

 

2. El estilo gansteril de Tim Cook

Luego de la muerte de Jobs Tim Cook tomó las riendas de Apple. Sin embargo, a diferencia de su predecesor, Cook carece de la simpatía o el carisma público que caracterizó en sus últimos años al fundador de la compañía. El actual CEO se ha visto envuelto en polémicas por el cobro de impuestos en Estados Unidos (defendiendo la evasión fiscal), otras a propósito de la alteración de precios de ebooks en la iTunes Store (aumentándolos en Estados Unidos) y, en general, demostrando cierto estilo ejecutivo-gansteril, poco popular, que se ha contagiado al resto de la compañía.

 

3. Operaciones millonarias en Bolsa

Esa ruleta socialmente aceptada que es la bolsa de valores le ha generado a Apple ganancias cuantiosas que, sin embargo, no se reflejan en el desarrollo de nuevos productos o la mejora en el bienestar de sus trabajadores (más allá de los altos ejecutivos, que se encuentran entre los mejor pagados de Estados Unidos), denotando cierta codicia que en muy poco ayuda a la empresa. Su incursión en Wall Street, con una cifra que ronda los 60 mil millones de dólares, fue vista por analistas como una renuncia a la innovación y, por otro lado, la “financialización de la corporación”, en la cual el abismo existente entre los ejecutivos y los trabajadores de niveles medios y bajos está signado por la desigualdad económica, el estancamiento y la inconformidad social.

 

4. Apple sin Jobs

Como decíamos antes, el auge reciente de Apple se explica en buena medida por la notable vitalidad de Steve Jobs a quien, sin ser Dios, es difícil regatearle esa capacidad que todos tenemos pero en la que pocos creemos lo suficiente como para volverla una realidad: transformar el mundo por vía de la voluntad personal. Jobs, es cierto, tenía genio, conocimiento de disciplinas diversas, capacidad de síntesis de dichos conocimientos, acaso también una buena dosis de osadía y de fe en sí mismo, lo cual lo distinguía y al mismo tiempo hizo que, al partir, su ausencia fuera difícil de reparar. De nuevo, con el impacto que esto supone para la imagen de la compañía.

 

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5. El desprecio hacia sus trabajadores

Apple no es la única compañía en el mundo que abusa abiertamente de los obreros que manufacturan sus productos, pero quizá sí una de las pocas en las que este abuso adquiere cierto significado simbólico. El glamour de los productos, el orgullo con que sus poseedores los presumen, la sofisticación de su diseño, la lujosa asepsia de sus tiendas, contrasta obscena o dolorosamente con la situación de los trabajadores que en fábricas de China (sobre todo), pagan una buena parte del costo que implica dicho valor agregado. La subsidiaria Foxconn, con presencia en el sur del país asiático, somete a sus empleados (niños incluidos) a jornadas laborales excesivas, en condiciones lindantes con la esclavitud, con tal de satisfacer la voraz demanda del consumismo contemporáneo. En su territorio de origen, Estados Unidos, se procura que los trabajadores igualmente ganen lo mínimo y no hagan carrera dentro de la empresa.

 

6. Guerra al consumidor

Pero si los obreros cumplen una función importantísima en la generación de ganancias para los altos ejecutivos de Apple, el consumidor es quien culmina esta maquinaria de codicia aparentemente infinita. ¿De qué manera? Comprando productos que, sabe de antemano, están fabricados para no durar. Apple tiende cada vez más a apoyarse en el consumidor, a venderle actualizaciones cada vez más frecuentes y que mecanismos paralelos vuelven “necesarias”, bajando rápidamente los precios de un producto que recién había salido al mercado (en medio de una gran expectativa), imponiendo candados a sus productos que impiden que el propietario los abra. Conductas corporativas que, en el fondo, son expresión de una profunda arrogancia por parte de una empresa que se cree demasiado grande como para atender los posibles reclamos de los minúsculos seres que allá abajo piden la concesión de una gracia (en forma de un nuevo gadget).

Con información de Alternet