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Jaron Lanier sobre la forma en que el Internet destruyó a la clase media

Por: Javier Raya - 05/23/2013

Prolífico escritor e impulsor temprano del concepto de "realidad virtual", el nuevo libro de Jaron Lanier explora las consecuencias económicas de una sociedad que basa su futuro en las cambiantes mareas del mercado y la volubilidad del Internet.

Jaron Lanier es un viejo conocido de la era digital, la cual su trabajo como programador visionario ayudó a crear. A través del concepto de "realidad virtual" (desarrollado mientras trabajaba para la compañía de videojuegos Atari), Lanier probablemente fue de los primeros en vislumbrar la revolución digital de nuestros días. Científico informático, creador de software, músico increíblemente talentoso, coleccionista ávido de instrumentos musicales (especialmente asiáticos) y prolífico escritor, el último libro de Lanier se titula Who Owns the Future? ("¿Quién posee el futuro?"), donde el autor continúa la crítica comenzada en libros como You're Not a Gadget ("No eres un gadget") al modelo de sociedad que el capitalismo y el Internet han creado --con un poco de ayuda de todos.

"En la altura de su poder", escribe Lanier en el prefacio, "la compañía fotográfica Kodak empleó más de 140 mil personas y tenía un valor de $28 mil millones de dólares. Incluso inventaron la primera cámara digital. Pero hoy Kodak está en bancarrota y el nuevo rostro de la fotografía digital es Instagram. Cuando Instagram fue vendido a Facebook por mil millones de dólares en 2012, dieron empleo solamente a 13 personas. ¿Cómo desaparecieron todos esos empleos? ¿Y qué pasó con la riqueza que todos esos empleos de clase media crearon?"

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La coartada del Internet es que "todos" tienen oportunidad de volverse el próximo hit viral, de publicar sus libros en formato electrónico o su música. Pero ese "todos" en realidad no puede proveer lo suficiente para la mayoría de la gente, o de lo contrario nuestros 15 minutos de fama serían suficientes para vivir toda la vida, lo cual no suele ser el caso. Como dijera el guionista de comics Alan Moore, la cantidad de información producida en nuestros días está volviéndonos una sociedad de humo, cuyas creaciones se vaporizan para dar paso a lo aún-más-nuevo sin dejar ninguna huella (a menos que pensemos que Justin Bieber será tan influyente en la música, por ejemplo, como Wagner.)

En una palabra, para Lanier el Internet (con todas las ventajas que él mismo apunta y que aún seguimos descubriendo) ha destruido la capacidad de la clase media de conformar un verdadero contrapeso al 1% que controla el flujo de capitales. El potencial subversivo del Internet creó la imagen (aún viva en nuestra psique colectiva) de que todos seríamos nuestros propios jefes, que todos tendríamos asientos de primera fila en la "supercarretera de la información", y que la era digital vería nacer una nueva utopía basada en la creatividad. La misma ideología superacionista antes promovida por Hollywood o la industria musical se trasladó intacta hasta nuestras computadoras y smartphones.

La clase creativa que vive con sus padres hasta los 30

De ese sueño queda solamente lo que muchos han llamado "la clase creativa", una generación de fotógrafos, músicos, escritores, periodistas, diseñadores y prestadores de servicios que se disputan el próximo hit viral o la próxima lotería de las apps. Esto provocó que la clase media fuera reasimilada en las sociedades industriales en una zona gris, donde los beneficios de la economía formal que las luchas sociales del siglo XX produjeron se han desvanecido rápidamente en menos de 30 años.

Las causas de esta crisis de la clase media no provienen solamente del Internet, pero de la utopía freelance (que muchos vieron como un socialismo electrónico) despertamos después de una noche de sueños inquietos, en la economía informal, es decir, sin los beneficios sociales que podían tenerse antes con una profesión liberal. Hoy los freelanceros sueñan con bonos y prestaciones no electrónicas, pues por más apasionante que sea este modo de vida, es incompatible estructuralmente con las necesidades prácticas de la vida; o como dice Lanier, incompatible con las necesidades de personas reales, que no son sujetos ideales ni mucho menos simples avatars:

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"Los Estados Unidos se construyeron a base de trabajo esclavista. Esas personas no tenían empleos, eran sólo esclavos. La idea de un empleo es que puedes participar en una economía formal aunque no seas de la nobleza... [pero] hay algunas molestias con la economía formal, porque a veces el capitalismo puede ser muy molesto... Hicimos una especie de trato, de contrato social en el siglo XX de que, aunque los empleos fueran agradables [más agradables que el trabajo esclavista], a la gente se le pagaba por ellos. Porque de otro modo hubiéramos tenido un desempleo masivo. Así que para mí la pregunta correcta es, ¿por qué estamos abandonando ese trato que funcionaba tan bien?"

¿Avatar o Second Life?

Los beneficios de participar en la economía formal son grandes: "obtienes una distribución de la riqueza e influencia en una clase media, de modo que se concentre más en la masa de gente que en sólo unos pocos, y si no tienes eso no puedes tener realmente democracia. La democracia se ve desestabilizada si no existe una amplia distribución de la riqueza."

"Cuando hablo con liberales y socialistas", continúa Lanier, "todos parecen tener esta curiosa creencia de que todos somos como robots abstractos que nunca se enferman o tienen hijos o envejecen. Es como si todos fuéramos una especie de freelancer eterno que puede costear tiempo libre y autofinanciarse hasta que encuentren su momento mágico o algo así."

Dicho en dos palabras: la utopía freelance y la clase creativa se vende a sí misma un capital basado en el prestigio, pero a coste de beneficios económicos y sociales tangibles. Y todos lo promovemos cada vez que trabajamos por menos de lo que vale nuestro trabajo, o cada vez que aceptamos trabajar "para hacer experiencia", "para foguearnos" en el medio o "para que nuestro trabajo se conozca". Esta descompensación y abaratamiento de capital simbólico tendrá profundas consecuencias en nuestro futuro cercano, mismas que ya comenzamos a ver.

En su libro, Lanier desarrolla ampliamente por qué las nuevas tecnologías no generan empleos por sí solas, como ocurrió con el cambio de la pintura a la fotografía o de los caballos a los motores de combustión interna a principios del siglo pasado, así como eso que para él es la única solución a este problema: "podemos sobrevivir sólo si destruimos las clases medias de músicos, periodistas y fotógrafos", pues en última instancia "no nos damos cuenta que nuestra sociedad y nuestra democracia finalmente descansan en la estabilidad de los empleos de la clase media... Y eso es lo que estamos destruyendo y lo que yo estoy tratando de preservar. Así que podríamos ver a los músicos y artistas y periodistas como los canarios en la mina de carbón, ¿y es este el precedente que queremos que sigan nuestros médicos y abogados y enfermeras y todos los demás? Porque la tecnología llegará a todos, eventualmente."

Twitter del autor: @javier_raya

[Salon]

Los egregors son entidades que, según el ocultismo, agrupan conciencias, que nos vigilan o nos predan y que serían una manifestación de la tendencia universal a multiplicar la conciencia y a dar vida al pensamiento.

Cherubim

 

I readily believe that there are more invisible than visible Natures in the universe. But who will explain for us the family of all these beings, and the ranks and relations and distinguishing features and functions of each? What do they do? What places do they inhabit? The human mind has always sought the knowledge of these things, but never attained it
"Archaeologiae Philosophicae" (1692)

 

Una de las grandes labores inconclusas de la ciencia moderna es el estudio de la conciencia. Aunque hemos avanzado velozmente en cuanto al conocimiento de la función cerebral, localizando grupos individuales de neuronas y ubicando proceso cognitivos en diferentes partes del cerebro, e incluso nos acercamos a construir un cerebro humano artificial, la conciencia sigue siendo un elusivo "fantasma en la máquina". La visión más difundida entre los científicos es que la conciencia surge como un epifenómeno de la complejidad de la materia, de la cual el ser humano es el pináculo. Como tal, puede ser reducida meramente a procesos electroquímicos y ubicada en el rango limitado del cerebro humano.

Por otro lado, a esta versión domesticada de la conciencia se opone una más radical visión: más que la joya de la corona --simbolizada en la evolución humana-- la conciencia es parte de la naturaleza fértil del universo (un bestiario pletórico debajo del umbral de la percepción, como esos monstruos submarinos) y así no sólo nosotros tenemos conciencia, ni siquiera las cosas únicamente, sino todas nuestras relaciones, interacciones o pensamientos podrían engrendrar unidades de conciencia y el espacio mismo podría considerarse un mar de conciencia --con todo un catálogo de seres desconocidos. En este sentido surge el concepto de egregor, perteneciente a la tradición del ocultismo, y que sugiere que existen formas de pensamiento colectivas o supraentidades conscientes. El mago francés Eliphas Levi en su obra Le Grand Arcane se refiere a los egregors como los Vigilantes, padres de los Nephelim, seres temibles. Eliphas Levi también señala que los egregors son los genius loci de los planetas, similares a los arcontes (del gnosticismo) que agrupan la conciencia colectiva "los vigías celestes". La Fraternidad Rosacruz le otorga un sentido de "un campo de energía cósmica", una idea que es una fuerza física: " ... l'Egregore manifeste par la Roise-Croix constitue un idee-force ... Il est un champ d'energie cosmique", se escribe en la introducción del libro de la AMORC, Maitrise de la Vie. 

En griego el término egeiro, tiene la doble connotación de "despertar" o "agitarse "y de "vigilar", por lo que se puede deducir que los egregors son aquellos que vigilan a los que están despiertos, pero también según algunas interpretaciones los que asedian y se alimentan de aquellos a los que vigilan --e incluso aquellos que despiertan (las yeguas nocturnas).

L.S Bernstein relaciona el término egeiro con el eir hebreo AYR, que significa también "ángel" o "vigilante" y en hebreo moderno "ciudad". Algo todo lo más interesante si recordamos en los ángeles en la Biblia llegan a ser identificados como intercambiables con la Ciudad de Dios, con Jerusalén, en donde cada pilar o incluso cada gema era un ángel.

En The Magician, his training and his work,  W. E. Butler escribe: "Una idea clara de la naturaleza mágica del Egregor, o forma grupal, debe construirse en la mente  de tal forma que el aspirante pueda entender que juega un papel particular en el complejo esquema de la totalidad, y así logre entrever que tan cerca está siendo guíado en su trabajo elegido". O que pueda entrever qué tanto está siendo afectado por formas externas en su trabajo elegido: entendiendo que quizás haya un mundo de seres hóstiles y amigables, siguiendo su propia agenda, que intervienen en sus diferentes procesos de conciencia.

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En tiempos recientes el egregor puede considerarse como una manifestación de la mente colectiva en su múltiples rácimos. En su libro The Magical Philosophy, M. Denning y O. Phillips, escriben: "El nivel profundo de egregors arquetípicos y raciales es llamado el Inconsciente Colectivo". De igual manera L.S. Bernstein vinclua la noción de egregor con el meme de la teoría genética moderna, una idea replicante que se extiende en una cultura como si tuviera vida propia. La misma Wikipedia da una pista cuando señala que estas "entidades psíquicas autónomas" que influyen "los pensamientos de un grupo de personas" pueden considerarse también similares a las "corporaciones" en tanto a la relación simbiótica que forman el "egregor" y un grupo de personas (y hay una oscura lógica poética entonces en que las corporaciones sean legalmente "personas", pero como los Arcontes, personas que están más allá de la ley humana). Dentro de la euforia de la filtración de información detonada por WikiLeaks, un grupo relacionado a los hackers de Anonymous desarrolló el Proyecto Mayhem 2012, para el que se diseñó un software para filtrar información de manera anónima llamado Tyler y un juego de reality hacking, en sus propias palabras: "Project Mayhem 2012 es un apasionado Egregor de Inteligencia Enjambre, iMAgInActiva, hormigas/abejas/termitas juntas trabajando duro jugando"... 

En este espíritu poético-lúdico encarnado digitalmente por una célula de Anonymous, podemos especular "imaginactivamente" sobre la naturaleza de los egregors.  El egregor es el agregador de la conciencia --tendencia inmarcesible del universo a congregar conciencia. "Multiplicaos", dijo la voz invisible en el paraíso (y la luz en el follaje se hizo ojo en cada hoja). Jugemos al espejo: si somos imagen y semejanza de la divinidad (robots transpersonales de Dios) nuestra naturaleza es engendrar. Cada pensamiento, cada mirada, cada intersescción (el vértigo de los vectores que no dejan de cruzar), cada relación es continuidad del génesis (poesis o ambominable multiplicación, de la vanidad bajo el sol, según se vea). Así ya no sólo nos habitan viejos fantasmas entre la madera y  humeando en el espejo, la tecnología también se llena de una nueva fauna fantasmagórica.

Entre tú y tu computadora hay un ser digital, una línea tríada que existe en la autonomía relativa de la conciencia inmaterial.

Entre tú y un libro hay un murmullo telepático, hay una conciencia que emerge del autor y se descarga en el lector, pero que no es ya sólo autor o lector, más que la suma de las partes, es el reflejo del reflejo que emite un destello, el extraño loop de la interconciencia que se mira desde fuera en la inmanencia del viento por donde viaja el Logos.

¿Conoces tus fantasmas? Eres una máquina de producción psíquica (hipnomecánica) en una gran nave industrial. Productos que pueden ser infinitesimales frankensteins o polvo de budas.

El aborto nunca existió. Larvas y fetos pululan como bacterias etéreas en invisibles dinámicas de intercambio de información. La memesis es el irrestañable desdoblamiento del gen de la conciencia.

Aunque resulte paradójico para nuestra lógica binaria, somos paralelamente seres individuales y seres colectivos, en un vaíven de interpenetración. Esta conjunción podría llegar al punto no sólo de que tu coche o tu encendedor sea un ser consciente sino que tu relación con esos seres es a su vez otra conciencia y así ad infinitum formando constelaciones y telarañas de una sustancia mental colectiva... Y es que se dice que el próximo Buda será un colectivo, un egregor: la iluminación de la colmena.

El egregor es también la pesadilla de lo inconcluso, de que cada acto tendrá vida propia y podrá perseguirnos como un boomerang psíquico --lo único que queda en tus manos es la impecabilidad de la programación, imbuir una intención y confiar en la ley de atracción. Eres responsable de la belleza de tus fantasmas. Sus diálogos y encuentros serán reflejos de un estado inicial pero no podrán controlarse al entablar relaciones con la populosa y predatorial dimensión astral. Como ocurre con la cultura del remix y la data libre, tus fantasmas son open-source y podrán ser usados en tu contra --puedes, sin embargo, confíar en el "espíritu" de la acción seminal.

Esta visión lo mismo resulta fascinante que provoca un vértigo ontológico: pensar que cada acto, cada pensamiento generará entidades conscientes aunque fantasmgóricas que podrían pulular a nuestro alrededor como remanentes de memoria que registran implacables documentos de lo que hemos sido, lo que hemos imaginado y querido --listos y hambrientos para rendir cuentas. Esta es también una manera mantener un orden, una red más extensa y sutil de causa y efecto, incluso una ética energética. Así todo se moldea y se conecta, todo está vivo y se refleja.Pero ciertamente esta es una visión que habría explorar de manera íntima y no creer del todo, puesto que fácilmente deviene en paranoia. ¿Y quién quiere más seres moviendo los hilos que apenas logramos asir?

Con información de L.S. Bernstein "Egregore"

Twitter del autor: @alepholo