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Imágenes del satélite Planck podrían confirmar la existencia de otros universos

Por: pijamasurf - 05/26/2013

Desentrañando el sentido de la información del satélite Planck, la comunidad científica cree estar a las puertas de un nuevo tipo de física, si las siguientes imágenes en verdad son evidencia de la existencia de otros universos.

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La primera evidencia "dura" de la existencia de otros universos podría haber aparecido ya. Mediante el estudio de la información recabada por la estación espacial Planck, la comunidad astrofísica se ha topado con anomalías en la distribución de la radiación en el universo, lo que ha sido interpretado como el efecto de la fuerza de gravedad de otros universos incidiendo en el nuestro, cuya huella puede ser detectada por nuestros instrumentos actuales, pero no completamente explicada.

La radiación de microondas cósmica es la fuerza que se muestra en la imagen de arriba. Se trata de un mapa que muestra la radiación remanente del Big Bang, aún detectable luego de 13. 8 mil millones de años. Las teorías anteriores afirmaban que la distribución de esta se mostraría como una constante, pero el mapa muestra una concentración más poderosa en la mitad inferior del cielo, así como un "punto frío" que no ha podido ser explicado con la física disponible.

Laura Mersini-Houghton, física teórica de la Universidad de Carolina del Norte y Richard Holman, profesor de la Universidad Carnegie Mellon, predijeron tales anomalías en la radiación en 2005, explicándolas como la fuerza gravitatoria de otros universos. Al confrontar la información del satélite Planck, la doctora Mersini-Houghton cree que su hipótesis (la cual afirma la existencia de un número infinito de universos además del nuestro) ha sido confirmada.

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La información del satélite Planck fue usada para crear un mapa de la ubicación de la luz cuando nuestro tenía solamente 380 mil años de edad.

A pesar del escepticismo de algunos científicos, la Agencia Espacial Europea, responsable del telescopio Planck, afirmó que la precisión de este mapa "es tan alta que ha hecho posible revelar algunos aspectos peculiares aún sin explicar, que podrían requerir un nuevo tipo de física para ser comprendidos."

Otros, como el físico Malcolm Perry, incluso han expresado que se trata de la primera evidencia real de la existencia de otros universos. George Efstathiou, profesor de astrofísica, incluso propone una perspectiva histórica para entender la magnitud de este descubrimiento: "Tales ideas pueden sonar raras ahora, justo como la teoría del Big Bang hace tres generaciones. Pero entonces obtuvimos evidencia y eso ha cambiado el modo completo en que pensamos el universo."

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La precisión de las imágenes de años anteriores (a la izquierda) no era tan buena como la actual (derecha).

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[Daily Mail]

Festejar al enemigo (sobre el triunfo del América)

Por: Rafael Toriz - 05/26/2013

Rafael Toriz opina sobre el dramático triunfo del América en la final del futbol mexicano.

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Como toda persona de bien, y desde que alcanzo a recordar, tengo por cierto que el América, en todas sus posibles manifestaciones, es la viva encarnación del maleficio. El equipo de Televisa, la herida en carne viva más visible del “Tigre” Azcárraga Milmo, es  una entidad célebre en el firmamento de las infamias por tropelías que sólo los americanistas, esos seres extraños y siniestros, pueden pasar por alto.

Para buena parte del país, ser americanista es haber nacido maldito.

El evento de anoche –aún muy fresco para aquilatarlo en su justa circunstancia– ha sido a un evento único y apasionante, verdadero terremoto en el corazón de Santa Úrsula. Y es que, pese la vergüenza metafísica con que habrán de vivir los hijos, y los hijos de los hijos del Cruz Azul –oscuros vástagos de la intemperie– lo de ayer fue una prueba de una virtud que sólo sucede en la cancha: si están los huevos, hay que ir a fondo.

No corresponde a este observador desmenuzar las menucias técnicas del encuentro (el colombiano Teófilo Gutiérrez metió carbón a la máquina celeste con la firme intención aniquilar al local, sólo parta demostrar que el estado de la máquina, como el de los ferrocarriles nacionales, es un lamento estructural que no tiene compostura). Lo vivido ayer quedará en nuestra memoria y corazones –como alegría, tristeza o chingadera si es que uno tiene la desdicha de ser del Cruz Azul– porque tenía años que no se veía eso en una final del futbol mexicano: un juego jugado con la camiseta.

Sabemos de sobra que el futbol lo admite todo, menos la coherencia. Por eso la liga mexicana, una de las más ricas del orbe, prodiga mayormente espectáculos mediocres con figuras que tendrían todo para ser estrellas, de no ser porque no terminan de convertirse en portentosos fenómenos siderales. México, en tanto afición y como país, es presa de un destino manifiesto que lo obliga a vivir rehén de sus verdugos, confundiendo lo público con lo privado y lo íntimo en una maraña simbólica que hace que no pueda verse un partido sólo como un partido. Por eso tantos americanistas de hueso colorado, aquellos profesionales, con criterio y hasta algunos intelectuales, cargan una enorme culpa católica que los obliga a excusarse ante la sociedad al hinchar por un equipo que, para todos los efectos, son los malos. Los hinchas de otros equipos, de cualquier naturaleza y extracción social, no se sienten obligados a justificar su pertenencia. Es un dato.

Sin embargo, y lo digo como un espíritu que nació chiva, adoleció con los pumas y se ahogó en el tiburón, lo de ayer fue espectáculo épico que le prodigó al futbol mexicano una final de fantasía. 10 americanistas se rompieron el lomo para ocasionar lo que verdaderamente se celebra y justifica en los momentos esenciales: que el juego no termine nunca, que esa pelota esquiva ruede un poco todavía.

Luego del golazo poético de Moisés Muñoz yo, que los detesto, no pude sino asombrarme por el temple y circunstancia, que puso a todo el país al borde del delirio. Con ese gesto demostraron ser un equipo grande, con talante de campeones y hambre por el enemigo.

Luego, al llegar a la sección penales, no pude sino volver a sorprenderme por los desfiguros trastornados y esquizoides del Piojo Herrera, que representa como nadie la idea de caballero americanista: un sayayin desaforado que tira espuma por la boca.

Injusto como es el fucho, resulta infame que el hombre de la noche haya sido el mediocre y más que mediocre Miguel Layún, cuando José de Jesús Corona se comportó como el titán que siempre ha sido. Desde ya, esperamos verlo entronizado como guardameta tricolor.

Layún, que fue aquel que declaró ante el hashtag de sus correligionarios #TodoesculpadeLayun “algunas veces juego mal a propósito para que los rivales crean que soy malo y así tenga mayores espacios en la cancha” fue el mismo que ayer se coronó de gloria al tirar el penal que regresó a los cementeros al limbo del que nunca salieron y nunca podrán salir.  Layún, en mi opinión, pertenece a los ahijados a la estirpe del Kikín Fonseca. Al tiempo.

Como era de esperarse, la reacción ante el resultado fue exultante, caótica y desaforada, sobre todo en redes sociales. Ante el triunfo del América tanto Twitter como Facebook estallaron en invectivas contra Televisa, Peña Nieto y los oscuros intereses que mueven los hilos de negros de México, con argumentos tan disparatados, ardidos, clasistas o inconsecuentes que daba un gusto sobrenatural estar tan vivo.

azcarragaSin embargo, hubo un hecho que me llamó la atención (y no fue ver a Emilio Azcárraga ahogado como un albañil, sin camisa, rindiendo tributo al coraje de su equipo), fue que la mayor parte de la comunidad lo juzgara por ebrio, literalmente rebotando, cuando hizo lo que cualquier mexicano en su lugar haría: ponerse hasta la madre porque su equipo va perdiendo… sólo para terminar ganando (esa es una lección que debería aprender el PRI: cuando se gana en buena lid, no hay coraje ni aspaviento).

El gesto de celebrar babeante y descamisado –como una parte más de la gleba, de esa enormísima “plebe” que su imperio ha ayudado a construir -lo reconcilia por un momento en una romería cósmica, verdadero circo romano con que ayer nos agasajó el futbol mexicano.

Nadie podrá negarle a Televisa la calidad de un estupendo espectáculo.

Este día, desde luego, la mayor parte de México abominamos al inefable Cruz Azul, pero no por odio ni por inquina, puesto que es imposible sentir pasión por un equipo que se ha cansado de incumplir su cita con la historia.

Para mi, la final de ayer fue un gran descubrimiento, digno de una verdadera celebración: los americanistas, esos que están enfrente, también son mexicanos.

Twitter del autor: @Ninyagaiden