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Fudge de hachís, la histórica receta de Alice Babette Toklas (pareja de Gertrude Stein)

Por: pijamasurf - 05/30/2013

Hacia el final de su vida Alice Babette Toklas, pareja sentimental e intelectual de Gertrude Stein, publicó un peculiar recetario que incluía un no menos exótico (aunque elegante) "Fudge de hachís", postre que por dicho ingrediente fue censurado en la edición original.

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¿Qué una hierba genere un estado alterado de conciencia es motivo suficiente para vetarla de la gastronomía y los placeres del paladar y los sentidos? ¿No es un “estado alterado de conciencia” en sí mismo la intensa satisfacción que se siente cuando degustamos un platillo que nos genera una enorme satisfacción?

Es posible que estas preguntas no tengan una respuesta que deje a todos contentos, pero quizá también la respuesta podría ensayarse por otra vía: cocinando, demostrando que, en efecto, una sustancia considerada prohibida, ilegal y más, funcione perfectamente como un ingrediente de cocina.

Este es el caso del hachís, una droga especialmente creativa (favorita de numerosos escritores, filósofos, artistas) que protagoniza una receta del legendario libro de cocina de Alice B. Toklas, la pareja sentimental e intelectual de la no menos insigne Gertrude Stein.

Según refiere Christopher Tibble Lloreda en la revista El Malpensante, Toklas comenzó a compilar este recetario cuando rondaba los 70 años, sirviéndose lo mismo de sus recuerdos y sus viajes como de las sugerencias de sus amigos. Fue el pintor y poeta Brion Gysin quien compartió con ella el que a la postre sería el platillo más emblemático del libro, este “Fudge de hachís” según el elegante bautizo de Toklas.

Asimismo, Tibble Lloreda asegura que esta receta fue censurada en la edición original del recetario, publicado por Harper & Brothers, e incluida solo en la versión británica del mismo. Al parecer el ingrediente principal del fudge asustó a más de un editor de la casa neoyorquina.

Sea como fuere, a continuación lo importante: la receta.

 

Sobre el libro:

A solas con el chef

De cocinero a cocinero debo confesar que este libro, con su mezcla de recetas y recuerdos, fue redactado durante los primeros tres meses de un pernicioso ataque de ictericia. En parte, supongo, fue escrito como un escape a la reducida dieta y a la monotonía de la enfermedad. Me atrevo a decir que también fue la nostalgia por los días de antaño, y los recuerdos de salud y alegría que les dieron un lustre especial a esos viejos menús y platos prohibidos en mi inválida mesa. Todo ello seguía flotando como sueños en mi inválida memoria.

A veces enfermarse libera la mente y la deja vagar. Aunque nací en Estados Unidos, he vivido tanto tiempo en Francia que siento los dos países como míos; conociendo y amando a ambos, me apliqué a pensar en las diferencias entre sus hábitos alimentarios y sus actitudes generales hacia la comida y la cocina. Empecé a considerar que cada nación tiene sus propias idiosincrasias culinarias condicionadas por el clima, el terreno y el temperamento. Pensé en guerras y conquistas, en cómo las tropas invasoras traen consigo sus hábitos y pueden, con el tiempo, modificar la comida o el comedor nacional.

Tales especulaciones me llevaron a sumergirme en mi inmensa colección de recetas y a recopilarlas en este libro de cocina. Lo escribí para los estadounidenses, pero sería agradable que aparte de sobrevivir al Atlántico, sus ideas logren cruzar el Canal de la Mancha y sean aceptadas en las cocinas británicas.

 

La receta:

Fudge de hachís

Esta es la comida del paraíso –de Los paraísos artificiales de Baudelaire–: puede servirse como un refrigerio entretenido en un club de bridge de señoras o en una reunión de respetables amas de casa. En Marruecos se cree que sirve para alejar la gripa del húmedo clima invernal y es más eficaz si se consume con grandes cantidades de té de menta caliente. Euforia y brillantes destellos de risa; ensueños extáticos y la extensión de la personalidad sobre varios planos simultáneos han de ser plácidamente esperados. Usted podrá superar a la misma santa Teresa si logra soportar ser arrasado por un évanouissement reveillé.

Tome una cucharadita de pimienta negra, una nuez moscada entera, cuatro astillas de canela y una cucharadita de cilantro. Pulverice estos ingredientes en un mortero. Reúna un puñado de dátiles deshuesados, higos secos, almendras sin cáscara y maní: píquelos y mézclelos. Pulverice ahora un manojo de Cannabis sativa, espolvoréelo sobre las nueces y frutas, y amase la mezcla. Disuelva una cucharada de azúcar en un trozo grande de mantequilla. Moldee estos ingredientes en una torta y córtela, o forme pequeñas bolas del tamaño de una nuez moscada. Consúmase con cuidado. Con dos porciones basta.

Conseguir el cannabis puede presentar ciertas dificultades. Sin embargo, el tipo conocido como Cannabis sativa crece, a menudo desapercibido, en medio de la maleza europea y asiática, y en algunas partes de África; además se cultiva para manufacturar ropa. En América, pesa a que por lo general su consumo no es aprobado, otro pariente conocido como Cannabis indica puede encontrarse hasta en las jardineras de las ciudades. Se debería recoger y secar estando aún verde y apenas empiece a producir semillas.

[El Malpensante]

Soñar con animales podría ser una señal de neurodegeneración

Por: pijamasurf - 05/30/2013

¿Es posible diagnosticar enfermedades neurodegenerativas debido al contenido onírico de los pacientes? Antes de responder esta pregunta la ciencia considera varios factores.

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La enfermedad de Parkinson es un laberinto que tiene a la comunidad científica en busca de una cura desde hace décadas, y aunque un tratamiento preventivo y 100% efectivo no ha sido desarrollado aún, la investigación en torno a ella ha abierto fascinantes vias de investigación. Por ejemplo, en cuanto a la relación entre la calidad del sueño que tenemos y el desarrollo de la enfermedad, además de ciertos contenidos oníricos que parecen presentarse especialmente en algunos pacientes.

En un estudio dirigido por Paulo Bugalho y sus colegas del departamento de neurología del Hospital de Egas Moni, Portugal, se analizan los desordenes de sueño y contenido onírico de 19 pacientes de la enfermedad de Parkinson, los cuales se comparan con 21 sujetos de un grupo de control.

Los sueños de ambos grupos fueron clasificados según el sistema de Hall y Van de Castle, un sistema que sirve para catalogar los sueños de una manera sistemática. Su estudio mostró, entre otros aspectos, un patrón en los pacientes de Parkinson: sus sueños incluyen la aparición de animales y frecuentemente la agresividad física.

La investigación sobre la enfermedad de Parkinson ha propuesto que los sueños sumamente vívidos, las alucinaciones y la degeneración de las funciones cognitivas son etapas sucesivas de la enfermedad; sin embargo, tal vez por la dificultad intrinseca de organizar los sueños de las personas, poco se ha hablado sobre si el contenido de los sueños puede revelar el estado de los pacientes.

El estudio de Bugalho pretende caracterizar los sueños de pacientes en etapas tempranas de Parkinson y relacionarlos con otros síntomas de la enfermedad, como la coordinación cognitiva y motora, la depresión, el tratamiento dopaminérgico y la presencia de otros desórdenes de sueño. Estos desórdenes han sido abordados también en otras investigaciones sobre trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer para tratar de encontrar una relación entre los contenidos oníricos y la aparición de estas temidas enfermedades.

Para Bugalho, la presencia de escenas de agresividad además de los animales en el contenido onírico de los pacientes de Parkinson "están relacionadas con disfunciones severas en [el cortex] frontal", una zona del cerebro ampliamente asociada al avance de la enfermedad. La corteza frontal, para Bugalho, podría ser el origen de los dramáticos cambios cognitivos y de coordinación motriz que sufren los pacientes de Parkinson. Las investigaciones no han sido concluyentes a este respecto, pero el contenido onírico podría ser un aliado invaluable para seguir analizando las causas del mal de Parkinson, que afecta al menos a 10 millones de personas en el mundo.

[NCBI]