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Este fin de semana (mayo 4, 5 y 6 de 2013) lluvia de estrellas del cometa Halley, las Eta Acuáridas

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/04/2013

Las Eta Acuáridas son los restos que deja a su paso cerca de la Tierra el legendario cometa Halley, una lluvia de estrellas que se observa mejor en el Hemisferio Sur pero que igualmente puede avistarse en latitudes del Norte.

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John Chumack _Observatories/flickr

Probablemente uno de los cuerpos celestes más legendarios sea el cometa Halley, en buena medida debido a la periodicidad de su avistamiento en la Tierra que se cuenta por décadas. La última de sus apariciones, por ejemplo, fue hace casi 30 años, en 1986, y faltan casi 20 para que regrese a las inmediaciones de nuestro planeta (esto a pesar de que anualmente, entre abril y mayo, la trayectoria del cometa y la órbita de nuestro planeta coinciden).

Con todo, por esa última visita el Halley dejó restos que des entonces, por dos ocasiones al año, generan vistosas lluvias de estrellas: en mayo las que se conocen como Eta Acuáridas y en octubre las Oriónidas.

Una de las particularidades de las Eta Acuáridas es que el mejor lugar para apreciarlas son las latitudes australes, en donde se observa la mayor cantidad de meteoritos por hora (hasta 60). En el Hemisferio Norte la lluvia también es visible, pero con una frecuencia notablemente menor  (cerca de 10 meteoritos por hora).

Este 2013 la lluvia alcanzará su mejor momento de avistamiento en el fin de semana del 4, 5 y 6 de mayo. Las Eta Acuáridas se verán desde el punto radiante de la Líradas, esto es, en uno de los puntos más al norte de la bóveda celeste. De dichos días a su vez las horas más propicias para la observación serán las anteriores al amanecer.

Como decíamos, la lluvia será visible en ambos hemisferios de la Tierra, variando solo la cantidad de meteoritos por hora. 

Sin embargo, cabe señalar que en el Hemisferio Norte las Eta Acuáridas permiten la observación de un fenómeno que en inglés se conoce como "earthgrazer", "rozador", pues se refiere a un meteorito que pasa tan cerca de la Tierra que parece tocarla, surgiendo del horizonte con una cola particularmente larga, radiante y colorida, un suceso que sucede en muy pocas ocasiones.

Así que, si tus condiciones locales lo permiten y tu interés lo dicta, prepárate para este impresionante espectáculo.

Con información de EarthSky e io9

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Una de las maravillas del Sistema Solar son los anillos de Saturno, el planeta que justamente se caracteriza por mantener en sus alrededores un vistoso cinturón de material espacial que, visto a la distancia, se observa como un ornamento cósmico invaluable, un distintivo que lo destaca por encima de otros cuerpos celestes.

En un ejercicio de imaginación que nos hace imaginar cómo se ve ese anillo desde el planeta que lo posee, Ron Miller, en el sitio io9, nos ofrece una serie de imágenes en los que superpone dicha formación a la Tierra.

En nuestro caso, como bien sabemos, es posible que nuestro planeta sea uno de los menos afortunados en ese sentido. Otros tienen decenas de lunas, anillos, ciclos de rotación sorprendentes y otras cualidades que en poco o nada se asemejan a las de nuestro planeta, lo cual sin duda nos hace preguntarnos cómo sería si al alzar la vista en la noche nos encontráramos no con una sola Luna, sino, quizá, con 3 o 4, cómo sería si nuestros días duraran 10 horas terrestres como en Júpiter o 58 de nuestros días como en Mercurio.

Los dibujos de Miller, en este sentido, son un estimulante ejercicio creativo que viene acompañado, además, de una interesante explicación sobre el anillo de Saturno y la posibilidad de que la Tierra tuviera uno similar. De hecho, como escribe el autor, nuestro planeta alguna vez tuvo uno, como parte de la formación de la Luna. Cuando el planeta Thea impactó con la Tierra, el material resultante de la colisión estuvo orbitando en torno a esta última, hasta que eventualmente se convirtió en nuestro único satélite natural.

En el fenómeno estuvo implicado algo que se conoce como el límite de Roche, en honor del matemático francés Edouard Roche, quien en 1848 calculó que si un satélite natural sobrepasa determinada distancia de rotación con respecto al planeta orbitado, entonces este lo puede expulsar, en razón de la fuerza gravitacional implicada, esto porque la fuerza de atracción no es la misma siempre: es más intensa sobre el lado de la luna más cercano al planeta, y viceversa. En el caso de Saturno, el anillo se mantiene porque el material cósmico orbita justo en el límite de Roche.

Existen otras teorías al respecto, las cuales también explican por qué la Tierra no tiene un anillo o, dicho de otro modo, por qué pudo haberlo tenido.

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