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Cantante de góspel encuentra pedazo de vidrio en sándwich de McDonald’s y demanda a la empresa por arruinar su voz

Por: pijamasurf - 05/22/2013

En Brooklyn una mujer encontró un pedazo de cristal del tamaño de una moneda en el sándwich de McDonald’s que comía, lo cual arruinó su carrera como cantante de góspel, provocando que su voz suene ahora como la de un hombre.

sandwich_macdonalds_cristal

Si los alimentos que se ofertan en las grandes cadenas de comida rápida son en sí mismos sospechosos por sus cualidades nutricionales, de vez en cuando sorprenden por objetos más bien repugnantes y hasta tóxicos y dañinos que los clientes llegan a encontrar. Hace un tiempo, por ejemplo, se conoció el caso de un estudiante en Essex que encuentro un pedazo de riñón con forma de cerebro en su pieza de pollo Kentucky.

Recientemente una mujer, Jacqueline Simpson, de 52 años, comía en Brooklyn un sándwich de McDonald’s cuando tuvo la desgracia de masticar y tragar un pedazo de vidrio, casi del tamaño de una moneda, que se encontraba entre el pan y las viandas.

El peligro del incidente se agravó por la actividad de la mujer, cantante de góspel, misma que quedó fatalmente interrumpida y estropeada.

“Ahora cuando canto mi voz es ronca, traqueteante. Tengo que hacer mucha sllamadas en mi trabajo y decir a la gente que no soy un hombre. Antes de esto eso no pasaba”, declaró Jacqueline al tribunal donde presentó una demanda contra McDonald’s por los daños sufridos.

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[NY Post]

Lágrimas puras: ¿cuánto resistirías la mirada de Marina Abramovic (o tu propia mirada) sin llorar? (FOTOS)

Por: pijamasurf - 05/22/2013

En buena medida los sentimientos y las emociones son indisociables de su expresión corporal. Aun cuando se les finge y se les imposta —con el caso de los actores—, su realidad requiere de un soporte más allá de las reacciones neuroquímicas y hormonales que ocurren en nuestro interior, más allá de los pensamientos que los animan. Esta también podría ser una de las circunstancias que expliquen la empatía: entendemos la alegría, el sufrimiento o la tristeza de una persona porque vemos dichas emociones reflejadas en su cuerpo, encarnadas, signos que traducimos y hacemos nuestros, codificándolos en nuestro propio lenguaje emotivo.

La serie fotográfica que compartimos en esta ocasión tiene un motivo aparentemente simple: rostros de personas llorando. Ojos iluminados de pronto por el sutil resplandor de las lágrimas, esa especie de “cristal mudo” (Góngora) que aparece de pronto para hablar por nosotros de los sentimientos que se agolpan en nuestro ser. Lágrimas puras, nacidas natural y gratuitamente en un instante de arrobamiento auténtico.

Las fotografías tienen además la cualidad de haber sido tomadas en condiciones muy específicas: mientras las personas ahí mostradas presenciaban uno de los performance más celebrados de las últimas décadas: The Artist is Present, El artista está presente, de la yugoslava Marina Abramovic

Grosso modo, el performance de Abramovic consistió en ella sentada a una mesa, esperando en una silla opuesta a cualquiera que quisiera tomar el lugar y mirarla de frente tanto tiempo como quisiera.

O mirarse, porque ya se sabe que la mirada no solo no va en un solo sentido, que es mutua y además es capaz de crear una zona común, un espacio abstracto y casi innombrable, indecible, que existe solo cuando dos personas se miran, para desaparecer apenas una de ellas rompe el contacto —aunque sus remanentes persistan en ambos.

En cierta forma esa es la zona que intenta retratar esta serie, los muchos significantes, emociones, pensamientos, que aletean entre la o el participante del performance y Abramovic, los sentimientos que florecen etéreamente, recogidos después en forma de lágrimas por las líneas del rostro, enjugadas con la mano, coronadas con una sonrisa.

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