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Nuevo libro de Fausto Alzati Fernández advierte sobre el extravío contemporáneo de un ingrediente fundamental para entender nuestra existencia: el Yo

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Budismo fármico, anti-ontología multimedia, neuro-paraísos perdidos, son algunos de los conceptos con los que podrás tropezar a lo largo del nuevo libro de Fausto Alzati Fernández, “Buda, Drogas y Pop”. Y si bien el llamativo título del libro podría ser un hábil desdoblamiento marketingero, apelando a los intereses de un considerable espectro de la generación digital, lo cierto es que en el caso de Fausto en ‘realidad’ representa una especie de sincero manifiesto: ejercicios de lúcida psicosis compartidos con franqueza ante un interlocutor desconocido.

El libro manifiesta dos premisas particularmente interesantes. En primer lugar, este trinomio sintetiza con relativa fidelidad una fórmula que bien podría describir a una generación estimuladamente confusa: sí, nosotros los jóvenes que hemos sido bombardeados con millones de mensajes publicitarios y discursos multi-mediáticos ―protagonizando así una especie de bestiario hiper-pop. Nosotros, una compleja tribu que en muchos casos optó, con torpe pero genuina insolencia, por explorar los territorios más allá de los límites heredados ―recurrentemente ‘ayudados’ por sustancias psicoactivas. Nosotros, los que tenemos el honor (o la probable condena a una emotiva simulación) de encarnar lo que algunos consideran como “un despertar masivo de la conciencia” ―proceso que involucra, entre muchas otras cosas, una virtual familiarización con el misticismo oriental, por ejemplo, el budismo.  

En segundo lugar creo que “Buda, Drogas y Pop” sirve como metáfora para ilustrar un largo trayecto que Occidente ha tenido que enfrentar, desde el dualismo cartesiano, el materialismo y la dialéctica hegeliana, hasta la relativización cuántica de nuestro universo, el nacimiento formal de la realidad virtual y la terapéutica aceptación del caos como un principio rector. O, en palabras del autor: “No, qué va, he sido un ingenuo; no entiendo a Belinda y es más, no entiendo un carajo". A lo largo de los cinco ensayos que comprenden el libro, se puede percibir a un Yo, tratando de hackear ese loop legado por siglos de racionalismo ―pero ahora equipado con herramientas de misticismo razonado e irreverencia pisconaútica.

A continuación una breve probada de lo que Fausto, amigo y colaborador de Pijama Surf, tiene para ti en esta nueva obra:

“La ya remasterizada Muerte de Dios anunciada por Nietzche, derivó, sin querer queriendo, en un falso ateísmo. El Yo terminó por ocupar el sitio antaño relegado a la deidad. Se tornó, digamos, en el eje de la experiencia humana, el foco de atención. Más solo si dejamos de tener la cabeza tan metida en nuestro propio culo (girando sobre el eje de una narración compulsiva, que en su intento por sostener y perpetuar un Yo), es posible una relación más directa con el entorno.”  

En fin, para terminar esta reseña me gustaría exponer una serie de preguntas cuyo florecimiento debo a la lectura de “Buda, Drogas y Pop”: ¿Sabías que el próximo 7-Eleven que visites podría transformarse en un santuario de reflexión auto-referencial? ¿Sabías que Belinda, una celebridad adolescente, sabe quién es, y se quiere? ¿Sabías que, tal vez, el creer que sabes te hace cada vez más ignorante? ¿Sabías que quizá las anteriores interrogantes son esencialmente irrelevantes, y todas sus virtuales respuestas probablemente ciertas? ¿Sabías qué tal vez estamos diseñados para no saber? Respira, observa, y tomate la molestia de no responder (mejor lee el libro). 

Otras obras de Alzati Fernández: Inmanencia Viral y Poemas Perrones pa'la Raza

 Twitter del autor: @paradoxeparadis 

 

Tus hábitos oníricos podrían estar afectando inconscientemente tu vida sexual

Por: pijamasurf - 05/14/2013

Los sueños determinan nuestra vida de vigilia más de lo que somos capaces de recordar. Llevar un diario de sueños permitió a los psicólogos relacionar el material onírico con nuestro comportamiento de vigilia. Las relaciones son fascinantes.

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Nuestros sueños podrían no ser reales, pero los efectos que tienen sobre nuestra vida en la vigilia están lejos de ser entendidos por la ciencia médica. Un estudio del psicólogo Dylan Selterman y colegas ha descubierto que nuestros sueños pueden influir en cómo nos comportamos con nuestra pareja al día siguiente, lo que explicaría el brote de muchas peleas tontas o situaciones aleatorias en la vida en común.

Si durante la noche soñamos que nuestra pareja nos es infiel, experimentamos celos como resultado de los estímulos sensoriales del sueño, lo cual llegará de manera inconsciente a nuestra percepción de la pareja durante la mañana siguiente, afectando ulteriormente la relación. El estudio va tan lejos como para sugerir que este material onírico puede ser indicador de futuros comportamientos en nuestra relación.

En el estudio se revisaron los sueños y hábitos de vigilia de 61 participantes entre 17 t 42 años, los cuáles están en una relación sentimental desde al menos seis meses. Durante dos semanas cada uno debe escribir sus sueños y las interacciones con sus parejas. El análisis de los reportes indicó que los sueños tenían una relación muy cercana con el comportamiento de vigilia: los sueños de celos detonaban conflictos, al igual que los sueños de infidelidad, que terminaban en una percepción de menor intimidad y amor dentro de la pareja.

Selterman indica que estos comportamientos aparecen a pesar del tipo de relación, de la salud de la misma y de cualquier cosa que hubiera podido ocurrirle a la pareja el día anterior. Pero con la misma lógica, los sueños sexuales pueden potenciar instantáneamente la intimidad de la relación, pero solamente en las parejas que afirmaron estar en una relación "altamente comprometida". Las parejas en relaciones saludables también reportaron menos efectos negativos sobre los sueños de celos.

Para los investigadores no se trata sino de un condicionamiento muy básico, un efecto psicológico producido por estar expuesto a un estímulo que determina nuestra respuesta a estímulos posteriores. Y es que a pesar de que las imágenes y percepciones oníricas sean "irreales", para nuestro inconsciente la diferencia entre las imágenes oníricas y las de vigilia es inexistente; la frontera entre sueño y "realidad" es convencional, y nosotros nos levantamos de buen humor o queriendo devorar al mundo condicionados por sueños que mayormente olvidamos, y a los que tal vez deberíamos prestar mayor atención.

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