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Bar en Nueva York premiará al pene más pequeño de Brooklyn

Por: pijamasurf - 05/20/2013

Para hacer ver que ahí donde algo es considerado un defecto en otro sitio esto mismo puede ser una virtud, bar en Brooklyn premiará al pene más pequeño de la zona.

davidEs probable que aquello que desde cierta perspectiva puede considerarse un defecto sea, en otra, una virtud. Es posible que, siguiendo la idea de los mundos paralelos, eso que para algunos sea una deficiencia en otros casos pase por una cualidad digna de elogio y celebración.

Este es un poco el caso de un pene de dimensiones reducidas. Como sabemos, en sociedades patriarcales o francamente machistas, el tamaño del miembro viril es la medida con la cual se juzga la valía de un hombre, de ahí la preocupación a veces rayana en lo ridículo por el tamaño del “aparato”.

Pero, después de todo, puede ser que un pene pequeño sea también objeto de premiación, al menos en Brooklyn, donde el King's County Bar organiza un concurso para reconocer el miembro más disminuido de la zona, el cual se llevará a cabo el próximo 20 de julio.

Quienes deseen participar solo deben cumplir con estos pocos requisitos: tener más de 21 años de edad, presentarse en el bar el día del dictamen y sentirse cómodos mientras se les baña con el agua de una manguera vistiendo nada más que ropa interior ajustada. Y, claro, un pene pequeño, al menos si se desea salir triunfante del concurso, cuyo primer premio será una corona, el título de “El Pene Más Pequeño de Brooklyn 2013” y una cantidad de dólares en efectivo que, si así lo desea el ganador, podrá ser donada a la caridad.

Los penes serán juzgados por un “panel experto en miembros pequeños”.

[Huffington Post]

Hotel Chevalier, uno de los cortos más emotivos de Wes Anderson, completo y subtitulado (VIDEO)

Por: pijamasurf - 05/20/2013

Hotel Chevalier es uno de los cortometrajes más emblemáticos en la filmografía de Wes Anderson, una suerte de síntesis de su tan característico estilo como director, esa oscilación inquientante y en cierto modo instantánea entre la tragedia absoluta y la comedia más absurda, sin el tiempo de transición necesario que nos permita entender una u otra (¿aunque no es así la vida misma?). Una sola habitación de hotel en París se vuelve así la metáfora del mundo, el punto de encuentro entre el mundo interior y las demandas del mundo exterior.

A propósito de dicho estilo, recientemente el escritor Rodrigo Fresán recuperó una anécdota que involucra a Anderson y a Pauline Kael, "la mítica crítica de cine de The New Yorker":

Cuenta [Anderson] que pasó a buscar a Pauline Kael a su casa, que la llevó hasta una sala de Manhattan, que vieron la película [Rushmore, 1998] a solas y que, cuando se encendieron las luces y volvieron en silencio al auto, él temblaba porque “había pasado muchos años soñando con este momento, había recorrido grandes distancias… Y Kael dijo lo que me sonó como la última palabra sobre todo el asunto: ‘Verdaderamnte no sé qué pensar de esta película’. Y parecía que ésa era la conclusión definitiva a la que ella había llegado; al menos así de enfático me sonó a mí.

Recomendamos: El universo excéntrico de Wes Anderson ya tiene su propio alfabeto