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Así serían nuestros paisajes si la Tierra tuviera anillos como los de Saturno (IMÁGENES)

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/21/2013

Una de las maravillas del Sistema Solar son los anillos de Saturno, el planeta que justamente se caracteriza por mantener en sus alrededores un vistoso cinturón de material espacial que, visto a la distancia, se observa como un ornamento cósmico invaluable, un distintivo que lo destaca por encima de otros cuerpos celestes.

En un ejercicio de imaginación que nos hace imaginar cómo se ve ese anillo desde el planeta que lo posee, Ron Miller, en el sitio io9, nos ofrece una serie de imágenes en los que superpone dicha formación a la Tierra.

En nuestro caso, como bien sabemos, es posible que nuestro planeta sea uno de los menos afortunados en ese sentido. Otros tienen decenas de lunas, anillos, ciclos de rotación sorprendentes y otras cualidades que en poco o nada se asemejan a las de nuestro planeta, lo cual sin duda nos hace preguntarnos cómo sería si al alzar la vista en la noche nos encontráramos no con una sola Luna, sino, quizá, con 3 o 4, cómo sería si nuestros días duraran 10 horas terrestres como en Júpiter o 58 de nuestros días como en Mercurio.

Los dibujos de Miller, en este sentido, son un estimulante ejercicio creativo que viene acompañado, además, de una interesante explicación sobre el anillo de Saturno y la posibilidad de que la Tierra tuviera uno similar. De hecho, como escribe el autor, nuestro planeta alguna vez tuvo uno, como parte de la formación de la Luna. Cuando el planeta Thea impactó con la Tierra, el material resultante de la colisión estuvo orbitando en torno a esta última, hasta que eventualmente se convirtió en nuestro único satélite natural.

En el fenómeno estuvo implicado algo que se conoce como el límite de Roche, en honor del matemático francés Edouard Roche, quien en 1848 calculó que si un satélite natural sobrepasa determinada distancia de rotación con respecto al planeta orbitado, entonces este lo puede expulsar, en razón de la fuerza gravitacional implicada, esto porque la fuerza de atracción no es la misma siempre: es más intensa sobre el lado de la luna más cercano al planeta, y viceversa. En el caso de Saturno, el anillo se mantiene porque el material cósmico orbita justo en el límite de Roche.

Existen otras teorías al respecto, las cuales también explican por qué la Tierra no tiene un anillo o, dicho de otro modo, por qué pudo haberlo tenido.

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[io9]

Este podría ser el rostro del ser humano dentro de 100 mil años

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/21/2013

La evolución no es tal sin adaptación, o al menos esa fue la gran premisa revolucionaria con que Darwin sorprendió al mundo. Conocida es la historia de los pinzones que el científico estudió en las Islas Galápagos, los cuales, a pesar de aparentemente pertenecer a la misma especie, presentaban diferencias significativas en la forma de su pico, resultado de la necesidad de adaptación expresada en los distintos hábitos alimenticios de cada ejemplar.

Esto se cumple en todas las especies, según la teoría de la selección natural, y el ser humano no ha sido la excepción. Nuestros ancestros tenían un cráneo de menores dimensiones y un rostro más ancho y fueron los cambios en el clima, hace entre 800 mil y 200 mil años, el factor que provocó el cambio en ambas cualidades: ahora nuestro cráneo es mayor y nuestra cara un tanto más angulada. Este pequeño ejemplo nos hace preguntarnos cómo será nuestro aspecto físico cuando los siglos pasen y, digamos, se cuenten 100 mil años de este momento al futuro.

Dicha pregunta también se la planteó el investigador y artista Nickolay Lamm, quien en colaboración con Alan Kwan, genetista computacional, quiso responder cómo será el rostro del ser humano dentro de 20 mil, 60 mil y 100 mil años.

Como se ve, Lamm aventura que la transformación más notable ocurrirá en los ojos. Dentro de 100 mil años los ojos del ser humano estarán completamente volcados a la tecnología visual que, incipiente, ya existe en nuestra época. Este, claro, no fue el único factor de cambio tomado en cuenta. Los investigadores también consideraron las condiciones climáticas y ambientales en general, aunque sin duda los implementos tecnológicos que forman parte de nuestra vida cotidiana, según algunos imprescindibles, serán decisivos en la evolución futura de nuestra especie.

De acuerdo con Kwan, la frente del ser humano también ganará en tamaño, siguiendo la tendencia observada ya al comparar cráneos actuales con los de personas de los siglos XIV y XVI: facciones menores pero frentes más amplias que dan cabida a un cerebro de dimensiones mayores. Explica el genetista:

Este rostro humano estará fuertemente inclinado hacia las características que se consideran fundamentalmente atractivas: líneas fuertes y majestuosas, nariz recta, ojos intensos y la situación de los rasgos faciales conforme a la proporción áurea de simetría izquierda/derecha perfecta.

Según Kwan, dentro de 60 mil años el ser humano será capaz de manipular su genoma y elegir las características físicas de, por ejemplo, el rostro de un individuo. Si esto se cumple, lo más probable que el aspecto de las personas se ajusten a cierta normalización del gusto dominante.

En cuanto a otras características, en este ejercicio nuestras fosas nasales serán más amplias y el cabello mucho más denso, esto último para retener con mayor eficacia el calor despedido por una cráneo de mayor superficie. Además, la piel será mucho más oscura, más pigmentada, por efecto de los rayos ultravioleta que llegan a la Tierra.

Cabe hacer notar que la proyección de Lamm y Kwan ha sido objetada, señalando sus deficiencias metodológicas y científicas y reclamando que no se haya insistido lo suficiente en que se trata de un trabajo más bien lúdico. A este respecto George Dvorsky, de io9, escribe:

[…] en vista del paso acelerado del cambio tecnológico, no sabemos cómo será el aspecto de la especie humana en mil años, mucho menos en 100 mil. Ahora que hemos comenzado a retirarnos nosotros mismos de los procesos darwinianos lentamente agonizantes —reemplazándolos con intervenciones tecnológicas —, las escalas evolutivas ya no tienen ninguna relevancia. En los próximos siglos podremos rehacer completamente la forma humana, sea a través de la genética o de la cyborgización. También está la posibilidad de las actualizaciones [uploads] y la potencial presencia remota (por ejemplo, controlando avatares, como robots, externamente).

En cualquier caso, ee trata, sin duda, de un ejercicio de imaginación científica que si bien nos hace soñar sobre el futuro de nuestra especie, al mismo tiempo nos plantea preguntas importantes sobre nuestro presente y nuestro modo de vida actual.

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