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Posiciones del Kama Sutra convertidas en tipografía: el alfabeto erótico de Malika Favre

Arte

Por: pijamasurf - 04/19/2013

El Kama Sutra tiene fama de ser uno de los compendios más antiguos y más completos sobre sabiduría sexual. Contrario a lo que Michel Foucault denunciara sobre esta pretensión moderna de reducir la sexualidad a una técnica, el Kama Sutra se nutre y vuelve a una fuente mucho más profunda, aquella que entiende el sexo como la comunión entre el cuerpo y el espíritu o, mejor dicho, de los cuerpos y los espíritus, pues se trata siempre de las posibilidades de virtud y gracia compartidas que se pueden alcanzar por medio de una relación sexual.

Remoto como es el Kama Sutra, siempre ha habido formas de renovarlo, particularmente en décadas recientes en que Occidente se reencontró con este manual hindú (salvo la traducción de 1883 de Sir Richard Burton, el admirado Burton de Borges, al menos en lengua inglesa no hubo otra versión sino hasta 1980).

En este ejercicio de re-creación, la ilustradora francesa Malika Favre ha dado a conocer una singular tipografía hecha nada menos que con algunas de las posiciones que recomienda el Kama Sutra, un alfabeto erótico en el que los nombres que tanto caracterizan a los juegos del cuerpo prescritos en el libro.

Sobre esto último, por cierto, cabe mencionar que la correspondencia entre letra y título obedece al nombre la posición en inglés; al pasar en español algunas de estas se conservan, otras son menos afortunadas, pero en cualquier caso compartimos el título original para que la elección de la ilustradora quede clara.

Al final este ejercicio, que podría considerarse una suerte de traducción o adaptación, podría llevarnos a preguntar por las palabras, las frases o las páginas enteras que escribiremos con estas letras.

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[Huffington Post]

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Arte

Por: pijamasurf - 04/19/2013

En su conferencia sobre la cábala, Borges comienza manifestando su asombro ante el hecho de que un libro pueda considerarse sagrado, recipiente de una sabiduría que obedece a una suerte de plan secreto, ulterior, fraguado más allá de los círculos de este mundo: el libro como un objeto que trasciende dicha naturaleza porque posee un orden en el que nada está dejado al capricho del azar sino, por el contrario, todos los signos tienen algún significado, en sí mismos y conjuntamente, en sus partes y en el todo.

¿Pero esto es exclusivo de los libros sagrados? Según Borges, sí. Según Borges nadie en su sano juicio realizaría una lectura cabalística de, por ejemplo, el Quijote. En contraste, sabemos que un método de adivinación practicado todavía ahora es la bibliomancia, el futuro que se revela en el pasaje aleatorio que se nos ofrece cuando abrimos un libro en una página que, en este contexto, estaba destinada a ser justo esa.

¿Y qué decir del puntillismo, el celo, que muchos escritores aplican en su obra. “Toda la mañana estuve trabajando en uno de mis poemas y quité una coma; en la tarde volví a ponérsela”, escribió Oscar Wilde, mostrando cómo, a fin de cuentas, la combinatoria presente en un libro ―las letras, las palabras, los signos ortográficos, los espacios en blanco― posee un grado notable de intencionalidad que algo la acerca a esa noción de libro sagrado expuesta por Borges.

En un ejercicio lúdico relacionado con esta voluntad de encontrar sentido dentro de lo que desde la superficie parece contingente, el diseñador Jaz Parkinson ideó la serie Colour Signatures, en la cual la portada de un libro refleja el número de veces que en el relato se menciona algún color. Explica Parkinson:

Estas son mis firmas de color, una colección en curso que, básicamente, está hecha de las gráficas de todo el contenido vidual en los libros. Por ejemplo: cuando se dice “camino de losas amarrillas”, “amarillo” obtiene un punto, o si en La carretera se dice “la ceniza oscura lo cubría todo” (no una cita real), esa imagen evoca instantáneamente el gris oscuro, así que gris oscuro se lleva un punto. Entonces estos se trazan y se ordenan en un espectro, así que el resultado es una sopresa hasta que se completa. ¡La carretera me impresionó! Mucho del color es fuego, y cuando ellos encuentran por fin algo de comida, el libro describe “brillantes duraznos jugosos”, lo cual es sumamente visual luego de páginas y páginas de gris

Sin duda un ejercicio interesante que ofrece una perspectiva distinta de un libro y, más que de este, de un relato, de la visualidad de la literatura, las improntas mentales que al leer nos hacen ver lo que, en cierto sentido, no está ahí y aun así se hace presente.

[io9]